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Sábado 11 de mayo de 2013

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Cuando la fecha de cumpleaños te enfrenta con tus frustraciones

Muchas mujeres odian cumplir años, se encuentran con sus propias insatisfacciones, con la necesidad de seguir luchando y con sus sueños por cumplir

Por Claudio María Dominguez  |  

 
 

Te soy sincera. no me hace ninguna gracia cumplir cuarenta y ocho años. Es casi medio siglo y estoy hecha ruinas. Pero sigo trabajando. Si no, no comen mis dos hijos que son mayores de edad y se han quedado viviendo conmigo porque no les alcanza para comprarse su propia casa. No me gusta mi trabajo, pero no sé hacer otra cosa. Soy azafata de Lan, y antes volé en Faucett y en Aeroperú. Salgo de mi casa a las cinco de la mañana y pienso que soy un ejemplo para mis dos hijos que duermen hasta el mediodía. Ellos son profesionales, de la música, tienen una banda y están componiendo un disco. Algún día serán famosos pero por ahora dependen económicamente de mí. Creo que son talentosos, aunque si los comparo con músicos como Calamaro pienso que no la van a hacer nunca. Y mientras sigan sin trabajo, tengo que seguir volando cada día a un lugar distinto: Santiago, Buenos Aires, Punta Cana, Bogotá, ahora Medellín, Miami, que odio porque los gringos me revisan todo como si fuera mula o camello. Yo soy una señora, llevo treinta años volando, merezco un respeto. Nunca he traficado. Nunca me he ido a la cama con un capitán ni con un colega. Desde que enviudé hace trece años (mi marido falleció haciéndose una liposucción en una clínica informal), no me interesa el sexo. Mi vida sexual ha sido espantosa, y nunca tuve un orgasmo con mi marido, aunque sí dos hijos. No me supo satisfacer. Se montaba sobre mí como si yo fuera una vaca, terminaba rapidito y se quedaba roncando. Mis dos hijos fueron embarazos no deseados. Y no digo que a mis hijos no deseados profesionales desempleados no los ame: los mantengo a mucha honra, y no me molesta que duerman hasta la una de la tarde y se pasen el resto del día fumando marihuana. Yo estoy jodida, tengo que competir contra las azafatas más jóvenes y conmigo misma porque soy una leyenda de la aviación. Nunca he tenido una crisis de nervios, nunca le he vomitado a un pasajero, nunca se la he mamado al capitán. Siempre atiendo con una sonrisa a todos, incluso a esos patanes que no saben pedir las cosas por favor ni dicen gracias. Qué depresión, mañana cumplo años y tengo que volar. A las cinco de la mañana vienen a buscarme y tengo que dejarles la refrigeradora llena a los zánganos de mis hijos. Lo bueno es que los dos son místicos y se han vuelto vegetarianos, así que les compro un montón de fruta y con eso se contentan. Yo estoy jodida, trabajando como una mula, cargando la bandejita, pasando las bebidas, preguntando por enésima vez si el señor ya eligió el menú para que el tarado me diga: "No, no he leído las opciones". ¿Cuáles crees que son las opciones? ¿Langosta, cangrejo, pato? ¡Pollo, pescado y pasta, pues! Una de cumpleaños, trabajando sin ganas, y preguntando "¿ya eligió su opción de cena, señor?". "¿Y yo? ¿Acaso no merezco tener opciones? Yo, que cumplo casi medio siglo de vida sacrificada, ¿no puedo elegir nada?". Estoy jodida, tengo dos hijos a los que mantener, así que voy a seguir volando hasta que me jubile. ¿Es justo que tenga que madrugar y correr al aeropuerto sin que mis hijos me digan "¡feliz día, mami!", porque los dos duermen cuando llegan a recogerme? ¿Es justo que nadie me salude en el avión porque no saben que es mi cumpleaños? No, no es justo. Pero no me quejo. Soy una luchadora. Soy echada pa’lante. Como decía Pablo Escobar, ¡hágale! ¡Hágale, no se queje, siga volando! Algún día mis hijos van a ser famosos como Calamaro y me van a mantener. Ese es mi sueño: celebrar mis cincuenta con mis dos hijos, alicorada, cantando sus canciones y retirada de la aviación. Quiero ver pasar un avión y pensar: "Allí podría ir yo, pero mis hijos han triunfado y me mantienen". Por ahora, toca ponerse el uniforme y salir a trabajar. Te soy sincera, no me hace gracia cumplir cuarenta y ocho años. Pero qué me queda, a seguir volando. ¡Feliz día y hágale!

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