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Viernes 25 de julio de 2014

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Cómo lograr una pareja feliz y estable a través de los años

No creerse omnipotentes y brindarnos para construir una historia en común es el secreto de estos amores posibles.

Por Eugenia Tavano

 
 

 

Los años van pasando, pero en la reunión de amigas la escena se repite: soltera o separada, alguna de las chicas del grupo trae a cada encuentro su queja eterna; que cómo le cuesta encontrar al hombre indicado; que aquel era un pesado, que este otro no llama nunca; que el que conoció en el verano tenía pocas ambiciones, mientras el que la corteja ahora sólo habla de sus éxitos profesionales. ¿Por qué tendrá tanta mala suerte? ¿Cuándo encontrará, como les ocurrió a otras, a un candidato que le dure más de una temporada? ¿O será tal vez que la pasión y la estabilidad van por carriles separados?

Quienes atravesamos esta época siendo adultos sabemos que, en general, el amor a largo plazo tiene mala prensa. "Para entender estas relaciones duraderas, estos amores posibles, hay que salir de la idealización de que existen parejas inmaculadas, perfectas", dice la licenciada Patricia Faur, especialista en terapia vincular y autora del libro Amores posibles, cómo hacen las parejas que funcionan bien. Y amplía: "Aunque eso no existe, para muchos siempre está la frustración de creer que a otros sí les pasa".

Nada más lejano a la perfección que dos personas que apuestan a permanecer juntas. "En estas parejas se trata más bien de un equilibrio inestable", sigue Faur. "El equilibrio en una relación tiene que ver con idas y vueltas, con ajustes, con crisis, con momentos a veces muy difíciles, porque a lo largo de diez, quince o veinte años de relación se vive de todo: infidelidades, nacimiento de los hijos, pérdida de trabajos, situaciones que alteran ese equilibrio". Sin embargo, el secreto del éxito en estos dúos radica, justamente, en aprender a convivir con la naturaleza cambiante de la vida, manteniendo a flote el amor, los proyectos, las ganas de seguir. "Esto funciona como nuestro organismo, que aunque no nos demos cuenta, todo el tiempo está realizando cambios para permanecer estable. En estas parejas sucede lo mismo; aunque no estén conscientes de ello todo el tiempo, siempre están cediendo, negociando algo, soportando alguna situación fastidiosa, aceptando otras. Naturalizan esa dinámica y descansan en eso, porque sino estarían peleando todos los días por las mismas cosas". ¿Y cuál será su secreto para no frustrarse ni caer en desánimo? "Las parejas que funcionan bien están integradas por personas empáticas, mucho más abiertas a conmoverse con el dolor y las necesidades del otro, y que además se sienten felices cuando al otro le va bien. Es decir, son personas mucho menos narcisistas". El egoísmo y el individualismo son obstáculos determinantes a la hora del encuentro. Pero para modificar esta actitud hay que empezar a dudar de muchos conceptos que hasta ahora nos vendieron como verdades indiscutibles.

Tiempos modernos

Muchas cosas han cambiado en la sociedad. En dos o tres generaciones los parámetros en relación al amor y al compromiso se modificaron abruptamente. Así como la mayoría de nuestras abuelas sellaron matrimonios de por vida, nosotras tenemos la posibilidad de formar una pareja o varias, o incluso de no tener ninguna. Sin embargo, la enorme libertad de la que gozamos en la actualidad no siempre juega a favor del amor; lo mismo sucede con otros mandatos de la época, como el de triunfar siempre, no fracasar nunca, ser los mejores, y en lo posible, lograrlo todo ya. "En la década del 60 y 70 los jóvenes eran idealistas. Pero a partir de los 90 y con la posmodernidad, toma relevancia el mercado, el dinero, las comunicaciones vertiginosas, internet. El mundo se modificó en función de esto y en lo colectivo la consecuencia más visible es una sociedad mucho más narcisista, desesperanzada, y que por sentir que no hay un mañana, consume rápidamente todo". Y si no hay futuro, ¿cómo puede haber proyectos duraderos? "La sensación es que hay que vivir todas las experiencias que se puedan y no renunciar a nada, ni perder un minuto de vida en algo que sea angustiante o triste. Y esto repercute tremendamente en los vínculos humanos, porque en una relación a largo plazo se pasa por situaciones de angustia, de frustración, de tristeza. Al no poder soportar eso, lo que se hace es cambiar rápidamente de relación, como si la próxima prometiera el paraíso". En esto, sigue Faur, influye mucho el concepto de amor ideal; un concepto reforzado por la publicidad y el cine, "que equipara al amor con la seducción, la conquista, la atracción, el deseo y el romance". Sensaciones avasalladoras, pero que tienen los días (¡y las hormonas!) contadas. Después de esta verdadera revolución (que, según los científicos, dura entre tres meses y un año y medio), empiezan a mandar "otros neurotransmisores y hormonas más ligados a la ternura y al apego". ¿Será entonces que la calma y la fidelidad matan al sexo y la diversión? No necesariamente; las parejas que se quieren bien ensayan estrategias para campear los cambios.

¿Cómo hacen?

A la pregunta del millón le corresponde una respuesta realista; no hay fórmula ni manual para hacer funcionar a una pareja. En cambio, hay actitudes, sentimientos, situaciones comunes a la mayoría de los vínculos que perduran.

Entre esas "sanas costumbres" para practicar de a dos, la primera es mantener una buena comunicación. "Hay límites que las parejas que funcionan bien jamás cruzan. Ya sea en lo verbal o en lo no verbal, existe un respeto tácito por el otro y no emplean ofensas relacionadas con aspectos físicos o intelectuales", dice Faur. Estas personas se cuidan de dañar a quien aman, y si circunstancialmente lo hacen, se sienten mal e intentan repararlo. Saben escuchar lo que el otro tiene para decirles y si no están de acuerdo, lo manifiestan con respeto.

Después, claro, están esas pequeñas cosas de todos los días. Sin grandilocuencias, pero llenas de amor: preparar una rica comida cuando sabemos que el otro llegará cansado, festejar sus logros, ser agradecidos, mostrarnos cariñosos.

También, con el paso de los años, es importante mantener la intimidad emocional. "La intimidad es mostrar quiénes somos, sin máscaras, sin maquillaje; mostrar el alma desnuda", aclara la autora.

"Poder compartir nuestros miedos, nuestros sueños, nuestras confusiones. Para que pueda haber intimidad emocional con alguien, es imprescindible sentir una gran confianza en que no seremos traicionados, ni juzgados, ni burlados". Se trata de no dejar que la rutina nos quite ese espacio de apertura y entrega. Se trata –una vez más– de la empatía, de seguir sintiéndonos "conectados" con el otro y sus esperanzas, sus temores, sus deseos. Faur también alude a la paridad: para mantener estos niveles de intimidad emocional tenemos que ser pares, no esposas convertidas en madres de hombres infantiles, o varones que tratan a sus mujeres como nenas que no saben resolver nada.

¿Y qué pasa con la sexualidad en estas parejas? "El tema central de la sexualidad en las parejas estables es tratar de conciliar el amor con el deseo", dice la especialista, y plantea la gran duda: "Si el deseo tiene que ver con ‘lo que no tengo’, ¿cómo voy a desear a alguien ‘que me pertenece’?". Hay una respuesta: "El amor de pareja no es incondicional, aunque dos personas se propongan vivir juntas para siempre. Es necesario recordar que el otro es independiente y que el lazo que nos une no es irrompible". Por eso, en los romances que se sostienen en el tiempo sus integrantes saben que es bueno mantener cierta independencia y respetársela al otro, y nunca pierden de vista que hay que seguir seduciendo. Saber que su pareja también puede divertirse e interactuar con otras personas de alguna manera la vuelve más atractiva. Y por supuesto, es importante sociabilizar juntos y disfrutar de encuentros a solas. En definitiva, y como aclara la especialista en el libro, se trata de estar "ni tan cerca ni tan lejos".

Fusionarse, asfixiar al otro, aniquila el deseo; pero distanciarse, subestimar sus sentimientos, también.

Lo mejor del amor

Muchas veces las parejas que duran son vistas como "dinosaurios que se están perdiendo un montón de cosas, cuando la verdad es que hay parejas que la pasan bien juntos, se divierten, les da alegría estar con el otro". Para abrirse a esa experiencia hay que detectar dónde nuestras expectativas dejan de ser realistas para convertirse en una fantasía imposible de cumplir.

"Respecto a esto de ‘seguir participando’, llega un punto en el que hay que parar la rueda para quedarse y apostar a una relación. Si estamos con alguien con quien compartimos los mismos valores, podemos pensar proyectos e ir para adelante, entonces hay que detener la búsqueda y no seguir pensando que hay algo más interesante. Hay una creencia de que el buen amor tiene que ver con encontrar a alguien mejor, cuando en realidad el buen amor es lo que yo voy a construir con alguien".

De la mano, atravesando encuentros y desencuentros, las parejas que duran saben valorar lo más importante que tienen: su historia en común. "La historia es lo único que no compite con la novedad", concluye Faur. "Oportunidades hay miles, pero la complicidad, los guiños que alguien tiene con su pareja, es algo que se construye con los años. Si uno construyó bien eso, dan ganas de quedarse ahí. Y a eso no hay con qué darle".

¿JUNTOS PARA SIEMPRE?

Amar bien no quiere decir hacerlo sólo una vez, ni para toda la vida. De hecho, algunas estadísticas demuestran que cada vez hay más divorcios. Sin embargo, esto tiene otras causas. "Que haya más divorcios tiene que ver con que vivimos muchos más años", aclara la especialista. "Y por eso se da que parejas de diez, quince o veinticinco años se separan. Pero eso no tiene que ver con un fracaso, sino con que las personas siguen apostando al amor, quieren volver a enamorarse y estar bien, y tal vez esa pareja cumplió un ciclo. Esto sucede y también hay que aceptarlo. En ese caso uno puede hacer un buen divorcio, rescatar lo bueno que hubo y seguir adelante"..

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