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Miércoles 07 de agosto de 2013

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Aprendé a decir millones de cosas con las manos

Es un lenguaje sutil, capaz de transmitir las sensaciones y las emociones más profundas. Aprendé a decir millones de cosas con las manos y a sentir de una forma incalculable y maravillosa.

Por Alessandra Rampolla  |   Ver perfil   |  Universo Alessandra

 
 

Cuando usamos las caricias durante un encuentro sexual, generalmente lo hacemos con la intención de excitar a nuestra pareja rápidamente. Entonces, solemos prestarle atención sólo a las zonas consideradas erógenas, especialmente el pene y la vagina. Y... ¡uyyyyyy! ¡Cuánto que nos estamos perdiendo!

Esto no significa que esas caricias eróticas no sean sabrosas y necesarias, pero son sólo una de las tantas que podemos compartir con nuestras parejas, elevando el encuentro de la categoría de "estuvo bien" a "sublime".

Las caricias son un lenguaje universal. El ejemplo más amoroso es el de una madre y su bebé: lo toca mientras le da de mamar, para dormirlo, para calmarlo, o simplemente, porque le da un gran placer. Las madres instintivamente conocen el inmenso poder de las caricias. Entonces, ¿por qué no usarlo a la hora de comunicarnos con nuestras parejas?

Hacer el amor debe ser un combo completo, donde no sólo satisfacemos un deseo sexual, sino que generamos un intercambio de emociones. Imaginemos una caricia suave en los cabellos durante el juego previo o durante el mismo coito. ¿Qué estamos diciendo? Seguramente un "te mimo, te entiendo". Acariciando el rostro, transmitimos "me gustas".

Una caricia profunda y con mucha presencia en el pecho masculino, le dice "me importas, te consiento". Con un suave toque en la entrepierna o en los labios, decimos "te deseo". Estos son simples ejemplos, porque cada uno tiene sus propios modismos y sus propias emociones que comunicar. El reto ahora es empezar a utilizarlo.

¿Cómo hacerlo? Si no estamos acostumbrados a acariciar o dejar que nos toquen, se nos puede hacer un poco difícil al principio. Lo primero es relajarse y empezar a usar las manos. El cuerpo completo está lleno de puntos, de zonas deliciosas para ser acariciadas. No te apresures en llegar a sus zonas más erógenas, porque además de decirle "te deseo" tú quieres comunicarle otras cosas (cuánto te gusta, cuánto lo quieres, cuánto deseas cuidarlo). Y ahorita, sin que salga una sola palabrita de tu boca, le dirás todo esto… con tus manos.

Siente su pelo, acaricia sus orejas, sus mejillas… Detente donde creas necesario y transmítele ese sentimiento para el que las palabras, en ocasiones, no alcanzan.

Percibe las diferentes texturas de su torso. Que tu caricia sea casi imperceptible, casi deslizándote sobre los extremos de sus vellitos.

Déjate llevar por el momento y, básicamente, siente. Siente a ese maravilloso ser humano con el cual has decidido conectarte de la manera más profunda e íntima posible.

Desliza tus manos por todo ese cuerpo… y si lo deseas, usa también tus mejillas o tus pestañas para darle suaves toques. Para dimensionar el poder de estas caricias, imagina que es él quien te acaricia tu rostro o tus senos con sus mejillas: es innegable el mensaje amoroso.

Entiende que el lenguaje de las caricias no es un monólogo, es un diálogo, en el cual los dos estamos hablando. Y hay mujeres que están dispuestas a dar, pero no tan predispuestas a recibir. ¿Por qué nos ocurre esto? Porque muchas veces nos sentimos con mucha menos libertad y derecho de sentir. Estamos programadas culturalmente a dar. Así que ahora que estamos decididas a probar nuevas experiencias, abrámonos a recibir.

Les propongo un ejercicio para iniciar este diálogo. Acuéstense cómodamente con sus parejas, uno enfrente del otro. Desnudos, con luz tenue y si se les hace más fácil, hasta tapaditos con las sábanas. La consigna es simplemente acariciarse.

Yo sé que más de una puede pensar: ¿y cómo hacemos para saber quién empieza, quién sigue y no quedar enroscados en la cama? No se preocupen. Una vez que comienzan, de manera instintiva o mágica, empiezan a aprender este lenguaje. Dénse tiempo para entablar este diálogo amoroso.

Cuanto más practiquen este idioma, más cosas podrán decirse y comunicarse. Y les aseguro que el encuentro sexual cobrará verdaderamente otra dimensión.

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