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Viernes 23 de noviembre de 2012

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Yo (también) me quiero casar

Aunque nos hagamos las duras y no querramos confesarlo, todas en algún momento soñamos con casarnos. Cómo es el "Sí, quiero" según pasan las décadas… y los matrimonios.

Por Maju Lozano  |   Ver perfil

 
 

Ya lo decia el famoso filosofo Roberto Galán: "Yo me quiero casar, ¿y usted?". Con el correr de los tiempos muchas cosas cambiaron, el rol de la mujer se fue adaptando a las exigencias modernas y a las diferentes demandas, hemos sabido sortear obstáculos impensados e ido cambiando nuestros deseos y prioridades. Todo ha dado mil vueltas y tomado mil formas, pero lo que sigue casi intacto en las mujeres –o al menos en la mayoría– es el deseo de casarse.

Hasta hace no muchos años, las mujeres se casaban muy muy jóvenes y una treintona o cuarentona que no había dado el "sí" quedaba –como diría mi abuela– "para vestir santos". Por suerte, esta es otra de las cosas en las que evolucionamos. Gracias a Dios y a todos los santos, ya casi ni se escucha la palabra "solterona", y una tiene más abierta la ventanita y la esperanza de algún día casarse, sin importar a qué edad lleguen las ganas.

Claro que la visión del matrimonio no es la misma a los veinte o a los treinta, que a los cuarenta o a los cincuenta.

A los veinte, la fantasía, el entusiasmo, y sobre todo la calentura, se apoderan de nosotras. Todo tiene que ser mágico, como en los cuentos de hadas: vestido enorme lleno de volados, una gran cola, el ramo más lindo, el príncipe azul, todo perfecto… Casi, casi como en las películas de Disney. Todo es soñado, pensado y planeado. La familia excitada participa en todo y el papá de la novia, por lo general, paga la fiesta. La promesa es "hasta que la muerte nos separe".

A los treinta, el vestido baja su dimensión, la cola se acorta, el ramo es más chico, la familia está menos excitada, el príncipe pasa a ser celeste y, por lo general, la fiesta la paga el que puede. La promesa pasa a ser "hasta que la muerte nos separe o tal vez un poquito antes".

A los cuarenta, el vestido se compra hecho y pensamos que "sea ponible" para algún otro evento, el ramo es un par de flores lindas compradas en la esquina, la familia se entera a último momento, la fiesta la pagan vos y tu pareja, y el príncipe te parece apenitas celeste. Eso si es que no te da por hacer un viaje sin avisarle a nadie y casarte en Las Vegas, y que todos se enteren por Facebook. La promesa es "hasta que la muerte nos separe o alguna pendejita de 20 se te cruce en el camino".

A los cincuenta el vestido se convierte en tailleur, el ramo es improvisado, la familia es un lío (la mitad está peleada y tal vez los hijos de tu futuro marido no estén de acuerdo con esta unión) y la fiesta es en la parrilla del barrio o en la terraza de tu casa. A esta altura ya no sabés de qué color es el príncipe. La promesa es "hasta que la muerte nos separe o alguno vuelva con su ex".

A los sesenta todo vuelve casi a los veinte. La ilusión vuelve ser enorme. Si decidiste casarte a esta edad, lo querés todo. Invitás hasta a tus parientes que viven en España y hace treinta años que no ves, la cola te la llevan tus nietos y la fiesta te la regalan tus hijos o sobrinos. El príncipe es el más azul de todos los azules. La promesa es "hasta que la muerte nos separe", total… perdido por perdido.

Claro que todo esto puede variar y la edad no tener nada que ver con la ilusión y el miriñaque. Yo, con el correr de los años, he ido cambiando y, si bien siempre sostuve que jamáaaaaaaaaaaaaaaaaaaas me casaría, que el matrimonio no era para mí, que la promesa de que "hasta la muerte nos separe" me daba fobia y ataques de pánico, que gastar una fortuna en la fiesta me parecía una gran pavada y que hacerme el vestido de princesa me parecía de inmadura (sí, sí, soy una amarga prejuiciosa), debo confesar que a mis cuarenta, el bichito del casamiento me está empezando a picar y que cuando veo La Cenicienta pienso cómo me quedaría ese vestido. Y cada vez sueño más seguido con esa voz inconfundible que me pregunta al oído: "Yo me quiero casar, ¿y usted?".H.

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