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Sábado 13 de julio de 2013

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Amigas del alma o nuestra peor pesadilla, por Maju Lozano

No todo lo que brilla es oro, y en cuestiones de amistad, muchas veces aquellas que dicen ser nuestras grandes amigas terminan convirtiéndose en nuestra peor pesadilla

Por Maju Lozano  |   Ver perfil

 
 

a lo largo de la vida una va teniendo diferentes tipos de amigas; y si la suerte y el destino te acompañan, sólo unas pocas te duran para siempre.

Están las amigas gambas, las compinches, las confidentes, las locas, las que llamás para divertirte, las que te prestan el oído, las que te gastan el oído, esas que sólo te llaman por conveniencia, las que te acompañan en las malas y las peligrosas… esas que son amigas y enemigas a las vez, esas que están en la delgada línea entre el bien y el mal, las que se encuentran a un paso del amor y del odio, las que no sabés si te quieren de verdad o lo único que quieren es ser vos.

En la niñez, esas son las amiguitas del jardín de infantes que te imitan en todo, que quieren ir siempre a jugar a tu casa, que aman tus juguetes y dicen que tu mama es la mejor, que quieren ponerse tus trajes de princesa. Incluso están las que, en la primaria —¡oh, casualidad!— gustan del mismo compañerito que vos.

En tu tierna inocencia, es difícil pensar que detrás de esa niña que te sigue a todos lados, que siempre te llama para invitarte a dormir a la casa, que te señala como su mejor amiga y te quiere casi como a su propia vida, se esconde la famosa amiga-enemiga, que ahora vengo a descubrir, las chicas llaman frenemis.

En la adolescencia, las frenemis están pegadas a vos, esperan a ver qué jeans te comprás para ir corriendo a buscar el mismo, te imitan en tu forma de hablar, en la música que escuchás y hasta se hacen amigas de tus amigas.

El cariño de ellas puede confundirte y hacerte dudar, pero la señal de alerta todavía no se enciende y te dejás engañar por esa persona que te idolatra y te adoraaaaaaaa.

A esa edad tan heavy de la vida, asumir que una íntima amiga es casi una perfecta enemiga suena imposible; y aunque tu madre te advierta una y otra vez, no le das bolilla y seguís inseparable, creyéndote una genia.

En la adultez, la cosa se pone pesada. Las frenemis son más evidentes con el correr del tiempo. Al principio todo es sutil, se compra la misma cartera que vos por pura casualidad; después te genera un odio terrible, pero te da pena decirle algo porque es tu amiga y no la querés ofender.

En el trabajo pasa lo mismo: primero es tu compañera, luego pasan el tiempo libre juntas, te hace el aguante en las horas extras, te acompaña a tomar algo a la salida de la oficina, pero poco a poco va ganando tu confianza y va entrando sigilosa en tu vida, hasta que de repente ¡ups!, un día cae con las mismas botas que te compraste el día anterior y lo peor es que te dice: "¡Nooo, qué loco, no me acordaba que tenías unas iguales!".

Un día es el sweater, otro una camisa, después un vestido… y cuando querés acordarte, va a tu mismo colorista y de atrás, más de un compañero de trabajo la confunde con vos… ¡y a ella le encanta! "Sí, todo el mundo nos confunde, es que somos tan íntimas que ya nos parecemos", dice entre risas.

¡Cuidado, amiguita!, que esa persona tan compinche, tan gamba, que te requiere y te admira puede esconder una enemiga fatal; y un día, sin darte cuenta, no sólo se viste como vos, habla igual y escucha la misma música sino que te sopló el marido o lo que es peor, te hirvió el conejo, como hizo Glenn Close en el memorable film Atracción Fatal.

No hay dudas, las frenemis acechan escondidas detrás de lo que parece una hermosa amistad. Por eso, feliz día para todas y ¡atentis!.

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