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Lunes 13 de marzo de 2017

su belleza

Los trucos de belleza de Mata Hari

Los secretos de belleza de algunas de las mujeres más míticas, poderosas y polémicas de la historia

 
 

Isabel I de Inglaterra: pálida y virginal

 

Conocida como “La Reina Virgen”, Elizabeth I (1533-1603) de la dinastía Tudor nunca se casó ni tuvo hijos y supo imponerse en un mundo de hombres sin renunciar a su magnetismo femenino. Hija de la polémica y revolucionaria Ana Bolena y del sanguinario Enrique VIII, tuvo el mérito de lograr grandes triunfos militares y de gobernar durante la dorada época contemporánea a William Shakespeare. Pero si en algo coinciden los historiadores es en que, más que belleza, lo suyo era un desbordante carisma.

Mantener ese look extrapálido tan apreciado entre la aristocracia era su mayor preocupación estética, ya que la piel tostada era consideraba un rasgo típico de las clases bajas. Para lograr ese color usaba cerusa: una mezcla de plomo blanco y vinagre, y varios otros ingredientes como bosta de caballo. Pero, aunque muy eficaz, esta “máscara de juventud” pudo haber sido, según ciertas investigaciones, el motivo de su fallecimiento a los 69 años. El plomo, aunque por aquella época no se sabía, es muy peligroso y la exposición continúa y en altas dosis resulta mortal.

Cleopatra: dueña del look egipcio

 

Pasaron más de dos mil años desde su muerte y la gran faraona de Egipto sigue en el top ten de las mujeres más fascinantes de la historia. Nadie puede negar que Cleopatra (69 a. C.-30 d. C.) tuvo una personalidad arrasadora.

Las opiniones sobre su belleza varían, pero es evidente que sabía sacar partido de sus trucos y tratamientos de belleza que han trascendido al igual que ella. Baños de inmersión en leche mezclada con lavanda, hierbas, aceites esenciales, algas, sal y miel fueron sus elixires favoritos para mantener una piel suave e hidratada. El secreto de su fórmula está en que el ácido láctico de la leche ayuda a disolver proteínas que retienen sobre la piel las células muertas.

Otro de sus legados fueron sus megaperfilados ojos maquillados con galena (un polvo oscuro fabricado a partir de sulfuro de plomo) y una mirada felina que cuidaba aplicando aceite de almendras en sus pestañas y agua de rosas en sus párpados. La última reina de Egipto también fue la inventora del corte bob y el flequillo recto. Toda una influencer.

Por desgracia, tuvo un trágico final: se suicidó a los 39 años. Según la leyenda se dejó picar por una serpiente venenosa llamada áspid, después de que su gran y tormentoso amor, Marco Antonio, con el que tuvo tres hijos, también pusiera fin a su vida tras una terrible derrota militar.

Sissi Emperatriz: la reina del corset

 

Con el apodo de Sissi era conocida Isabel de Baviera, la misma que inspiró las famosas películas protagonizadas por Romy Schneider allá por los años 50 y que sigue siendo una verdadera musa para escritores y artistas. Y es que esta singular mujer nacida en Múnich en 1837 marcó su propio estilo y tuvo una vida de novela.

Nacida en el seno de una familia aristocrática, se convirtió en una joven hermosa, inteligente y culta, que fue coronada como Emperatriz de Austria y Reina de Hungría. Hablaba cinco idiomas, era amante de los animales exóticos y una excelente jinete. De ella se cuenta que le atormentaba perder su juventud y envejecer. Por eso, prohibió que la retrataran o la fotografiaran después de cumplir los 35.

Usó los corsets más apretados de la época y, por períodos, tenía comportamientos anoréxicos y bulímicos, ya que pasaba de una dieta exageradamente frugal a darse grandes atracones.

Además de su delgadez (llegó a pesar 43 kilos), también la obsesionaba su larga melena: tardaba dos horas en peinarse y cada quince días se lavaba el pelo con huevo y coñac. No confiaba en cremas y ungüentos, pero solía dormir con bifes de venado crudo o puré de frutillas en la cara para conservar esa lozanía que tanto temía perder. Hizo instalar en su habitación, en secreto, aparatos de gimnasia con los que entrenaba en la más estricta intimidad. Para mantener la piel tersa y joven, además, se daba un baño de agua fría recién levantada y otro de aceite de oliva por la noche. Murió asesinada por un anarquista cuando tenía 61 años.

Mata Hari: femme fatale

 

La más mítica de las espías se llamaba en realidad Margaretha Zelle (1876-1917) y era holandesa. A los 18 años se casó con un militar 20 años mayor que ella y con él se mudó a Java. Aunque terminó divorciándose de su marido, que era un hombre violento, alcohólico e infiel, después de la trágica muerte del hijo de ambos.

A los 27 años, se instaló en París sin un centavo y para salir adelante trabajó en un circo, como modelo de artistas y como prostituta. Pero dos años más tarde, saltó a la fama como bailarina exótica gracias a que había aprendido danza durante sus años en Indonesia y porque en sus números apenas llevaba ropa. Tan logrado era su look y sus coreografías que muchos llegaron a creer que tenía sangre oriental.

Como nombre artístico eligió Mata Hari y fue así que en poco tiempo se vio inmersa en una aristocracia parisina que la idolatraba. Sabía usar su maquillaje y su largo pelo negro azulado para encandilar a su público y a sus amantes. Ella fue la primera mujer en poner de moda los labios pintados de rojo furioso. Hombres y mujeres coincidían en que no era la más linda, pero sí la más sensual. Y en poco más de una década, trazó su leyenda: viajó por toda Europa despilfarrando su dinero y coleccionando hombres, fue acusada de espía alemana y, finalmente, ejecutada en Francia. Sin embargo, sus defensores dicen que la única información que Margaretha vendió a los alemanes fueron los chismes sexuales del jet set parisino. Era tan elegante que enfrentó al pelotón de fusilamiento con la mejor ropa que tenía y se negó a que le taparan los ojos..

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