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Lunes 09 de marzo de 2015

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Moda que incomoda

Más allá de la heladera que se descongela por los cortes de luz, el calor tiene una gran ventaja: que nos vestimos con casi nada. En cambio, con el invierno llega el frío y las tendencias estrafalarias. ¿Y si mejor me quedo en pijama?

Por Maju Lozano  |   Ver perfil

 
 

 

Adios verano, adios! ¡Adios vestiditos, adiós ojotas, trapitos frescos y adiós andar en patas todo el día! ¡Chau a la comodidad de las túnicas, al short hecho con el jean viejo de tu marido, chau mis queridos harapos de verano! Sí, ya sé que el verano viene con contradicciones, como que una tiene que encarar el traje de baño con un cuerpo derretido y azotado a escobazos por el paso del tiempo (y la falta de entusiasmo del año que transcurrió, claro). Pero la verdad, prefiero el verano a las otras estaciones, porque más o menos una se las arregla con un remerón para cubrir su no escultural cuerpo… Bue, tampoco es digno arrastrarse por la playa para lograr llegar a la orilla con disimulo a remojarse un poco, pero la dignidad ya está perdida, ¡no nos vamos a preocupar ahora por recuperarla!

El verano es simple: en sandalias o en patas, y listo. Pero cuando viene el cambio de temporada ¡ahí sí que es un lío! ¿Cómo saber cuándo llega el momento de empezar a usar las chatitas? Odio ese instante de indecisión: ¿cuándo es el momento para meter mis pies en zapatos cerrados? ¿Y cuándo hay que ponerse las botas, eh, cuándo, cuándo? ¿Qué temperatura es la correcta para usarlas? Si nevara en Buenos Aires sería más fácil, porque es una obviedad, pero el frío acá es engañoso y no da pistas. Además, me pasa que nunca me acuerdo cómo me vestía el invierno pasado: miro mi placard con un desconcierto que asusta. Nada me gusta, todo me parece viejo, pasado de moda, no puedo creer que la temporada pasada me haya puesto ese sweater gris que me da una tristeza de sólo mirarlo, ¡pobrecito, qué viejito está! ¿Y cómo es que me ponía ese tapadito que parece de mi bisabuela? ¡En serio que no me acuerdo! He llegado a revisar las fotos del año anterior para ver si encuentro una pista de qué corno me ponía, porque de verdad ¡ni idea!

También me sucede otra cosa: y es que miro lo que se va a usar y nada me gusta. "¡Este invierno decile sí a los pantalones Oxford!". Eh... No tengo las piernas de Dolores Barreiro para afrontar semejante desafío, de verdad me quedan mal, tengo las piernas cortas para usar un pantalón así. "¡Decile sí al tiro alto!". Ok, pero el tiro alto es para las que tienen el torso largo ¡y yo nací sin torso! Además tengo panza y me la marca más, es como que vienen las lolas y ahí nomás el pantalón, ¡parece que tuviera como un pantachaleco! Voy a llorar…

Otra más: "Se viene el color natural a full". ¿Qué es eso? ¡Si con el color verde aceituna que me quedó del verano voy a parecer un cucurucho de pistacho y crema! ¿Me están cargando?

Yo en invierno engordo, y engordo bastante ¡porque para eso se inventó el invierno, para comer pucheros, pasta, chocolate y tortas! ¿Y ahora pretenden que me vista de color natural? Nooo, señores es in-vier-no. ¿En qué cabeza entra comprarse ropa de color cremita?

Pero la cosa sigue: "Animate a las botas altas por arriba de la rodilla". En esta, les juro que me da lo mismo: si con las piernas cortas que tengo, ¡cualquier bota alta normal me queda por arriba de las rodillas! Imaginate si me las compro: directamente me saldrían de abajo del cuello… Aunque ojo, que tal vez sería una solución, porque no tendría que vestirme con nada más. Quedaría una cabeza arriba y un par de botas abajo.

Otra que estuvo muy en boga fue "la moda militar". Esa, a mí me queda regia : parezco el sargento García.

Y como si todo esto fuera poco, en mi trabajo hay una calefacción que te cocinás, por lo que tengo que encarar el "estilo cebolla", sino me muero de calor. Ahí es cuando me visto de todas las temporadas juntas y me voy desvistiendo poco a poco, hasta quedarme en remerita como si fuera pleno verano, pero con el color verde del invierno. Después estoy dos horas para vestirme de nuevo y enfilar para la calle, con un frío que te morís…

Uf, qué difícil. Siempre me pasa lo mismo, todo lo abrigado que guardé me parece viejito… Y todo lo que se va a usar me parece imposible, aunque después termine comprándome un montón de cosas.

Así es el eterno dilema del "qué me pongo". ¿Y si mejor me compro una buena bolsa de dormir y me duermo tres meses hasta que llegue el calorcito? ¿O me envuelvo en un edredón e impongo esa moda? No sé realmente, estoy perdida… Pero de algo estoy segura: ¡de cremita no me visto ni loca! •.

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