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Viernes 01 de diciembre de 2017

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Cáncer de piel: "Hay que revisarse de cabeza a pies cada año"

Paz Berri es periodista especializada en temas de belleza y salud. Gracias a la insistencia de su hijo y su marido, consultó sobre un lunar que resultó cancerígeno. Aquí relata su experiencia en primera persona.

Por María Paz Berri  | 

 
 

En marzo de este año me sacaron un melanoma maligno, cáncer de piel. Y por unos meses mi vida quedó en pausa.

Todo empezó con un simple lunar que tenía en el antebrazo derecho desde hacía varios años. Pero con el tiempo, había cambiado de color, los bordes se fueron tornado irregulares y me picaba. Lo hice ver unos meses antes gracias a la insistencia de mi marido, y a mi hijo Bautista que me lo tocaba cada vez que lo prendía a la teta o lo hacía dormir. Él me lo marcó. Por eso siempre digo que “mis hombres me salvaron”.

En ese momento me recomendaron sacarlo y cuando a los 15 días tuve los resultados y la confirmación de que era un melanoma (uno de los cánceres más agresivos), comenzaron las consultas en dermatología oncológica, los miedos, las dudas y la vida (mi vida) entró en otra dimensión.

 

Me explicaron que debían volver a operarme, reabrir la zona para “ampliar márgenes” y asegurarnos de que no hubieran quedado células cancerígenas, y extirpar algunos ganglios de la axila derecha para saber si el tumor ya había hecho metástasis (porque en mi caso, había infiltración).

Hay dos datos que quiero sumar: por un lado, que los melanomas tienen una gran capacidad para diseminarse, y que si hacen metástasis pueden ser fatales. Por el otro, que si bien la principal causa es la exposición al sol, también hay factores genéticos implicados.

El alma me volvió al cuerpo cuando a los días supe que los ganglios no estaban tomados y la zona del melanoma, “limpia”. De a poco sentí que volvía a ser yo. En realidad, debo confesar que nunca más volví a ser la misma. Porque estas cosas te cambian la mirada, te dan vuelta “prioridades”, y así, en carne viva, te vuelven al eje. No tengo dudas de que algo nos enseñan, que un mensaje nos dejan, y que son la oportunidad para desatar nudos y desandar caminos.

Hoy me restan controles de por vida. En principio cada tres meses por tres años, y después se irán espaciando. Pero eso no es algo que me moleste. Tampoco mis cicatrices (suman casi 40 puntos en mi brazo derecho): son el "tatuaje" que me recuerda que el amor sana. Porque si de algo me llené esos días, fue de amor: de mi marido, mis hijos, mi mamá, mis hermanos, mi familia, mis suegros, mis amigos, mis compañeras-amigas de trabajo, mis vecinos, mis conocidos. Todos me salvaron, física y emocionalmente.

Fueron tiempos difíciles, llenos de emociones encontradas y de pensamientos que no podía soltar. Por un momento dudé acerca de si contar o no todo esto. Pero creo que desde mi lugar de periodista de belleza y bienestar, más allá de hacer una nota sobre los cuidados del sol y los últimos protectores solares, mi pequeño aporte vale para ayudar a tomar conciencia acerca de la importancia de los chequeos anuales de piel: busquen un dermatólogo, hay que revisarse de cabeza a pies cada año. Porque una vez más es el diagnóstico a tiempo el que hace la diferencia.

¿QUÉ ES UN MELANOMA?

El melanoma es uno de los cánceres más agresivos. Se caracteriza por el crecimiento descontrolado de las células que producen los pigmentos y suele originarse en la piel (ya sea sobre un lunar preexistente o sobre piel previamente sana).

Según datos globales, la incidencia del melanoma se encuentra en aumento. Se diagnostican por año más de 1400 nuevos casos, y se calcula que anualmente fallecen 574 personas a causa del melanoma.

Es por eso que la detección temprana de esta enfermedad es clave, ya que cuando el melanoma es diagnosticado en etapas iniciales es probable curar al paciente mediante una intervención quirúrgica. En cambio, cuando el diagnóstico se realiza en forma tardía (por ejemplo cuando se extendió a otros órganos) el pronóstico es reservado.

 

Para evaluar los lunares y manchas de piel, es muy útil tener en cuenta la regla del ABCDE:

Asimetría: los lunares malignos son asimétricos.

Bordes: los lunares malignos tienen bordes irregulares.

Color: los lunares malignos poseen varios tonos de marrón o negro.

Diámetro: en los lunares malignos el diámetro es de 6 mm o más.

Evolución: los lunares malignos van cambiando de color y tamaño. También pueden presentar sangrado o picazón.

Asesoró Dra. Gabriela Cinat, Médica Oncóloga del Instituto de Oncología Ángel Roffo..

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