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Viernes 26 de octubre de 2012

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Ni exigente ni sumisa

En el proceso de independencia femenina se han instalado dos conductas en la mujer, que se asumen tanto en las relaciones como en la vida íntima. Tienen que ver con el control sobre el otro. Ambas, aunque opuestas, parecen funcionar con el mismo motor: el miedo

Por Pilar Sordo  |   Ver perfil   |  www.pilarsordo.cl

 
 

Hay un tipo de mujer que asume que tiene que cumplir con la pareja, por lo que tiende a ser sumisa en apariencia pero, en los hechos, es ella quien se pone sola en ese lugar. Una de sus motivaciones para actuar así, no respetando sus propias necesidades, es el miedo. Miedo a que el otro le sea infiel, a perder al hombre si no hace bien la "tarea". Le teme a los problemas en la relación, por lo que sólo cumple.

Esta mujer acumula rabia, porque el hombre que la acompaña no siempre es cariñoso ni valora el proceso, sino que muchas veces, por el contrario, ejerce un poder sexual que considera poco el afecto de ambos. Ella siente que podría vivir sin relaciones sexuales y que la intimidad es parte de sus "funciones", por lo que no la visualiza como un disfrute.

Esta mujer que sólo cumple ve al otro como lejano e irrespetuoso. Tampoco dice ni manifiesta lo que le pasa: "castiga" al otro no transmitiéndole placer.

En su cabeza y su corazón, ella anhela noches románticas, donde el afecto privilegie lo sexual y en donde se converse mucho antes de entrar en la intimidad.

En este caso el desafío es hablar, darse espacio para conversar, reírse y comunicarse más allá de la intimidad. Esta mujer necesitaría también revisar su clóset, cambiar colores, ponerse aros distintos, probar todo lo necesario para recuperar su seducción, pero no desde lo sexual, sino desde su autoestima.

En el otro extremo, donde se agrupa la gran mayoría de las relaciones, está la mujer que exige. Aparentemente, ella se ve superevolucionada y se supone que está a años luz de la anterior, porque ha reivindicado su derecho al placer. Se ve como una mujer independiente, que dice no necesitar pareja y ejerce todo su control para que las cosas se hagan como ella dice. Si no es así, "hasta luego y mucho gusto" es lo que se escucha, ya que ella no está para pasarla mal y "prefiere seguir sola".

Lo cierto es que esta mujer no se distancia tanto de la anterior, porque su exigencia también sale de la rabia y se sustenta en el miedo. Ella se protege de su vulnerabilidad mediante su postura en extremo independiente y siente que este mecanismo la ayuda a no ser dañada por el otro.

Su pareja tampoco se siente bien en esta relación. A corto plazo él siente que se inhibe y que no puede desarrollar su masculinidad en su total magnitud. Comienza a cohibirse y a percatarse de que no tiene mucho que hacer, porque todo lo realiza ella.

El camino real hacia la seducción es equilibrado y tranquilo. Permite jugar con los extremos –y está bueno que así sea– pero tiene más que ver con una buena conversación que con una actitud demasiado sumisa o atrevida. La consigna parece ser "ni tanto ni tan poco".

Los orientales plantean que sólo hay dos fuerzas para actuar en la vida, el amor y el miedo, y que todas las emociones del ser humano subyacen en estas dos.

Aquí vemos que ambos polos de mujeres se movilizan desde el miedo, y que el amor y la entrega no satisfacen el mundo emocional de ninguna. Por lo tanto, el camino a transitar, en los dos casos, es el mismo. Tenemos que concluir que la seducción sana y limpia es una entrega incondicional más cercana al alma, y no tanto al cuerpo.

Si exiges o cumples, no seduces, por lo tanto, un poquito de todo parece ser la solución..

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