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Miércoles 08 de julio de 2015

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La duda sigue

¿Con o sin derecho a roce? ¿Sólo después de haber caído en la tentación? ¿Es posible la amistad entre el hombre y la mujer? Un debate que persiste en tiempos modernos.

Por Maju Lozano  |   Ver perfil

 
 

"Yo considero amigo a un hombre sólo después de haberlo besado". Algo más o menos así decía nuestra adorada Alfonsina Storni. Así veía ella la amistad entre el hombre y la mujer. ¡Qué temón! ¿Y cómo vemos nosotras este asunto de la amistad con el sexo opuesto?

¿Existe o no? Muchos no creen o lo ven como una utopía. Creen más posible que Maradona se haga de River que una chica se convierta en la verdadera amiga de un varón.

Yo no tengo una postura tomada al respecto, pero me parece que puede llegar a existir. Es más, uno de mis íntimos amigos es un hombre y juraría que es el tipo más fiel que he tenido a mi lado. Claro que es una amistad de la adultez... Pero les diría que sí, que sí creo.

Ahora bien, ¿cómo es ese mejor amigo varón en las diferentes etapas de la vida de una?

En plena infancia, tu mejor amigo no es uno solo, sino varios, y cambian casi todos los días. No como la mejor de las mejores amigas, que dura bastante.

Y luego viene el mejor amigo que tal vez era un vecinito más grande o más chico pero que nos quedaba a mano, y siempre venía la pregunta de la adorada abuela: "Martincito te gusta un poquito, ¿no?" Y una respondía, a los gritos: "No, abuelaaaa. Es mi más mejor amigo". Eran las primeras atracciones, pero poco sabíamos sobre aquello llamado amor…

Más adelante llegaba la adolescencia: las amigas imbatibles, las incondicionales y, por supuesto, aquel mejor amigo, el que siempre estaba al lado tuyo, te secaba las lágrimas, que te acompañaba a ver al chico que te gustaba, ese que alguna vez intentó declararnos su amor y nosotras lo sacamos carpiendo al grito de "¡Estás loco, Juampi, jajaja! Si nosotros somos reamigos. Salí, qué taradooo", y nos reíamos. Y el pobre Juampi también reía con la esperanza (o no) de que algún día se diera vuelta la tortilla.

Pero la adolescencia pasaba y la amistad con Juampi se profundizaba. Hasta que una noche, tirados en la alfombra del cuarto de casa, nos dimos la mano e hicimos aquella promesa: si llegamos a los 35 y ninguno de los dos se casó, ni tuvo hijos ni nada… "¡Nos casamos!". Y esa promesa, en ese momento, era casi un hecho.

Y en la adultez, ¿cómo es esa amistad? ¿Existe? Para mí sí existe, pero sólo es posible si no hay tensión sexual, porque en cuanto uno se pone quenchi con el otro, ya no sirve. No estamos en edad para disimular y aguantar. O tal vez sí, y probamos hacernos la amiga, preguntándole por su novia, si está enamorado, sólo para que él no piense cualquiera... Pero estamos desgarradas por dentro, y mientras él habla de sus proyectos con su chica nos reímos, fingiendo como locas.

Los amigos, qué cosa rara y maravillosa, inentendible, como esas otras que dicen: "¡Yo soy reamiga de todos mis ex!". ¿Amiga? ¿What? Tendrás buena onda, pero... ¿Amiga? Y si es así, ojalá nunca me guste un pibe que es reee amigo de su ex. Yo paso de esa excentricidad. Lo más excéntrico que hice en mi vida fue ir a una muestra de Marta Minujín con un sombrero amarillo.

Y la famosa frase: "Salgamos pero sólo como amigos". ¿Qué significa? ¿Que te cuento mis cosas y te confieso que el champagne me pone mimosa, por las dudas de que en alguna Navidad me zarpe? ¿Seamos amigos hasta que alguno de los dos se caliente con el otro? ¡Perdón, perdón! Seamos amigos, está bien. Pero eso sí, antes besame para asegurarme de que no me gustás ni un poquito... Y así puedo decirte que te quiero sólo como amigo. •.

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