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Viernes 15 de marzo de 2013

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Escocia, Irlanda y Noruega, conocé sus paradas obligatorias

Fortalezas, cruces rúnicos y castillos; te damos algunas recomendaciones para un viaje plagado de historia

 
 

La fama de este antiguo pueblo no es de las mejores. Incendios, saqueos y destrucciones marcaron la era vikinga, desde el primer ataque a un monasterio británico en el año 793 hasta la muerte de su último rey en Inglaterra en el 1066. Con este hecho, cesaron las expediciones a bordo de sus barcos por las costas europeas, se establecieron en diferentes países, abandonaron a Odín, Thor y los demás dioses nórdicos, y se convirtieron al cristianismo. Poco a poco fueron adoptando las costumbres de cada lugar al que pertenecían y así desaparecieron. Sin embargo, más allá de su fugaz paso por el mundo, se instalaron para siempre en el imaginario popular y dejaron huellas que hoy son invaluables joyas arqueológicas.

 

Escocia

Más allá del whisky y de la kilt (falda escocesa), las costumbres de esta nación británica se remontan a muchos siglos atrás, cuando la belleza natural de estas tierras deslumbró a los guerreros vikingos, que se asentaron en las islas escocesas, principalmente en las Shetland. En este espectacular archipiélago, durante el verano hay 19 horas de luz y la aurora boreal es uno de los espectáculos más maravillosos que jamás se hayan visto. La naturaleza predomina aquí entre miles de vestigios arqueológicos, como el gran asentamiento prehistórico de Jarlshof, que tiene más de 7000 años de antigüedad, donde se hallaron edificaciones tanto de la Edad de Bronce y de Hierro, como viviendas vikingas y granjas medievales. Lerwick es la capital de las islas y en enero se celebra el festival del fuego vikingo, Up-Helly-AA, en el que una gran comitiva con cascos y ropas típicas se dirige hasta la orilla del mar para quemar una réplica de un barco vikingo en medio de una noche iluminada por cientos de antorchas.

 

De vuelta en el continente, Ardnamurchan, una bellísima península al oeste de Escocia, fue testigo privilegiado de la historia vikinga. Hace poco tiempo se descubrió allí un barco funerario dentro de un pozo de 16 metros que podría tener más de mil años. Junto al bote, había un hombre enterrado también con su hacha, espada, lanza, escudo y un prendedor en forma de anillo hecho de bronce. Probablemente se trató de un vikingo de alto rango, porque esta región era considerada sagrada.

Dónde dormir

  • Busta House Hotel: una casa antigua en las Islas Shetland (135 euros la habitación doble)
  • The Kveldsro House Hotel: de estilo rústico, en Lerwick (165 euros la noche)

Irlanda

 

Los vikingos llegaron al país de la cerveza negra en algún momento del siglo IX y fundaron diferentes ciudades, entre ellas Dublín. La capital irlandesa es un destino muy requerido para filmar películas que se remontan a los tiempos medievales, porque las tradiciones ancestrales aún se mantienen intactas. Wood Quay es una de ellas. Esta zona dublinesa ubicada a orillas del río Liffey fue descubierta en un proceso de excavación para construir edificios y parte de los tesoros arqueológicos encontrados se exhiben en el Museo Nacional de Irlanda. Otros de los hitos vikingos de la ciudad es el Temple Bar, que en la Edad Media funcionaba como asentamiento comercial de los vikingos una vez en tierra, y hoy es un barrio céntrico y moderno, donde conviven los mejores pubs de la ciudad con mercados de comidas y antigüedades.

A 70 km hacia el Norte, está el pequeño pueblo de pescadores de Annagassan, que hace tres años se ubicó en el mapa vikingo porque se descubrió allí una enorme construcción del año 841, la Fortaleza de Linnduchaill, donde los "hombres del norte" se refugiaban del crudo invierno irlandés. En agosto, cada año, los habitantes de Annagassan celebran sus raíces vikingas recreando batallas y comidas tradicionales.

Si bien pertenece al Reino Unido, desde Dublín se puede tomar un ferri hasta la Isla de Man, un pequeño paraíso en el Mar de Irlanda, donde los vikingos dejaron sus huellas en los cementerios, las cruces rúnicas y los fabulosos castillos. La isla es muy pequeña, pero muy interesante para recorrer, y sus pocos habitantes mantienen vivo el espíritu escandinavo durante todo el año, pero en especial en julio, cuando se celebra un festival vikingo que reúne a fanáticos de todo el mundo.

Dónde dormir

  • Fleet Street Hotel: en el barrio antiguo de Temple Bar (90 euros la habitación doble)

  • Selfon Hotel: en la Isla de Man (120 euros con desayuno incluido)

Noruega

Esta es la tierra vikinga por excelencia, donde surgió uno de los tres grupos vikingos originarios. Como la costa noruega es extensa y con numerosos fiordos que penetran en el país, gran parte de la población vive cerca del mar. Esto hizo que el pueblo se dedicara a la navegación y, en principio, los vikingos noruegos partieron con fines pacíficos, solo para extender sus horizontes. Pero más tarde, con el perfeccionamiento de sus naves, pudieron llegar a diferentes lugares para conquistarlos, como Islandia, Groenlandia y Vinlandia (parte de la actual Canadá).

 
En Oslo, la majestuosidad de sus embarcaciones de roble con dragones en la punta, llamadas drakkars ("dragón" en islandés antiguo), se pueden ver de cerca en el Museo de los Barcos Vikingos, donde se encuentran dos ejemplares completos y fragmentos de un tercero. Todos fueron encontrados enterrados bajo tierra a principios del siglo XX, con diferentes utensilios, porque eran utilizados por la nobleza como cámaras funerarias.

Otro museo que vale la pena visitar es el Lofotr, ubicado en Borg, dentro de un archipiélago en el Círculo Polar Ártico. Aquí, se encontró una vivienda de un jefe vikingo de casi 100 metros de largo que fue el puntapié para crear toda una experiencia vikinga en la zona, donde guías vestidos con las ropas típicas recrean escenas medievales, se sirven cenas típicas y hasta se puede remar en una réplica de un barco vikingo.

 

Además de excelentes navegantes, los vikingos eran comerciantes y vendían todo tipo de botines que conseguían en sus expediciones. El Mercado Vikingo de Gudvangen, en uno de los fiordos noruegos declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es perfecto para darse una idea de la vida vikinga, experimentar sus costumbres y comprar artesanías.

Dónde dormir

  • Hotel Continental: cerca del Palacio Real en Oslo (300 euros la noche)

  • Snaasa Hotel: cerca del museo Lofotr en los fiordos noruegos (130 euros la habitación)
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