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Lunes 24 de abril de 2017

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Amor animal: ¿qué tipo de dueño sos?

¿Sos de las que pasean al perro vestido, que lo trata como si fuera un hijo o simplemente que lo quiere como guardián? En el día del animal, una guía para que te reconozcas

Por Maju Lozano  |   Ver perfil

 
 

 
Foto: Pixabay

Ya hace algunos años que los animales tomaron un protagonismo, para mi gusto, un poco exagerado. No voy a hablar de las mascotas porque sería meterme en un tema en el que no puedo decir ni guau, pero sí ver qué pasa o mejor dicho qué les pasa a sus dueños.

* El práctico: es aquel que solo trata al perro como tal, lo tiene afuera como guardián para que ladre si ve algo raro; cuchita en el patio, alimentos normal, tacho con agua y si le pinta la piedad lo entra cuando llueve. No le importa si es de raza, lo único que quiere es que ladre fuerte.

* El padre o madre: trata al perro como a un hijo y te habla de él como uno más de la familia, incluso te puede tener horas mostrándote sus fotos y te interna contándote cosas de sus avances: “No sabés, Boby cuando tiene hambre me trae su platito y me mira fijo, cuando está triste se tira a mis pies y cuando le hago algo que no le gusta se enoja y me rompe las zapatillas, jaja, es un loquito”, comenta orgulloso.

* El parlanchín: le habla al perro de manera constante y suele ponerle nombre de persona: Matías, Juan Carlos, Roberto. Todo lo charla con él. “Juan Carlos, mamá se va a trabajar y para que no te sientas solo te deja prendida la tele”; “Juan Carlos, ahora vinieron visitas así que portate bien por favor”; “A ver Juan Carlos, venga a saludar a mamá que se va de paseo; vamos, acompañame hasta la puerta y no me extrañes”. Yo creo que el pobre perro lo único que desea es que su dueño se vaya para tener un poco de paz.

* El cool: por lo general le pone el nombre de algún ídolo de la música, filósofos o escritores, tipo Sócrates, Sábato, Stone, Mick Jagger, Lennon o Troilo. Sí, no exagero, conozco a un Aníbal Troilo, y lo llaman con nombre completo: Aníbal Troilo. Dios, qué vida difícil le tocó. Lo imagino en la calle portándose como un rey solo para que no le griten delante de otros perros “¡Aníbal Troilo, vení para acá!”.

* El fanático: sus masotas son todo para él. Suele tener perros pequeños para usarlos de accesorio, gastan fortunas y tienen de todo: el platito con su nombre, la ropa de invierno, la de verano, la correa con strass, su placa personalizada. No te deja ni tocarlos casi y los esconde si vas con niños. Tengo una amiga que el otro día me dijo: “Agarrá a Joaquín porque lo puede lastimar, no le gustan los niños”. Dios, ¿cómo sabe que no le gustan? ¿Acaso charlan? Y eso no es todo. Los lleva a un veterinario pero no a uno común de barrio sino a un homeópata (¡me vuelvo loca!). Cuando llueve, le ponen pilotitos y hasta vi algunos con zapatillas. Y ahí van los perros mordiéndose las patas y a las patinadas por la vida.

* El poderoso: tiene perros enormes y le encanta pavonearse. Lleva un rottweiler, un dogo o un grandanés como si fueran pequineses. Te lo acerca sin decir “agua va” y vos de repente lo tenés ahí encima con esa carota enorme, pensando que en cualquier momento te devora una gamba.

Seguramente me estaré olvidando de alguno. Pero, me pregunto, ¿cuál es el límite? Perros que tienen su propio sillón dentro de la casa y ni se te ocurra ocupárselo; mascotas que van al homeópata, que usan camperitas de cuero, ortodoncia, están teñidas de colores, que tienen pánico de pisar el suelo; perros en los que invierten fortunas en analistas y que salen a cenar al restó más top porque ahora la onda es ser pet friendly. No lo sé, no tengo perro y lejos estoy de poder entender todas estas cosas. Pero recuerdo que mi tía adorada me dijo una vez que ella cuidaba más que a nadie a su perro porque era el único que se ponía contento cuando llegaba a la casa.

Creo que voy a llorar... O mejor me voy a comprar un perro. ¡¡Guauuuuuuuuu!!.

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