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Martes 09 de octubre de 2012

su bienestar

Huerta en el balcón

No se necesita más que unos pocos metros para disfrutar del placer de comer vegetales sin pesticidas, frescos, sanos y absolutamente naturales

Por Virginia Poblet

 
 

 

No es necesario tener un terreno enorme ni un diploma, basta con un poco de tierra, agua, luz, paciencia y atención para agregar al plato verduras y aromáticas hechas en casa. Más que espacio, lo que se necesita es sol y ambiente sano, cosas que pueden conseguirse en balcones, patios y terrazas de cualquier ciudad. Aquí, algunos consejos para dar los primeros pasos para tener una huerta familiar.

Manos a la obra

Para que las plantas crezcan bien es preciso que cuenten con un ambiente sano; esto es, sol, buena tierra y ecosistema óptimo.

Sol: primero hay que buscar el lugar donde haya más tiempo de sol. Lo mejor es que dé todo el día, lo mínimo imprescindible son cinco horas. Eso sí, en verano, cuando el sol es más fuerte, es aconsejable poner una media sombra. "Hay propiedades como la vitamina C y los antioxidantes que están relacionadas a la exposición solar. De todos modos hay plantas como las hortalizas que se adaptan a la sombra. Serán más chicas, pero conservarán el sabor", dice la ingeniera agrónoma Marcela Harris, coordinadora del Programa de Extensión Universitaria en Huertas Escolares y Comunitarias de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires. Si es poco, se puede al menos probar con las verduras de hoja como rúcula, lechuga, radicheta y aromáticas como romero y menta. Y si el sol da contra una pared, ¿qué tal hacer una huerta vertical, tipo patio andaluz?

Tierra: la buena tierra es negra, con olor a tierra y que se separa al agarrarla. Se tiene que poder meter una pala y las raíces tienen que poder crecer y desarrollarse. Cuanto más negra, más contenido orgánico tiene y más se la puede mejorar con compost o lombricompuesto.


 

¿En qué recipientes?: macetas, pero también hay otros objetos que pueden servir como tales. "La idea es cambiar el ojo, ver el desecho como un recurso. Un balde roto, un cajón de verduras envuelto con plástico, una vieja heladera de telgopor, muchas cosas pueden servir, lo importante es que tengan buen drenaje; por eso hay que ponerlas sobre ladrillos o algún objeto que las aleje del piso para que el agua fluya", dice el permacultor Francisco Barroso Lelouche. Lo ideal es que el recipiente tenga unos 40 centímetros de profundidad para que las raíces crezcan a gusto. Si la huerta será vertical, hay que buscar macetas livianas o hacer unas caseras con botellas de plástico cortadas o caños de PVC. En este caso es importante comprobar cuán resistente es la pared.

A sembrar: finales de otoño y primavera son las mejores épocas para plantar. El tema es: ¿qué semillas? Siempre van a ser mejor las locales, porque son más resistentes a las enfermedades de la zona. Pero ojo: hay que fijarse que no hayan sido modificadas genéticamente.

¿Cómo saber si las semillas son buenas? Los expertos dan un secreto: colocar sobre una bandeja de telgopor un papel de cocina húmedo y, sobre él, poner unas 15 semillas y taparlas con una bolsa plástica o papel film. Si en dos semanas germinan más de la mitad, las semillas son óptimas y se pueden plantar.

Qué plantar: para empezar, hortalizas, que crecen en pocos meses, y aromáticas. "Hay que crear un pequeño ecosistema, imitar a la naturaleza, con flores, frutos y hojas, esto da una diversidad de bichitos que le hace bien a la tierra y a las plantas", explica Laura Tanzariello, técnica del programa Pro-Huerta del INTA. Por ejemplo: el tomate puede convivir en la misma maceta con flores como taco de reina o copetes u hojas como albahaca, y los bichitos que irían al tomate se van a las otras plantas. Como las hortalizas se alimentan de distintos nutrientes y a diferentes estratos del suelo, un buen truco es intercalarlas para enriquecer la tierra. Frutos como la berenjena maridan muy bien con hojas como la lechuga. Pueden convivir en el mismo recipiente o cerca de legumbres (habas, porotos), verduras de hoja (espinaca, acelga), de fruto (pimiento, calabacín) y de raíz (cebolla, remolacha). Si se compran las semillas en sobres, allí se indica el tiempo de siembra. En Internet también pueden consultarse calendarios de siembra.


 

Humedad: el riego depende de la temperatura del ambiente. La tierra tiene que estar húmeda, no hay que encharcar la planta. Una buena manera de ver si está óptima es enterrar un poquito el dedo, ya que la tierra de arriba suele estar más seca que el interior. En cuanto se vea que sale el agua por abajo, hay que dejar de regar. Poco a poco se aprende a encontrar el punto exacto sin que salga una gota afuera.

Cuidado del suelo: "Para que la tierra sea fértil es importante planificar, hacer una rotación de cultivo, no sembrar en el mismo suelo la misma planta ni otra que sea de la familia", advierte Marcela Harris. Por ejemplo, si se sembró tomate, no poner pimiento allí en la próxima siembra. Sí se puede poner una verdura de hoja, que explota menos el suelo.

Meter un trozo de madera seca, una ramita o un hueso dentro de la tierra facilita la vida de los insectos, que generan compost y aireación. También es importante que el rayo de sol no pegue directo en la tierra: se puede hacer un acolchado sobre el suelo con viruta, paja seca, pasto seco o yerba usada para que mantenga la humedad y se genere vida microbiana.


Para agendar

Talleres Pro-huerta del INTA: para participar, hay que mandar un e-mail a ambaph@correo.inta.gov.ar, consignando además en qué zona se vive para que ellos te deriven al taller más cercano.
Permacultura: Federico Barroso Leluoche dicta talleres en otoño y en primavera. Los interesados deben dirigirse a urbanapermacultura@gmail.com.

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