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Viernes 04 de enero de 2013

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El paraíso está cerca

Sin tener que atravesar ningún océano, ni volar hasta el otro lado del mundo, se puede vivir una experiencia única. La fórmula incluye playas vírgenes, aguas cristalinas y arrecifes de de colores. Tres bellezas americanas donde es posible detener el tiempo y solo disfrutar

Por Guadalupe Rodríguez

 
 

Porto de Galinhas, Brasil

 
Se puede bucear en cuevas submarinas, de día o de noche.  Foto: Gentileza Asoc. de hoteles de Porto Galhinas y Sec. de Turismo, Cultura y Deportes de Ipojuca


"Tem galinhas no porto" (hay gallinas en el puerto) era el código que los contrabandistas utilizaban para avisar que llegaba un nuevo cargamento de esclavos entre las gallinas de Angola para trabajar en las plantaciones de caña de azúcar. Y así, este pequeño pueblo de pescadores a 65 km de Recife y privilegiado por la naturaleza dejó de llamarse Porto Rico y pasó a ser una de las playas más hermosas y paradisíacas de Brasil y del mundo. Cuatro kilómetros de arena blanca, cocoteros por donde se mire, y agua cálida y transparente. Esto parece ser suficiente para sentirse en un edén terrenal, pero hay más, mucho más. Piscinas naturales donde interactuar con cientos de peces de colores entre arrecifes a los que se puede llegar nadando si la marea está baja, o en jangadas, pequeñas embarcaciones a vela que salen desde la orilla; comida regional especializada en frutos de mar con toques de gastronomía internacional; un pueblo sencillo, rústico y playero para recorrer por la noche y comprar artesanías; y naturaleza virgen y explosiva a cada paso.


 
Jangadas en las piscinas naturales.  Foto: Gentileza Asoc. de hoteles de Porto Galhinas y Sec. de Turismo, Cultura y Deportes de Ipojuca


En este nirvana de mar el tiempo parece detenerse y la vida transcurre prácticamente en la playa. Pero para aquellos visitantes inquietos que desean más que recostarse en la arena blanca con una caipirinha en la mano, existe una buena cantidad de opciones: alquilar un buggy para ir hasta Muro Alto, una playa tranquila y extensa con una gran barrera de corales; bucear en cuevas submarinas, de noche o cerca de barcos hundidos; surfear en las gigantes olas de Maracaípe o Cupe; visitar el Proyecto Hipocampo y conocer de cerca a los caballitos de mar en su hábitat; entre septiembre y marzo presenciar el de-sove nocturno de las tortugas marinas, uno de los espectáculos más impresionantes de la naturaleza; sobrevolar las piscinas naturales en un ultraliviano o sentirse Brooke Shields en La laguna azul debajo de las magníficas cascadas. Luego de unos días en este sitio descomunal, una sola cosa es segura: dan ganas de llevarse un poco de ese paisaje en la valija para tenerlo siempre cerca y no olvidarlo jamás.

 
Playa de Muro Alto.  Foto: Gentileza Asoc. de hoteles de Porto Galhinas y Sec. de Turismo, Cultura y Deportes de Ipojuca


Dónde dormir
- Best Western Plus Vivá Porto de Galinhas: al borde del mar (US$300 el apartamento).
- Nannai Beach Resort: con spa (US$400 la suite).
- Pontal de Ocapora: frente a las piscinas naturales de Cupe (US$287 el bungalow).
Más info
- Como uno de los principales atractivos son las piscinas naturales que se forman cuando la marea baja, es importante tener información sobre el estado de las mareas para que coincidan con los horarios de playa. Hay dos bajamares por día, por lo general, una a la mañana y otra a la noche. Para consultas: www.tablademareas.com/br/pernambuco/porto-de-galinhas
- La oferta hotelera es muy amplia. Hay desde lujosos resorts con cancha de golf hasta pequeñas y mágicas posadas. Hay info en www.visiteportodegalinhas.com
- Se hace de noche como máximo a las seis de la tarde. Por eso es conveniente levantarse bien temprano para disfrutar el día de playa.

Cayo Ambergris, Belice

 
Puerto de San Pedro.  Foto: Latinstock


Cálido sol caribeño, el segundo arrecife más grande del mundo después del australiano, hermosísimas playas de arena muy blanca, palmeras ondulantes y música tropical. Cayo Ambergris es la isla más popular y extensa de las doscientas que forman parte de Bélice, único país de habla inglesa de Centroamérica, en el que confluyen diferentes culturas, como la civilización maya, por lo que allí también se habla español. Desde el continente, se puede tomar un taxi acuático o una pequeña avioneta y aterrizar en San Pedro, la única ciudad de la isla, un antiguo pueblo de pescadores, que debió adaptar su tranquilidad al turismo, cada vez más intenso. De todos modos, aún todo es bastante virgen, las casas son bajas y de brillantes colores, con exuberantes jardines plagados de flora y fauna tropical. Hay muchas opciones de hoteles, desde los más lujosos con restaurantes increíbles, hasta otros más rústicos, en sintonía con el espíritu local.

 
Pared de corales.  Foto: Latinstock

El que llega a esta idílica isla no puede evitar la tentación de hacer snorkel o bucear en las aguas azules, entre paredes verticales de corales, espectaculares cañones y cuevas subterráneas. Blue Hole es uno de los mejores sitios del mundo para el buceo profesional, para nadar con los tiburones gato o para sumergirse durante la noche. Como la barrera de arrecifes está a unos 800 metros de la playa detiene las olas y el mar es literalmente una pileta cálida. En él viven infinidad de peces de colores que se confunden con los tonos del coral, que van desde el blanco, verde, rosa, colorado y violeta hasta el negro. Otras de las actividades para alternar con el descanso absoluto sobre la arena son aladeltismo, pesca deportiva, vela y travesías de ecoturismo.


 
Un paisaje de ensueño.  Foto: Latinstock

Dónde dormir
- Las terrazas resort: con vistas al boque tropical (US$300 la noche).
- Belize Yatch Club Resort & Marina: con casino (US$175 por persona).
- Maruba Resort Jungle Spa: incluye jungla privada (US$450 la jungle tree house suite).
Más info - Se necesita visa para entrar al país, que se tramita en la Embajada Británica.
- El clima es tropical, muy caluroso y húmedo. Entre junio y noviembre está dentro del área de influencia de los huracanes.
- Es un lugar muy popular para celebrar bodas sobre la arena a la luz de la luna.

Los Roques, Venezuela

 
Una de las playas de Los Roques.  Foto: AFP y gentileza Revista Lugares


La magia de esta parte del paraíso en la Tierra comienza al subir a la avioneta que después de 45 minutos aterrizará en una pista estrecha y vertiginosa, casi sobre el mar. Pareciera escucharse a lo lejos a Tatoo de la Isla de la Fantasía gritar: "El avión, jefe, el avión". No hay palabras para expresar lo que los ojos vieron en el trayecto: agua caribeña bien turquesa, cientos de cayos de arena blanca, corales y la naturaleza a sus anchas. Desde el cielo, el archipiélago de Los Roques promete una experiencia fuera de serie, que una vez en tierra se cumple a la perfección. Se puede partir desde Caracas, Maiquetía, Isla Margarita o Maracaibo y se llega por aire al Gran Roque, la isla principal de las 50 que forman el atolón, donde se concentra el 99% de la población y todos los servicios. Las calles del pueblo son todas de arena y las prolijas casas de colores reflejan el espíritu local, sin ningún signo de estrés ni de apuro. Uno de los lemas de sus habitantes pareciera ser live slow. Como esta maravilla terrenal es el parque nacional marino más extenso del Caribe, se han impuesto ciertas restricciones. No existen hoteles cinco estrellas, sino una gran variedad de posadas, de las más sencillas y económicas hasta las más lujosas; y todo se maneja con estrictas reglas de cuidado ambiental.

 
Vista aérea del archipiélago de Los Roques.  Foto: AFP y gentileza Revista Lugares

Desde aquí salen las embarcaciones hacia las demás islas, algunas pocas tienen lugares donde dormir, la mayoría se visitan en el día. Las más concurridas son Francisquí, tres pequeños cayos unidos por una piscina natural; Cayo Pirata, donde sólo viven pescadores de langosta; Noronquí, donde únicamente hay un refugio de madera; y Dos Mosquises, sitio de un magnífico tortuario en el que se puede apadrinar a uno de los tantos ejemplares de tortugas marinas. Como el viento es constante y no muy fuerte, este archipiélago es el lugar soñado para hacer kitesurf. Se puede ir navegando entre los cayos y los bancos de arena, como flotando en la mitad de la nada; eso sí, siempre acompañado de una embarcación. La experiencia no está completa si no degustamos las famosas empanadas de cazón en algún puesto del pueblo y por supuesto la langosta, en todas sus presentaciones. En este edén lleno de colores, con arrecifes aún inexplorados, la tranquilidad reina y la naturaleza todavía hace lo que ella desea..

 
Imposible no cruzarse con una langosta.  Foto: AFP y gentileza Revista Lugares

Dónde dormir - Posada Natura Viva: sobre la playa (US$430 la habitación doble).
- Posada Acuarela Los Roques: con un excelente restaurante (US$450 la suite).
- Posada Piano y Papaya: con paneles solares y cocina gourmet (US$150 en base doble).
Más info - Debido a las condiciones ambientales extremas y a la carencia de ríos o agua dulce, los animales terrestres no abundan. Sólo hay algunas especies de iguanas, lagartijas y pocos insectos. Eso sí, las aves y la fauna marina son de una riqueza absoluta.
- Muchas de las lanchas que se alquilan incluyen sombrillas, porque en los destinos no hay ningún tipo de refugio.
- Al llegar al Gran Roque hay que pagar una tasa por el ingreso al parque nacional de 170 bolívares (US$40).

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