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Miércoles 13 de marzo de 2013

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La violencia de género en el mundo

Con esta anécdota personal, nuestro columnista reflexiona sobre el drama de la violencia de género y lo difícil que sigue siendo para muchas mujeres hacerle frente

Por Osvaldo Cattone  |   Ver perfil

 
 

Hace unas semanas, el timbre de mi casa sonaba insistentemente a las 4 de la madrugada. Los perros ladraban y Sophia –mi perra chihuahua– saltó de la cama. Llegué a la puerta de entrada al mismo tiempo que uno de mis empleados, que también se despertó con semejantes golpes. La mujer que estaba del otro lado gritaba en forma desesperada. Se trataba de una vecina, que vive a dos casas de la mía con su pareja y sus dos hijos. Tenía la mejilla sangrando y quería que la defendiéramos de su marido, que le había dado una trompada terrible. La hice pasar, la curamos con agua oxigenada y la retuvimos en casa hasta que una hermana vino a buscarla. Me pareció que hice lo que debía, no más, porque es ella la que tenía que resolver el problema con él. No yo, que ni siquiera lo conozco. Pero en el tiempo que estuvimos conversando, mientras la atendía, me contó que él era muy violento, que la castigaba verbal y físicamente, y que ella no se animaba a ir a la policía porque sabía que no conseguiría nada, y además corría el riesgo de aumentar la furia de su marido.

Pero aquí no termina esta historia. Un mes después, el hombre le pegó un tiro a un amigo que estaba conversando con ellos después de comer y que disintió sobre un hecho político que los hizo pelear. Lo mató. Se trataba de un vecino que vivía en la casa de enfrente y que era su mejor amigo. ¡Si le hizo eso a su mejor amigo, qué no le hará a un enemigo! Estuvo preso unos días y de pronto nos enteramos que viajó a Estados Unidos. El poder del dinero con una policía corrupta: un asesino suelto.

Este hecho delictivo sirvió también para enterarnos de que varias amigas de la mujer golpeada son también agredidas y que no hacen denuncias porque forman parte de cierta elite económica y no quieren involucrarse en los mismos trapos sucios que las mujeres "de pueblo". Prefieren callar por vergüenza, para que las amigas no se enteren, ni la familia intervenga en la malsana relación que mantienen dentro del "sagrado" vínculo matrimonial. En Perú se llama violencia de género y el Ministerio de la Mujer ha creado una repartición especial para atender casos de abuso de autoridad que los hombres cometen hacia sus parejas, pero los casos que se resuelven son de barriadas, villas y mujeres que denuncian cuando la violencia extrema las empuja a defender a sus hijos. La gente que tiene un cierto poder cultural o adquisitivo no quiere verse involucrada en atestados policiales o, lo que es peor, en la prensa. Y entonces, o soporta en silencio o, si tiene la fuerza necesaria, toma la acertada decisión de separarse.

Levantarle la mano a una mujer me parece una actitud cobarde, alejada de la civilización y la barbarie que hemos dejado atrás cuando salimos de las cavernas para recorrer los caminos del conocimiento. Pero creo, sinceramente, que la mujer tiene el deber, no sólo el derecho, de enfrentar y revertir esta situación, condenando sin piedad la impiedad que las castigó a ellas. El "perdón, querida, fue un mal momento" es la primera piedra con la que se vuelve a tropezar inmediatamente. Porque volverá a ocurrir. Es más, hay hombres que sólo pueden comunicar su superioridad a través de la violencia. Y terminan por sentir placer en ejercer un régimen de terror en el que son obedecidos únicamente por miedo.

Ningún ser humano es inferior a otro. Puede haber diferencias culturales, económicas, étnicas, pero todos tenemos derecho a ser tratados con respeto. A través de los siglos hemos adquirido la facultad de dominar la naturaleza, trabajando a favor del progreso. Hoy estamos rodeados de confort. No puede ser que la fiera que hemos dominado salga a relucir con la ferocidad del pasado. Yo creo que todo se puede entender si se dialoga. Pero quizá esto sea lo más difícil, por eso hay tanta pareja destruida, porque las bases de su composición fueron equivocadas. El boxeo siempre me pareció un deporte sin sentido..

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