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Domingo 27 de abril de 2014

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Agradecer por las cosas simples de la vida

De vuelta al trabajo y a las obligaciones, la vida se llena de quejas y mal humor. ¿Será que nada nos alcanza? Mostrar gratitud aun por las cosas más simples es la invitación de nuestra columnista

Por Pilar Sordo  |   Ver perfil   |  www.pilarsordo.cl

 
 

Este verano ha sido un verano en el que trabajé, y en el que he podido observar mi comportamiento y el de los demás, sobre todo el de aquellos que han tenido el privilegio de descansar.

He visto gente de distinta extracción social veraneando en distintos lugares, y tengo que reconocer que es más fácil descubrir personas agradecidas entre aquellos que menos tienen que entre alguna gente que parece tenerlo todo para agradecer. Las personas más humildes se asombran más de lo que ven, lo verbalizan con mayor intensidad y se emocionan frente a lo vivido.

Pero también fue fácil observar mucha gente quejándose, siempre encontrando problemas y reclamando por todo cuanto les pasaba. Que hacía mucho calor o mucho frío, que estaba todo muy caro o, en el otro extremo, que de tan barato que resultaba el paseo engordaron mucho durante las vacaciones. Que el hotel no era lo que esperaban, que había mucho viento en la playa, que les tocaron días nublados, que en tal o cual restaurante no los atendieron rápido, etc. Pero otros tantos, en cambio, agradecieron todo, y se sorprendieron por las cosas que hicieron y disfrutaron, y se reían cuando yo les contaba que muchos decían que estaban cansados de descansar.

A veces no sabemos descansar; tampoco valoramos el trabajo, e incluso la palabra "responsabilidad" tiene muy mala prensa. Al llegar marzo todo se vuelve un drama a causa de esto; los lunes son una tragedia y sólo agradecemos los viernes. ¿Pero por qué no agradecer que volvemos al trabajo que, entre muchos otros beneficios, nos permite descansar y tener vacaciones? ¿Por qué no agradecer lo vivido en las vacaciones e intentar dejar de escuchar las quejas que llegan de todos lados? ¿Por qué no estimulamos a los niños para volver a clases con la pasión de aprender, en vez de mirarlos con cara de pena, como si comenzaran un vía crucis?

Creo que es fundamental aprender a mirarnos y a reconocer que cada vez es menos frecuente escuchar la palabra "gracias" y que, sobre todo, cada vez es más inusual tener una actitud de asombro y reverencia frente a la vida. Como si todo pareciera obvio y natural, y aquellas cosas simples, esas que son realmente importantes, que no tienen valor económico, no merecieran ser reconocidas.

Educar a los niños en esta capacidad parece vital, pero ¿cómo educar si no es con el ejemplo? Me parece difícil poder hacerlo si están todos los días escuchando adultos que se quejan insistentemente. Yo misma tuve que hacer un autoanálisis al observar a tanta gente quejarse; porque al no descansar este verano a causa del trabajo, me encontré muchas veces quejándome también y envidiando a la gente que veía de vacaciones. Hasta que entendí que era muy afortunada por la posibilidad de tener otra investigación que compartir con ustedes a través de otro libro, y que no tenía nada de qué quejarme, muy por el contrario, sólo debía agradecer. El trabajo le hace bien al alma; encontrar algo que nos llene nos puede llevar la vida y encontrarlo es algo para agradecer en forma permanente. Esto se educa con cada gesto y con cada momento vivido. Se agradece un baño caliente, el césped recién cortado, el aroma a pan tostado...

Quiero invitarlos a hacer dos cosas: la primera, a observar a la gente. Vean cuántas personas agradecen en situaciones cotidianas; escuchen y miren a su alrededor. La segunda es observarse a ustedes mismos y medir cuántas veces se dice "gracias" dentro de sus hogares, cuánto lo dicen los niños y si se repite esta palabra en su entorno más cercano. Ojalá no escuchen a nadie quejarse, y ustedes digan la palabra "gracias" muchas veces. Si es así, ¡qué placer!, y si no es así, comiencen a hacerlo los adultos para que los niños los imiten y empecemos a crear un mundo donde todos agradezcamos más seguido. Por mi parte, gracias por leer esta columna y sobre todo, gracias por el cariño..

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