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Martes 08 de septiembre de 2015

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La carrera hacia el cuerpo perfecto

Si en el invierno andamos lentos como un sulky, apechugando kilitos entre mate y tortas fritas, con la primavera pretendemos poner primera y quemar calorías más rápido que un Fórmula 1. ¡Pero ojo! Nada más fácil que derrapar en la carrera hacia el cuerpo perfecto

Por Maju Lozano  |   Ver perfil

 
 

 

Ya se escuchan los primeros rugidos de motores; ya se pueden ver en las calles, en los parques, en los gimnasios, las primeras salidas para poner a punto… ¡el cuerpo! Ahí asoman las primeras calzas, las caminatas diurnas, las corridas de la tardecita-noche (o por qué no, las de la mañana temprano que encaran tantos y tantas valientes). Yo veo a todas esas atletas no porque salga a correr (¡claro está!), sino porque me las cruzo cuando voy camino a la radio. Les juro que estoy tentada de poder, algún día, frenar y besar a cada una de las que pasa corriendo, darles un caluroso abrazo y un gran beso en la frente al grito de: ¡vamos que ustedes pueden ! ¡Vamos que el veranito ya llega! Pero bueno, es una idea nomás... Mirá si me animo y me gritan "¡paraaá, loca!".

También están las corajudas y valientes que no paran en todo el año, ¡pero ellas merecen una admiración aparte!

Septiembre… Mes raro si los hay. Todavía no hace calor, pero ya no está para sweater de lana: a la tarde sube la temperatura y te querés matar de la picazón que te agarra. Tampoco está para ojota. Además, septiembre es un mes lluvioso, y a la mañana todo bien con las botas de lluvia, pero a la tarde… ¡qué mal andar con los zapatitos de goma!

Digamos que septiembre es el mes del "qué corno me pongo". Porque la temperatura nos cambia el ánimo más que estar en plena ovulación. Es el mes del ni. Ni está para bota, ni está para ojota; ni para ponerse el pantalón blanco, ni para el marrón de corderoy; ni para campera abrigada, ni para salir sin campera… ¡Y así absolutamente todo, ni frío, ni calor, ni blanco, ni negro!

Y con este mes, también vienen las grandes preguntas, para las que no hicimos naaada en todo el año:

¿Ya empiezo la dieta?

¿Me anoto en el gimnasio?

¿Tiro la malla enteriza y este verano me autodesafío a volver a la bikini?

¿Empiezo a desayunar frutas y me despido de las facturas y los alfajores?

¿Le digo adiós al café con leche con torta de la tarde y pruebo con un yogur?

¿Arranco a tomar en ayunas el jugo de pepino y manzana verde?

¿Y si tomo coraje de una vez por todas y llamo al personal trainer que me recomendaron hace ocho años?

¿Ya será hora de cambiar la mousse de chocolate por gelatina light?

¿Voy al trabajo en bici, como para empezar de a poquito?

¿Desempolvo las zapatillas de runnig y le doy con todo?

¿Abandono el ascensor y empiezo a usar las escaleras?

¿Escondo la joggineta gris que no me saqué en todo el invierno y me animo a la calza de colores?

¿Y si empiezo a mirar la ropa de la nueva temporada? ¡Ay! ¡Todo blanco, natural, todo clarito! ¿Por qué no ponchos de verano?

Perdón, no sé ustedes, pero yo para el pantaloncito blanco todavía no estoy preparada. ¿Cómo puede ser que el año pase tan rápido? Cuando éramos chicas, un año era una eternidad. Ahora, cuando te querés acordar, ya estás con el balde y la palita, convenciendo a tus hijos a fuerza de amenazas para que se pongan protector.

Ya se escuchan los motores y empieza la puesta a punto… No sé ustedes, pero mi taller está cerrado por refacciones. ¡Bancá, calorcito, que todavía me faltan un par de panes con manteca más! •.

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