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Lunes 29 de febrero de 2016

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Cómo sobrevivir a la convivencia en el avión

Desde el embarque hasta la convivencia a bordo, los viajes en avión pueden ponerle los pelos de punta hasta a un monje tibetano. ¿Cómo sobrevivir a la travesía?

Por Maju Lozano  |   Ver perfil

 
 

 

"El viajar es un placer que nos suele suceder", así decía la famosa canción de nuestra niñez. Lo cierto es que el placer a veces puede complicarse. En mi caso, cuando viajo en avión, los problemas empiezan cuando tengo que elegir entre pasillo o ventanilla. Pienso: ventanilla, obvio, para mirar para afuera, y me doy cuenta de que es algo que me quedó de cuando era chica porque en realidad a los diez minutos me duermo. Además, me da un poco de claustrofobia ir ahí apretadita sin poder moverme. ¿Y si me dan ganas de ir al baño y el de al lado se durmió? ¿Qué hago, lo salto?, ¿si está dormido, lo despierto? ¿O me pongo un pañal y listo el pollo? Entonces voy por la opción de pasillo. ¿Y si el de la vetanilla es alguien que sufre de incontinecia y me pide permiso cada dos minutos para ir al baño? Ay, Dios, qué difícil… Un clásico es que ni bien me pongo el cinturón de seguridad aparece el compañero de asiento y tengo que desengancharme para dejarlo pasar. Además, como soy ansiosa, cuando quiero encender la lucecita para leer, toco el botón de la azafata y ahí estoy como una pajuerana explicándole a la señorita que siempre me equivoco de botón, que no necesito nada y le sonrío como una nena de cinco años.

Después, está la ilusión de que al elegir el asiento estoy decidiendo mi destino amoroso. Sí, no se hagan las que no entienden. Quién no tuvo la fantasía de que tu compañero de asiento va a ser el hombre de tu vida, que se enamorarán en el aire y charlarán durante todo el viaje y que luego, en cada aniversario, harán un viaje para recordar aquel maravilloso vuelo en el que se conocieron. Bueno, ok, nunca me pasó, pero no pierdo las esperanzas.

En mi último viaje tuve que soportar a un señor muy alto que viajaba del lado de la ventanilla y nunca supo dónde acomodar sus larguísimas piernas y por supuesto no tuvo mejor idea que ponerlas en mi lado, entonces a mí no me quedó otra que sacar las mías por el pasillo y moverlas cada vez que alguien quería pasar. El mismo señor me habló muuucho durante el despegue y hasta me mostró un video de él cayendo en una especie de culipatín rarísimo. Cabe destacar que hablaba inglés, un idioma que yo no domino, así que fue un poco complejo hacerle entender que no entendía lo que me decía.

La comida es otra de las grandes decisiones en un viaje en avión. "¿Pasta o pollo?". ¡Qué aprieto! Me pone nerviosa esa decisión. Para mí tendrían que hacerte probar un poquito de los dos porque siempre te queda la espina de que elegiste mal y ahí estás, mirando a tu compañero de asiento mientras disfruta de una comida que vos ¡no pediste!

También están los que apenas les dan el vaso de gaseosa se lo toman al toque y piden que les vuelvan a servir… Esta manía que tenemos los de clase media por las cosas gratis, Dios.

Otra cosa que no sé es: ¿cuándo se puede usar el celular? Eso del modo avión me desespera porque me olvido de desbloquearlo y ando días pensando que mi familia ya no me quiere porque ni me llamaron.

También le pongo un distintivo a la valija para darme cuenta de que es la mía cuando pasa por la cinta. Empecé a hacerlo después de que "una amiga" se llevó una igual a la de ella y cuando la abrió se encontró con calzoncillos y camisetas de fútbol de todos los países y estuve... digo, estuvo tres días vestida igual hasta que solucionó el problemita.

Me ha tocado viajar con señoras que no paran de charlarme, con señores que roncan, con uno que no paró de comer cosas con olores fuertísimos y con niños que juegan con la tablet a todo volumen. También con alguien que se sobresaltaba con cada mínimo movimiento como si el avión se estuviera cayendo y luego me confesó su pánico.

Pérdidas de vuelos, de valijas, ronquidos, olores, charlas, llantos, niños y personas de piernas laaargas han viajado a mi lado… Me intriga un poco saber qué les contaron de mí a sus amigos y familiares. El viajar es un placer, pero tiene sus tropezones..

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