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Martes 11 de octubre de 2016

su bienestar

Todo lo que tenés que saber sobre la dieta paleo

Es la dieta boom no solo para perder peso sino también para tener mayor energía y salud. Conocé las bases de la alimentación paleolítica, sus beneficios y sus contraindicaciones

Por María Paz Berri  | 

 
 

 

Actualmente hay un cambio de conciencia muy fuerte con respecto a la alimentación. Ya no se habla tanto de dietas para adelgazar, sino de aprender a comer. Lo que se busca es incorporar hábitos alimenticios saludables que nos acompañen toda la vida, y que ya no tengamos que esperar al “lunes” para empezar.

La dieta paleolítica nos invita a eso. No se trata de una propuesta para contar calorías o porciones, ni con un esquema semanal hecho a rajatabla. Lo que busca es cambiar el concepto de “cantidad” por el de “calidad” en lo que respecta a alimentación, y conocer cuáles son los alimentos que deberíamos consumir y cuáles evitar o reducir al máximo para sumar salud y calidad de vida.

El secreto de su éxito

Es la dieta estrella en muchos países y al parecer los resultados son excelentes. ¿La clave? Se basa en la alimentación de nuestros ancestros, que no padecían las enfermedades que hay en la actualidad: diabetes, problemas cardíacos, obesidad, hipertensión, etc. Muchos especialistas la consideran como una de las formas más sanas de alimentación, porque con ella volvemos a lo natural, regresamos a los orígenes, a la raíz y al estado puro de los alimentos. Además de que nos ayuda a sentirnos mejor, con energía, buen humor, y bajar de peso al mismo tiempo. ¿En qué se basa?

* Comer frutas y vegetales.

* Consumir proteínas. Aquí se refiere a las carnes magras: carne de vaca, pollo sin piel, pescado, cerdo, y otros animales.

* Sumar mariscos.

* Solo incluir grasas saludables: frutos secos, semillas, palta, aceite de oliva y aceites puros (maíz, soja, uva, girasol, canola).

* Tomar agua.

* Descartar los lácteos (todos), alimentos procesados, almidones (pan, galletitas, papa, arroz, pastas, amasados de pastelería), alcohol, legumbres (lentejas, porotos, garbanzos), cereales y sus derivados (trigo, avena, cebada, centeno, mijo, sorgo, maíz), azucares (azúcar blanco, golosinas, gaseosas), sal.

Un dato que hay que remarcar es que las dietas nunca son buenas para todo el mundo, todo depende del organismo que las haga. Por eso, Susana Zurschmitten, nutricionista y autora del libro Alimentación para sanar (Ed. Albatros), aclara que en este caso no pueden realizarla aquellas personas con enfermedades reumáticas o inmunológicas, y tampoco beneficia a quienes poseen digestión lenta, colon irritable o exceso de ácido úrico. Siempre se debe consultar al médico de cabecera.

LO QUE HAY QUE SABER

Si bien está considerada una de las dietas más saludables a la hora de perder peso, es muy importante tener en cuenta los pros y contras que nos detalla la nutricionista-dietista Andrea Purita, autora del libro El método de la dieta de los tres días (Ed. Urano).

Los SÍ

  • Ayuda a bajar de peso y a tener más energía, ya que en primer lugar disminuimos notablemente los hidratos de carbono provenientes de las féculas, harinas, almidones.
  • Desintoxica muchísimo el organismo al ser una dieta donde lo principal es el consumo de frutas y verduras, junto con las carnes magras.
  • Al incorporar grasas saludables y buenas como la de los frutos secos, la palta, las semillas y los aceites puros, obtenemos mucha más energía, más lucidez mental y más dinamismo. Además, reducimos los niveles de colesterol en sangre y bajamos las posibilidades de enfermedades cardíacas.
  • Es una alimentación que se basa en la ingesta de proteínas, las cuales nos dan gran valor de saciedad y ayudan a regular el apetito y mantener activo nuestro metabolismo.
  • Aporta muchas vitaminas y minerales a través de las verduras y las frutas, que son gran fuente de fibra y llenan.

Los NO

  • Falta de variedad: es una dieta básica. Solo se consumen carnes, vegetales y frutas, semillas y frutos secos, aceites. No nos olvidemos que estamos hablando de una dieta donde la principal fuente de los alimentos se obtenía a través de la caza y la recolección, y su forma de cocción era el fuego. En la actualidad, estamos acostumbrados a comer otros alimentos en forma diaria que nos suman nutrientes.
  • Poca fibra: esta dieta contiene poca cantidad de fibra, ya que las principales fuentes de fibra vienen de los vegetales y las frutas, sobre todo si se consumen en forma cruda. Los frutos secos y las semillas también la aportan, pero en menor proporción. Faltaría incluir legumbres, cereales integrales, pastas integrales, arroz integral, que por su capa de salvado aportan más fibra. Todo lo que se prepare con harinas integrales y no sea refinado nos ayudará a un buen funcionamiento del intestino. Además, la fibra nos ayuda a bajar el colesterol y la glucosa de la sangre, prevenir el cáncer de colon, aumentar el rendimiento físico, evitar la constipación, y nos da gran valor de saciedad.
  • Falta de calcio: si bien en esta dieta se retiran todos los lácteos, y podemos pensar que esto puede provocar graves problemas en la salud de nuestros huesos, esta necesidad de calcio se puede cubrir con dos cucharadas soperas de semillas de sésamo integral por día (la mayor concentración de calcio se encuentra en las integrales). Se pueden agregar a las comidas, ensaladas, rellenos de vegetales o simplemente a un yogur con calcio (no más de uno por día). Siempre tener en cuenta que si existe una enfermedad (osteoporosis u osteopenia), hay que consultar al médico el tratamiento adecuado a seguir. Otro dato: lo principal es no tomar gaseosas, ya que impiden la absorción correcta de calcio por parte de los huesos. Por algo se las denomina “ladronas del calcio”.
  • Elevado aporte proteico: sabemos que esta dieta hace hincapié en el consumo de proteínas a través de las carnes. Una dieta con un elevado aporte proteico puede causar estreñimiento, el cambio de la flora intestinal puede pasar a ser muy agresivo y podría haber depósito de ácido uríco en las articulaciones. Pero este no es un problema si se compensa con el consumo de hidratos de carbonos (de las verduras y frutas) y grasas, todo de buena calidad. De esta forma, las proteínas pueden metabolizarse en forma correcta. Normalmente y habitualmente consumimos en promedio 250 gramos de proteínas por día, eso es lo indicado en un plan saludable. De todas formas, vale la pena reiterar que siempre deben consultar al médico todas aquellas personas con problemas renales o algún tipo de patología, antes de adoptar este tipo de alimentación.
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