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Martes 22 de agosto de 2017

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Adicción al sexo: ¿qué es y cómo tratarla?

Las personas que sufren hipersexualidad no controlan sus impulsos y toda su vida se altera por esta obsesión, que solo se cura con tratamiento médico y psicológico.

Por Alessandra Rampolla  |   Ver perfil   |  Universo Alessandra

 
 

Cuántas veces hemos escuchado que alguien dice “mi pareja es un adicta al sexo” o “si fuera por mi novio, estaríamos todo el día teniendo sexo?”. Permítanme decirles que hay mucha diferencia entre esos casos y un verdadero adicto al sexo que ve su vida completamente dirigida por la compulsión.

La emoción que produce la caza de una nueva conquista, el juego de seducción que implica y ese shot de adrenalina que recorre todo el cuerpo cuando se toma un riesgo, son principalmente los estímulos que motivan a un adicto al sexo y que disparan ese comportamiento que se convierte en una obsesión.

 

Esta afección, que también es conocida como hipersexualidad, consiste en un deseo extremo, imposible de controlar, que altera la vida de quien la padece. Es como si fuera una bomba de tiempo que inevitablemente, más tarde o más temprano, va a estallar.

Aún conociendo los riesgos que corre y todo lo que pueden desencadenar sus actos, es muy común que un adicto al sexo mantenga su actitud. Sucede que se encuentra dominado por sus impulsos y no importa si sus transgresiones lo llevan a perder su estabilidad emocional y/o económica. Incluso es capaz de arriesgar hasta su relación de pareja porque esas transgresiones también incluyen engaños y traiciones.

Las señales

Entonces, la pregunta es: ¿cómo sabemos que estamos frente a un adicto al sexo? La realidad es que el diagnóstico resulta bastante difícil porque no muestra síntomas visibles y además porque requiere determinar cuándo un apetito sexual saludable deja de serlo y se convierte en uno excesivo. Sin embargo, existen algunas características que nos pueden ayudar a construir el perfil de un adicto sexual y a distinguirlo:

  • No tiene en cuenta las consecuencias de su comportamiento. Cuando un adicto al sexo está en busca de una aventura no le importa nada: ni su pareja, ni su trabajo, ni la familia, ni sus finanzas, ni su salud sexual.
  • Los impulsos sexuales lo dominan. Es un problema de control y no de frecuencia; su vida está dominada por el sexo.
  • Consume mucha pornografía en cualquier momento y en cualquier lugar para alimentar su libido.

 

  • La masturbación es una de sus conductas más repetidas y poco importa si está en el trabajo, por ejemplo. Cuando el deseo irrumpe hay que satisfacerlo.
  • Sus motores son la caza y la seducción. El placer deriva de toda la estrategia previa que desarrolla para acercarse y finalmente conquistar su objetivo. Raramente tienen la necesidad de alcanzar el orgasmo en sus relaciones sexuales.
  • Culpa y depresión. Perder el control de uno mismo y sentir que será imposible recuperarlo les genera mucha angustia.
  • Aunque se desconocen las causas de esta enfermedad, generalmente quienes la padecen provienen de hogares disfuncionales. Es bastante frecuente que en su familia de origen alguno de sus integrantes padezca algún tipo de adicción. También es común que hayan sido criados en un ambiente donde la sexualidad era tabú.
  • El gran problema es la compulsión. Por eso es bastante frecuente que tengan otras adicciones, problemas con el alcohol o con las drogas.

El tratamiento

¿Se cura? Claro que sí, con psicoterapia. El tratamiento busca que el adicto cambie la actitud hacia el sexo y deje de ser compulsiva para transformarse en una más saludable. Se lo ayuda a manejar sus emociones, sus relaciones interpersonales e incluso se lo expone a ciertas circunstancias que pueden disparar su deseo para que aprenda a controlarlo.

La primera etapa del tratamiento suele incluir un período de abstinencia y luego, paulatinamente, se va reincorporando la actividad sexual. Obviamente, cada paciente es un mundo y se deberán evaluar su personalidad, sus recursos, si intentó previamente tratar su problema, su historia personal, entre tantos otros factores para determinar el abordaje más adecuado. Sin embargo, en todos los casos, con compromiso y un trabajo profundo es posible recuperarse. Las segundas oportunidades existen, solo hay que buscarlas y saber ganárselas..

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