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Miércoles 17 de junio de 2015

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Esas raras familias nuevas

Volver a formar pareja después de los treinta y pico casi inevitablemente nos hace pensar en los tuyos, los míos y los nuestros. ¿Cómo adaptarnos a esta realidad sin morir en el intento?

Por Maju Lozano  |   Ver perfil

 
 

Los tuyos, los mios, los nuestros. Ellos, nosotros y vosotros. Yo, tú, él… Nosotros dos, ellos y miles. ¡Uno por aquí, dos por allá y uno común a todos! A veces dos, otras tres y cada tanto seis. Juntos pero no revueltos, "movidito… movidito, juntitos los dos juntitos… a ver qué pasa porque somos un montón". Somos dos, y miles fin de semana por medio. De golpe se armó un familión y se empezó a poner bueno.

Dos mamás o dos papás o dos mamás y un papá o dos papás y una mamá o tres mamás y un papá y así podría seguir. Lo cierto es que las familias han cambiando, y mucho. ¡Gracias a Dios!

Poco a poco todo se va acomodando y hasta los libros de cuento nos ayudan a explicarles a los hijos que las familias cambian y las combinaciones son infinitas.

Hoy en día, la familia tipo se desarma, se achica, se agranda y se vuelve a armar. Y queda familia tipo… tipo cada uno en su casa o juntos los fines de semana, ¡el tipo lo ponemos nosotros! ¡Tipo de todo un poco! Así pude explicar esto de que las cosas van cambiando y no nos pasa sólo a nosotros.

Ya es hora de que la madrastra de los cuentos deje de llamarse así y que pare de ser taaaan mala. Que se relaje un poco y se divierta más y que no la llamen "madrastra", ¡es horrible! Que la llamen por su nombre, la mamá es la mamá y la otra en todo caso es la novia o la esposa de papá. Así de simple, basta de representarlas gritonas con pelos parados o malditas cretinas, ¡tampoco es para tanto, che!

 

Lo bueno de esta época es que la cosa se rearma, algunos se separan y se vuelven a juntar, a veces el otro también es separado y tiene hijos y ahí el laburito es arduo pero entretenido; otras veces uno tiene hijos y el otro no, y hay que enseñar y guiar las relaciones entre ellos; en otras la nueva pareja de papá es otro varón o la de mamá es otra mujer. Todo fue cambiando y así nos vamos acomodando. A algunos les cuesta más, a otros menos, pero si hay voluntad de todos lados las cosas marchan.

Otros que vienen de otra pareja de largo tiempo con hijos pero sin casarse y se casan con su nueva pareja, fiesta e iglesia, todo, todo, completito. Otros sólo conviven porque lo del casamiento ya no les significa tanto. Otros deciden estar en pareja, pero en casas separadas y los fines de semana se ensamblan, se juntan los hijos de uno con los del otro, pero en la semana cada carancho en su rancho. Están también los que no sólo conviven sino que además de los de uno y los del otro eligen que venga un nuevo niñito, "el nuestro". Otros viven en departamentos separados pero en el mismo edificio, otros no comparten casa pero sí vacaciones. Otros nunca plantean convivencia porque la familia existe y nada tiene que ver con vivir bajo un mismo techo. Otros mueren por convivir y apuntan y trabajan ahí para que el ensamble sea pronto.

Miles y miles de familias, miles de formas de vivir y de convivir, millones y millones de estilos de crianza, infinidad de maneras de ver el amor, infinidad de formas de tener hijos, cientos de combinaciones a la hora de elegir una nueva pareja y de formar una nueva familia. Una familia distinta, convencional o no; enorme o pequeñita; con nuevas oportunidades de amor y nuevas formas de amar a otros; lo importante para mí es que todo venga desde un lugar genuino, desde el amor y la construcción, lo demás…. ¡está de más! •.

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