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Lunes 16 de marzo de 2015

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Estrés: las señales del cuerpo

¿Es posible escuchar las señales que nos va dando el organismo antes de enfermar? ¿Qué rol juegan los médicos? El periplo de nuestra columnista en lo que ella llama “el camino a la sanación”

Por Pilar Sordo  |   Ver perfil   |  www.pilarsordo.cl

 
 

 

En estos tiempos en los que no me he sentido bien y donde colapsé por estrés, descubrí tantas cosas que podría escribir varias columnas seguidas. Esta vez, sin embargo, quiero enfocarme en un solo punto de este proceso.

Dentro de las muchas cosas que hago mal, no sé reconocer las claves intermedias del cansancio y, de verdad, no pude darme cuenta de que se estaba generando en mí una enfermedad y menos una alteración metabólica por estrés.

Si hoy recuerdo y miro hacia atrás, parece muy claro que esto se venía formando en mí hace más de un año y medio. Partió con síntomas leves y al parecer poco importantes. Tenía, por ejemplo, derrames en los ojos casi todas las semanas o cada quince días. En ese síntoma puntual fui por supuesto al oftalmólogo quien me hizo miles de exámenes del ojo y de mi visión y llegó a la conclusión de que no tenía nada. Me dio unas gotitas y me dijo que podía ser cansancio. Posterior a eso, me dieron arritmias frente a las cuales fui a un cardiólogo quien también en su especialidad me hizo muchos exámenes y llegó a la conclusión de que mi corazón funciona bien y que las arritmias podían ser nerviosas. No les voy a seguir contando la cantidad de síntomas que tuve y que tengo aun, pero aquí me quiero detener.

Reconozco que mi gran error fue no saber observar mi cuerpo, no saber detenerme y mirarme. Y encima, la medicina actual no ayuda en nada en estos procesos. Hasta que no caí en manos de una doctora sabia que fue capaz de mirarme entera y preguntarme hacia atrás y ver cómo estaba yo en el último tiempo, no se pudo hacer un diagnóstico global de verdad, que me mirara como ser humano y no sólo a mi ojo o a mi corazón, como les conté.

Hoy la medicina está tan fragmentada que ya nadie nos ve completos, se mueve una industria tan enorme detrás de cada paciente que parece hasta poco rentable que se ocupen del alma y no sólo de ciertos órganos.

Todo parece estar tan sometido a los exámenes, a imágenes y tantos posibles diagnósticos que parece un cuento nostálgico aquel médico que conocía todas las redes familiares y sus secretos, y que con sólo tocar la frente de un niño decía 37.8 de fiebre y donde casi nunca cometía un error.

Es verdad que es tarea de todos escucharnos y entender que el cuerpo grita lo que uno no habla, pero también es cierto que necesitamos con urgencia una medicina que escuche, que mire a los ojos, que responda dudas y no sólo se someta a protocolos.

Necesitamos una medicina que nos abrace, que nos mire completos y que se dé el tiempo de conocer nuestras historias.

Esperanza me da la nueva especialización de medicina familiar que tiende a mirar las cosas y las enfermedades desde un lado más holístico y emocional. En ese sentido, recomiendo leer el libro La enfermedad como camino, sin duda una forma maravillosa de entender el camino de la salud.

Yo seguiré mi camino de sanarme, aprendiendo todos los días que todo sale de mí y si no estoy bien, nada bueno podrá salir para entregar. Caminaré escuchando mi cuerpo y decidiendo ser feliz para entender que esto es lo mejor que me pudo pasar y que las cabezas duras como yo no entendemos de otra forma para aprender a parar.

Como me dijo un amigo muy cercano, me enfermé por la pasión que le pongo a lo que hago, pero les pido a los médicos, a muchos, pero afortunadamente no a todos, que vuelvan al origen de su vocación, que nos vean como seres humanos y que nos escuchen más allá de nuestros síntomas. Puede no ser tan rentable, pero es el más profundo sentido de la palabra salud..

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