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Martes 19 de septiembre de 2017

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Alzheimer: lo que hay que saber sobre el mal del olvido

Mañana, 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial de lucha contra esta enfermedad que es la mayor causa de demencia en el mundo. Detección, tratamiento y cómo acompañar a los pacientes.

Por Josefina Marcuzzi  | 

 
 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el 21 de septiembre como Día Mundial de Lucha contra el Mal de Alzheimer para generar conciencia. Aquí, información para saber más sobre la enfermedad y difundir.

¿Qué es el Mal de Alzheimer?

Es una enfermedad neurodegenerativa que se produce por el depósito de proteínas anormales en el cerebro, las cuales primero dañan y luego producen la muerte de las neuronas.

¿Cómo se manifiesta?

La enfermedad comienza lentamente, muchos años antes de que se inicien los primeros síntomas de demencia. “Primero afecta las partes del cerebro que controlan el razonamiento, la memoria y el lenguaje. Los síntomas iniciales suelen ser dificultades para recordar cosas que ocurrieron recientemente. Luego, hay problemas para recordar los nombres de las cosas, baja fluidez al habla o dificultad para planear actividades”, explica Ángel Golimstok, Jefe de la Sección Cognición y Conducta del Hospital Italiano.

 

¿Cuáles son otras señales?

Hay una etapa que los especialistas llaman “deterioro cognitivo leve”, en el que todavía los trastornos no son muy claros y tampoco hay un compromiso de las actividades diarias de rutina. En esta instancia, la persona afectada sigue llevando adelante su vida con autonomía e incluso puede trabajar. Si surgen alguna de estas señales hay que consultar a un especialista: en primer lugar, los síntomas del lenguaje, llamados gnosias: una leve incapacidad para reconocer los nombres de los objetos. Y luego las praxias, que son situaciones vinculadas con problemas para vestirse, bañarse o realizar alguna actividad que involucre el cuerpo.

Es importante prestar especial atención a los cambios en la memoria para eventos recientes, el olvido de donde se guardan las cosas, las conversaciones o algo que se hizo y la desorientación en un lugar conocido. Para quienes observan estas señales en una persona conocida o familiar se recomienda, además, ver los cambios de conducta: si conversan menos, se aíslan o abandonan tareas que hasta el momento solían realizar.

¿Existen factores de riesgo?

Existen evidencias claras de que los factores de riesgo vascular como la hipertensión arterial, el colesterol, la falta de ejercicio, la diabetes y la obesidad aumentan las probabilidades de padecer la enfermedad. El nivel de educación también es un factor que contribuye a disminuir el riesgo.

 

¿Cómo es el tratamiento?

Debe ser multidisciplinario, que integre un neurólogo, un psiquiatra, un terapista ocupacional y acompañante terapéutico. En las primeras fases es muy importante que la persona realice una estimulación cognitiva con un profesional experto, que en base a una evaluación de las funciones mentales y tests desarrolle la estrategia a seguir. Paralelamente, se toman medidas preventivas para ajustar los factores de riesgo que pueden complejizar el cuadro, tales como el stress, sedentarismo, hipertensión arterial, colesterol y factores nutricionales.

En las fases más avanzadas, se suele comenzar con tratamientos de drogas que actúan a nivel cerebral y enlentecen la progresión, mejorando la calidad de vida. En las etapas más severas se debe tratar con cuidados de enfermería, kinesiología para la marcha y los movimientos, así como un seguimiento de otras complicaciones clínicas.

¿Cuál es el rol de quienes acompañan al paciente?

Aunque la enfermedad no tiene cura y médicamente se debe tratar, el entorno y los vínculos familiares pueden hacer mucho para mejorar la calidad de vida de los pacientes. “Es importante recordar que la persona enferma sigue siendo una persona, por encima de la enfermedad. Que tiene necesidad de afecto y de interacción con los demás como lo requieren el resto de las personas”, resalta Golimstok. En principio, es fundamental saber que no deben vivir solos. Los especialistas recomiendan evitar contradecir, reprochar o marcar los errores de manera insistente, porque eso trae inseguridad y angustia a la persona que atraviesa la enfermedad; se trata de supervisar las actividades, pero de un modo disimulado. Estimular el ánimo y evitar el aislamiento son muy importantes: crear ambientes agradables en el hogar, escuchar música relajante y mantener la casa lo más ordenada posible para evitar trastornos conductuales. Además, es recomendable que la familia estimule a la persona a que conserve un cuaderno o anotador con toda la información que es importante como números de teléfono, actividades, direcciones, así como sostener una rutina diaria activa.

¿A dónde recurrir?

Para quienes están recién diagnosticados, es fundamental acudir a quienes ya pasaron por el mismo proceso, no solamente para comprender y enfrentar la enfermedad, sino también para adquirir buena información. En A.L.M.A (Asociación Lucha contra el Mal de Alzheimer), los integrantes buscan mejorar la calidad de vida de las personas, contener al grupo familiar a través de asesoramiento y grupos de apoyo, promover la investigación científica, capacitar a los cuidadores y difundir síntomas. Es el mejor lugar donde acudir, y una vez por mes organizan un té en el que se reúnen pacientes, familiares y amigos en un intercambio común y muy productivo. Más información en www.alma-alzheimer.org.ar.

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