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Lunes 18 de julio de 2016

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Un homenaje para todas las amigas

Pasan los años, la vida va cambiando, transitás todo tipo de vivencias y emociones, y ella siempre está ahí

Por Maju Lozano  |   Ver perfil

 
 

 

Primero sos una niña loca e inquieta que saltimbanquea por el mundo, después llega la adolescencia y te creés mil, nada te detiene; crecés, entonces el cuerpo cambia y hasta aparecen las primeras canas. ¡Y llega el terror de un día levantarse con el pelo como Papá Noel! Las dietas no son tan eficientes y ya no alcanza con comer poco la noche anterior para levantarte con la panza chata. Pasan los novios, los amantes, los maridos, los amigos con derecho a roce; llantos y risas, penas y glorias; y siempre estás acompañada por ella. Esa amiga del alma, que hizo la primera rateada del colegio con vos; a la que le contaste que te había venido; que te enseñó a escondidas y a pura risa a ponerte un tampón; esa que te acompañó al baño mil veces en el boliche; la que te hizo la gamba hasta el final en una fiesta para ver si él se te acercaba y sino te decía “él se la pierde”, cuando la noche había sido un reverendo fracaso.

La que se hizo amiga de tus amigas; la que se convirtió en la preferida de tu vieja y se la metió en el bolsillo para que no te retaran taaanto cuando te habías mandado un moco; con la que te quedabas hablando por teléfono hasta que tu papá gritaba “daleeeee, cortá, qué tanto tienen que hablar si estuvieron juntas hasta recién”. Siempre tenés cosas para hablar con ella. Con la que más de una vez te pillaste de la risa y pensaste que se te acalambraba la panza de tanto reírte; con la que planeaste tus primeras vacaciones.

La que te recomienda una película, porque te conoce tanto que hasta sabe en qué momento exacto vas a llorar; la que te regaló el primer libro; la que estaba en todo tu diario íntimo; la que te escuchó mil quinientas veces el cuento de tu primera vez; la que te vio hacerte grande, la que creció con vos; con la que te peleaste mil veces a muerte y a los cinco minutos ya te estabas abrazando. Aquella que te acompañó a transitar tu gran amor, que jamás dejó de llamarte un solo día mientras pasaba tu embarazo; que te dice que ese jeans te queda bien, porque te conoce e intuye que no es un buen día para decirte que tu trasero es un flan con dulce de leche.

La madrina de tu primer hijo, la que se hizo amiga de tu pareja y es una más de la familia; la tía gamba que te cuida al pequeño para que puedas salir con tu marido, porque sabe que la pareja se te viene a pique; la que te escucha, te consuela, te presta el hombro, te presta guita, la ropa (aun esa que todavía no estrenó); la que se quedó con vos hasta cualquier hora de la madrugada mientras llorabas sin consuelo, siempre con la palabra justa, con la caricia a tiempo, con el silencio exacto… La que sabés que está siempre, que sería capaz de atravesar el mundo si te pasa algo, la que se enoja y te reta sin piedad pero con amor.

Creció con vos, transitó todas las épocas. Incluso te prometió que se internaría con vos en el geriátrico si la vejez las sorprendía solas. ¡Qué nunca me faltes, amiga! Porque te juro que la vida hubiera sido mucho más difícil sin tu amor, sin tus palabras. Amiga del alma, siempre juntas hasta el infinito y más allá... for ever..

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