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Lunes 17 de abril de 2017

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Tanzania: paraíso salvaje

Parques nacionales donde suceden fenómenos únicos en el mundo; lagos, montes y cráteres descomunales; y playas de ensueño definen a Tanzania, uno de los países más eclécticos de África

Por Guadalupe Rodríguez

 
 

 
El monte Kilimanjaro, “techo de áfrica”. 

Muchas son las aventuras que se pueden vivir en este país ubicado en la costa este de África Central, que da al Índico, y que tiene impresionantes hitos naturales. Quizás los dos puntos más conocidos de Tanzania son el Parque Nacional Serengeti, donde se lleva a cabo cada año la gran migración de herbívoros; y Zanzíbar, una región semiautónoma formada por islas paradisíacas, lugar donde nació Freddie Mercury.

El Serengeti es el más antiguo, grande y popular de los parques nacionales de Tanzania, y un destino en sí mismo, donde el concepto de “safari” es marca registrada. Hogar de los animales más fascinantes, aquí se da un fenómeno natural único en el mundo que va de mayo a septiembre e involucra a un millón y medio de ñus, cebras y gacelas que se reúnen para iniciar un largo recorrido desde las planicies de Tanzania hasta la Reserva Nacional Masái Mara en el norte de Kenia, cruzando el río Grumeti. Para muchos, el evento se podría considerar como una de las siete maravillas naturales del mundo y presenciarlo es un recuerdo impresionante.

La mejor manera de conocer este parque es desde el aire, en avioneta o globo aerostático. No son muchas las agencias que hacen estos recorridos, por eso conviene reservar con tiempo (el vuelo de una hora sale US$500 aprox.). Los vuelos suelen comenzar al amanecer cuando el cielo se tiñe de naranjas y rojos, y permite ver desde una perspectiva diferente, jirafas, elefantes, rinocerontes, búfalos, leones, hipopótamos, y también los inmensos baobabs. Desde arriba, se comprende un poco más la escala y el tamaño del paisaje de Serengeti, ese lugar en la Tierra donde el hombre no reina sino que está a disposición de la naturaleza. Otra opción es recorrer el parque a pie con guías masái, el pueblo guerrero y pastor que habita la zona, y dormir en los montes africanos tan solo bajo una red para mosquitos.

En pleno Índico, el archipiélago de Zanzíbar es único e imperdible. Hasta 1963 era miembro de las Naciones Unidas hasta que se unió con Tanganica para crear Tanzania. La mayoría de los viajes incluyen después de los safaris unos días de descanso en sus playas, de las más lindas del mundo. Desde áreas aisladas para tomar sol, hasta espacios donde la imagen recurrente es la del pescador revolviendo el agua turquesa con su red, este paraíso también es un enclave ideal para hacer kitesuf, snorkell o bucear. Las playas del norte son las mejores, porque son más tranquilas y se combinan con visitas a diferentes aldeas. Los grandes hoteles están al sur, una zona de manglares y acantilados de coral, donde los atardeceres son perfectos.

 
Un viaje en globo al atardecer.. 

Como si esto fuera poco, la historia quiso que Zanzíbar fuera el punto donde se cruzaran diversas culturas, donde desembarcaran esclavos y donde florecieran los intercambios comerciales de todo el este de África. Las influencias africanas, hindúes y árabes se encuentran cara a cara en la arquitectura de las casas, las mezquitas, los bazares, los patios y las plazas. Stone Town es la ciudad de referencia, también llamada la ciudad de piedra, famosa por la belleza de las puertas de las casas, labradas a mano. El centro histórico es un paraíso aparte y perderse por sus calles es muy fácil. El palacio del sultán, los baños turcos, el fuerte portugués son solo algunos de los lugares para conocer. Pero el atractivo de esta isla no es solo visual: también es famosa por sus especias aromáticas. Por eso, hacer un tour por las plantaciones de vainilla, canela, nuez moscada y clavo de olor es una excelente opción.

Otro sitio imperdible, también en el Índico, es la isla de Mafia que forma parte del archipiélago de Zanzíbar y se encuentra a 320 km de la desembocadura del río Rufiji, al sur. Desde 1995 fue declarada Parque Marino por su mosaico de arrecifes, peces de colores, manglares, lagunas y su diversidad silvestre que abarca desde tortugas verdes y de carey, hasta tiburones, manta rayas y muchísimas aves. También se pueden visitar los restos de una mezquita del siglo XV y vestigios de una colonia alemana. Su capital, Kilindoni, es pequeña y pintoresca con un colorido mercado.

Muy cerca de Mafia está la Reserva Selous Game, por eso se suele combinar en un mismo viaje estos dos destinos. La reserva es una de las más extensas del mundo con más de 800.000 grandes mamíferos. Es una excursión bastante exclusiva, quizá el mejor sitio de Tanzania para hacer un safari fotográfico por lo fascinante de sus paisajes, en especial los que rodean al río Rufiji, el más largo del país. Por su distancia de la capital Dodoma se suele llegar en avioneta y es mejor pasar al menos tres noches allí.

Otras maravillas

En el norte del país se suceden increíbles puntos naturales, como el Cráter de Ngorongoro, cerca de Serengeti, conocido como el “Edén perdido” y considerado por muchos una de las maravillas del mundo. Este volcán fuera de actividad hace dos millones de años es el mayor cráter intacto del mundo y en su interior hay lagunas, salinas, bosques de acacias y muchísimos animales. Se originó cuando el volcán entró en erupción y la lava cayó por uno de sus costados dejándolo yermo; y al otro, en cambio, lleno de vegetación. Así se formó este “agujero” de 1800 m de altura y 20 km de diámetro, donde habitan los 5 grandes o big five (rinoceronte, león, elefante, búfalo y leopardo), llamados así porque antiguamente eran los más difíciles de cazar. Para llegar, se parte de la ciudad de Arusha y hay que realizar un ascenso considerable. Los safaris se realizan por el interior y la mayoría de los lodges se ubican en los bordes del cráter. Algunos tendrán el privilegio de ver a uno de los pocos rinocerontes negros que existen en el mundo, una especie que ya está declarada en extinción.

 
Jambiani beach en la increíble Zanzíbar. 

También desde Arusha, luego de recorrer por tierra 106 km, se puede visitar un parque nacional no tan famoso como Serengeti y Ngorongoro, pero con un encanto especial, producto de la gran cantidad de elefantes, aves y baobabs, el típico árbol africano en forma de botella al que Antoine de Saint-Excupéry le dedica un capítulo en El principito. En el Parque Nacional Tarangire, hogar de gigantescas pitones (¡pueden pesar hasta 54 kilos!), conviene dormir al menos una noche en las clásicas tiendas de lona, lo que permite recibir con frecuencia la visita de leones y elefantes, y escuchar los sonidos salvajes a toda hora.

También en el norte, hay dos increíbles lagos: el Manyara y el Victoria. El primero es como una pequeña mancha verde en medio de un área dominada por la aridez, dentro de un parque nacional que resulta mágico por sus distintos tipos de hábitats: desde un bosque de higueras, un pantanal y praderas verdes, hasta acacias y partes de maleza baja, donde los monos de cara azul y los babuinos, protagonistas del lugar, viven entre una vegetación extraordinaria. Aquí pasan sus días búfalos, hipopótamos y rinocerontes, además de los grandes depredadores, y 400 especies de aves, entre las que sobresalen los flamencos y las garzas. Quizá en este parque no es tan sencillo divisar a los animales, salvo alrededor del inmenso lago salado y bajo donde van a beber y descansar.

El otro espejo de agua, el lago Victoria, es inmenso y parte de él pertenece a Kenia. Es el lago tropical más grande del mundo y el segundo más grande de agua dulce. Fue descubierto en 1858 por el viajero inglés J. Speke, que le dio el nombre de la reina de Inglaterra. Tiene diferentes islas y una riqueza cultural enorme, que se evidencia en los poblados de pescadores que se suceden a lo largo de sus orillas. Un paseo en barca por sus aguas es ideal para descrubrir las etnias luo y abasuba.

 
Los safaris son marca registrada en Tanzania. 

Tanzania también ostenta otros títulos, como tener el “techo de África”, el famoso Monte Kilimanjaro, una inmensa montaña nevada que tiene dos picos que son volcanes dormidos (no extinguidos). Observar su perfil y sacarse una foto con la frondosa selva tropical subiendo por las laderas ya bien vale el viaje. Si miramos hacia arriba, las nubes a medio camino y las nieves eternas forman una postal ideal. Para los más osados, desde Marangu, ya en el Parque Nacional del Kilimanjaro, se puede comenzar la ascensión de 5 días con un guía. Para los amantes de la alta montaña, estos 5896 m son un desafío soñado.

La segunda cumbre de Tanzania es el Monte Meru, con vistas espectaculares. A un lado, su enorme cráter, el Cono de Cenizas, creado luego de la última erupción; y al otro, el imponente Kilimanjaro. Si bien no tiene tanta fama como su “hermano mayor”, una de las ventajas de conocerlo es que está menos explotado turísticamente. Ubicado en el Parque Nacional Arusha, sus 4566 m son todo un desafío. Por lo general, cuatro días de trekking son suficientes para ascender. Una vez arriba, el premio son las vistas del valle de Rift, los volcanes Kitumbeini y Lengai; y del otro lado, la ciudad de Arusha y la estepa por la que elefantes, leones, cebras y ñus se mueven a sus anchas..

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