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Lunes 20 de marzo de 2017

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Alessandra Rampolla: cómo preparase para la iniciación sexual

Cuando nos iniciamos sexualmente, cuando comenzamos a salir con alguien o cuando decidimos probar una experiencia nueva... Consejos para estar preparadas

Por Alessandra Rampolla  |   Ver perfil   |  Universo Alessandra

 
 

 

A lo largo de la vida vivimos varias “primeras veces” y sea la primera vez que sea, el primer consejo es mantener una comunicación abierta con nuestra pareja antes, durante y después del encuentro sexual, ¡y así poder disfrutarlo plenamente!

* En la adolescencia. La iniciación sexual puede darse a cualquier edad, pero suele suceder en la adolescencia. Y hay varias cositas que las mujeres debemos conocer para estar listas. En primer lugar, nuestro propio cuerpo; ¡sobre todo las partes íntimas! Es superimportante explorarnos y descubrir cuáles son los estímulos que más nos gustan y nuestras respuestas sexuales y reacciones orgásmicas ante esos mismos estímulos. Eso se logra a través de la masturbación. De esa manera, en la relación sexual podremos distinguir entre la fase de excitación y el pico de un orgasmo, por ejemplo, y sabremos qué “botones” nuestro compañero debe apretar para mayor disfrute. En segundo lugar, hay que aprender a manejar la presión social y decir “no” cuando no estemos preparadas y “sí” cuando lo estemos. Cada una es responsable y decide cuándo, cómo, dónde y con quién iniciarse sexualmente. Sin embargo, hay que tener en cuenta que ese compañero quedará inscripto en nuestra historia y, si confiamos en él, la experiencia será mucho más llevadera. En tercer lugar recomiendo aplicar un lubricante artificial para facilitar la penetración porque los nervios habituales de la primera vez inhiben la lubricación vaginal natural. Por lo tanto, la rotura del himen, esa pielcita que recubre parcialmente la parte externa de la vagina y que se rompe en la primera penetración, puede resultar dolorosa. También ayudará si estamos relajadas, contenidas, informadas y seguras. En cuarto y último lugar, siempre hay que usar preservativo. Es el método anticonceptivo básico cuando nos estamos iniciando para evitar embarazos no deseados, así como la barrera que nos protegerá ante enfermedades de transmisión sexual.

* En una cita. Nadie sabe mejor que nosotras cuándo es el momento indicado para tener sexo con ese hombre con el que estamos saliendo. Así sea en la primera, segunda, tercera o décima cita, debe tratarse de un acuerdo entre dos personas adultas con expectativas realistas respecto del encuentro o la relación que están buscando en ese determinado momento. Porque si no están en la misma página, uno de los dos puede salir lastimado. Es el típico caso en el que una parte quiere disfrutar sin compromisos, mientras que la otra quiere una relación a largo plazo. Por eso mismo, ¡claridad!

* En un trío. Es una de las fantasías más populares entre hombres y mujeres, pero cuando la concretamos… “Houston, tenemos un problema”. ¡O varios! Pues, la realidad raras veces iguala a la ficción, y muy pocas la supera. En nuestra cabeza somos las directoras de ese film erótico, pero es muy difícil que suceda tal cual lo imaginamos porque, simplemente, estamos interactuando con otras dos partes que tienen a su vez sus propias fantasías, gustos y deseos. Si bien es cierto que puede abrir una nueva dimensión en la pareja, también puede despertar celos y generar una crisis. Compartir el cuerpo y la energía sexual de nuestro compañero no es fácil. Preguntémonos: ¿cuáles son nuestros límites? ¿Realmente queremos compartirlo con otro/a? ¿Cómo nos sentiríamos teniendo sexo con un tercero/a mientras él nos mira y viceversa? ¿Si queremos parar pero él no? Y respondamos sinceramente.

* Sexo anal. Esta práctica sexual tiene fama de ser dolorosa y eso despierta mucho miedo, pero si la practicamos correctamente no lo es. Más aún, puede ser una fuente inconmensurable de placer. Para disfrutarla hay que: usar un lubricante artificial a base de agua o silicona –los aceitosos interfieren con la integridad del látex del preservativo– para evitar una experiencia dolorosa, porque el ano no produce lubricación propia. Los geles con lidocaína no son una buena idea porque adormecen la zona anal y necesitamos sentir qué es lo que está pasando allí para saber si nos estamos haciendo daño o no. Luego hay que tratar de relajar los esfínteres, que son los músculos al final del tubo digestivo, consciente e inconscientemente. Hay que ordenarles: “Esfínteres, ¡relájense!”. A la vez que necesitamos estar tranquilas y atentas a los tiempos de nuestro cuerpo. Llegado el momento de la penetración debe hacerse paulatinamente; primero con un dedito o un consolador anal. Combinada con la lubricación y la relajación será mucho más fácil. Al comienzo nosotras debemos estar en control de los movimientos, y una vez que los bombeos se den regularmente y nos sintamos a gusto, podemos ceder el mando..

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