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Sábado 25 de mayo de 2013

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Las diferentes razones por las que hombres y mujeres se casan

Los motivos entre ambos son bien distintos ; aquí algunos de los más comunes

Por Pilar Sordo  |   Ver perfil   |  www.pilarsordo.cl

 
 

Parece ser que las mujeres nos casamos por muchas razones y no todas basadas en el amor. Con esto no excluyo a los hombres, que también a veces tienen motivaciones distintas a ese sentimiento.

En ocasiones nos casamos esperando que, como por arte de magia, ese acto nos transforme en adultos independientes y económicamente autónomos, cuando en realidad todo eso se logra con la madurez y no con la firma de un acta o con un rito, aspectos importantes para iniciar una nueva vida pero que no garantizan el cambio por sí mismos.

Lo que sí es cierto es que los hombres se casan esperando que la relación se mantenga tal como está y no cambie en nada. Las mujeres, por el contrario, siempre esperamos que la relación "mejore" o cambie en los aspectos que nos molestan; lo mismo que ellos, de los que solemos convencernos que nuestro mágico amor los transformará en lo que en nuestro interior ansiamos que sean. Eso se llama pensamiento mágico y la investigación de mi libro Viva la diferencia prueba que mientras más pensamiento mágico tiene una mujer, más infeliz es y más infeliz vuelve a todos los que viven con ella. Es la clásica mujer que se centra en lo que falta y no en lo que tiene. Por eso digo que las mujeres estamos "dentro" de nuestras cabezas enamoradas del mismo hombre y que el que tenemos es "un premio consuelo", ya que siempre comparamos a ese hombre real con el "hombre mágico", y en esa competencia el hombre real siempre pierde.

Este aspecto es uno de los tantos que las mujeres debiéramos tomar en cuenta antes de decir "Sí, acepto". A una mujer atrapada en su pensamiento mágico le va a costar mucho sentir que la felicidad es algo que le pertenece sólo a ella y que el otro no viene a hacerla feliz sino a dar lo mejor de sí y a compartir la vida con ella.

Otro punto importante es la tendencia estructural de las mujeres a ser retentivas, a ser acumuladoras de recuerdos, cosas, ropa, comida, etc., ya que mientras más retentiva sea una mujer, más va a guiarse por el principio fundamental que moviliza a las mujeres de cualquier edad y condición, que consiste en la necesidad de sentirse necesitadas. Pero cuando esta conducta se lleva a la exageración, puede representar una forma femenina de boicot al matrimonio, ya que mientras más indispensable se siente una mujer menos disfruta, más "cobra" lo que hace, más deja la puerta del baño abierta, menos goza del presente y más culpable se siente. Esto la lleva en extremo a ser "externalista", es decir, a no tener nunca la culpa de nada y buscar a los culpables de todo "afuera".

En general y en forma muy resumida estos son los elementos de boicot más frecuentes en las mujeres con respecto a su felicidad, y que si no son trabajados pueden ser un problema a la hora de casarse.

En el caso del varón, lo que suele verse es el no entendimiento de que la vida funciona en base a procesos, detalles, y que si éstos no son cuidados cada día de la relación, se la pone en riesgo. El otro punto importante en lo masculino tiene que ver con la dificultad que muchos hombres tienen de decir y expresar lo que sienten.

En la investigación se probaba que las mujeres hablamos alrededor de 25 mil palabras en un día, mientras que los hombres, alrededor de 10 mil. Pero el problema no es tanto la cantidad, sino más bien que ellos se las gastan antes de llegar a casa. En general, el 90 por ciento de la producción verbal de los hombres se da frente a gente que les genera recursos y no amor. Por eso es tan importante que los hombres aprendan a retener a la mujer que los acompaña y entiendan que las relaciones se construyen de detalles y no sólo de objetivos cumplidos. Y que la comunicación verbal y no verbal es fundamental para hacer crecer una relación.

Ambos, hombres y mujeres, tenemos distintos aprendizajes que debiéramos tener claro antes del compromiso final. Son requisitos de felicidad que nos invitan a complementarnos y a no competir entre nosotros.

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