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Lunes 03 de agosto de 2015

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Merecidas vacaciones

Por Susana Giménez  |   Ver perfil

 
 

 

Agosto, nada mejor que tomarse unas cortas pero merecidas vacaciones con el deber cumplido y recuperar fuerzas para seguir. Arranqué marzo volviendo a las tablas, miércoles, jueves, viernes, sábados (dos funciones) y domingo, una maratón tan agotadora como maravillosa.

Volver al teatro es una alegría mucho más grande de lo que hubiera podido imaginar. A mí no me gusta mucho hablar de "éxitos", entradas agotadas, rankings. Odio el autobombo, me da pudor y prefiero que sean los demás los que destaquen logros.

Pero sí quiero agradecer lo que he vivido todas estas noches con el público. Su amor, cómo me esperan y las cosas que me dicen a la salida, el cariño con el que me reciben en escena, la fuerza con la que aplauden cuando termina la obra. En mi vida hice muchas funciones, pero nunca sentí, como esta vez, el amor de la gente.

No tengo palabras para describir la emoción con la que me cuentan con quién vinieron a Buenos Aires, de dónde son, cómo compraron las entradas, lo mucho que les gustan los cambios de ropa. Es realmente conmovedor.

Gozan, y yo con ellos, porque el teatro es eso: una danza perfecta entre el público y el actor. Una experiencia mágica, que te llena de energía y que también requiere de todas tus fuerzas.

A medida que pasan los años, uno va comprendiendo cada vez más la ilusión y la expectativa que el público deposita en nosotros, entonces se redobla la apuesta y en lugar de sentir que ya tenés ganado para siempre el amor de la gente, sentís una gran responsabilidad de no defraudar.

No hay nada que explique la razón de tanto amor, ni tampoco nada que alcance a retribuirlo, pero les garantizo que es contagioso. Cada palabra, cada gesto, me despierta una ternura infinita y me llena de fuerzas para soportar mil funciones más, mil horas subida a tacos altísimos, mil maquillajes, mil secadores de pelo.

Los últimos diez días de este mes me tomo unas pequeñas vacaciones. Voy a dormir bien, descansar, alejarme un poco del ruido y recuperar fuerzas físicas para volver a convertirme en Marion Bruker, la indomable mujer del talentoso genio y violinista que me ama aunque sea La piel de Judas.

Susana.

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