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Jueves 06 de septiembre de 2012

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El fotógrafo Mario Testino abrió un espacio cultural en Lima

Nuestro columnista compartió con Susana la apertura del centro de arte que el artista peruano inauguró en la capital de su país y nos cuenta su experiencia

Por Osvaldo Cattone  |   Ver perfil

 
 

Hace un mes Lima se paralizó por unos días. Se dejó de hablar de los problemas del Presidente con su gabinete (tres cambios en un año), de las huelgas, de la minería, del narcotráfico y hubo un solo acontecimiento que concitó la opinión, la curiosidad y el interés de la mayoría: la inauguración del Museo de Mario Testino. El gran fotógrafo peruano que llegó a ser el confidente de Lady D (a quien retrató como nadie), y que sigue siendo el gran amigo de sus hijos, al punto que fue el único que tuvo la exclusiva de la boda de William y Kate.

El hombre que retrata a las mujeres más bellas del mundo, poniéndolas, si cabe, más hermosas, decidió regalar a la ciudad que lo vio nacer un espacio de arte donde no sólo él, sino también pintores peruanos y fotógrafos locales, pudieran exhibir sus obras. Con su propio dinero y sin acudir a ningún sponsor, compró (en varios millones de dólares) dos casas contiguas, republicanas, de 1870, en el distrito de Barranco, una suerte de San Telmo, que recicló y dejó fabulosas.

Testino fue elector riguroso de sus invitados y hasta la noche de la inauguración nadie supo quién iba a estar y quién no en ese maravilloso evento. Porque lo fue. Cuando recorríamos los salones, espléndidamente iluminados, con esos inmensos retratos de Naomi Campbell, Demi Moore, Kate Moss, Gisele Bündchen y Nicole Kidman, algunas totalmente desnudas, otras enfundadas en Chanel, Dior, o en alguna extravagancia de Gaultier, comprendimos el valor del lente a través de la propuesta de un artista que es, en sí mismo, un creador de belleza. Testino es el heredero de Beaton, Avedon y todos los grandes que captaron momentos sublimes.

Yo tuve un doble regalo, porque de Buenos Aires llegó, como figura central, nuestra Susana Giménez. Y me pareció un gran acierto de la organización que fuera ella la estrella de este evento internacional, porque nadie podía representar mejor todo lo que ella significa en América. Pude probar in situ el amor que el público de la calle le demostró a su paso. No sólo la prensa, tan ávida de carne de cañón, sino aun las personas más humildes se rindieron ante el encanto que desplegó Susana, en un maratón de pocos días, donde se mostró interesada por todo, conversó con todos, se fotografió con todos, siempre con buen humor y energía, amable, educada, vital, encantadora. El periodismo y la gente quedaron fascinados y fue el centro de atención de todas las revistas, periódicos y programas de TV de la semana.

Sé que el pudor y la discreción de Su se van a oponer hasta lo posible a esta realidad que les estoy relatando, pero siento que tiene todo el derecho de ocultarla, así como yo lo tengo de contarla, porque después de todo se trata de una mujer argentina que es un fenómeno de América que, aun sin proponérselo, por el solo hecho de ser quién es, de estar tantos años en la tele, en el cine y en el teatro, se ha convertido en un ícono de una trayectoria deslumbrante a través de su trabajo, su esfuerzo y sus extraordinarias condiciones de comunicadora. Me sentí totalmente conmocionado, porque hace años que la conozco, que la admiro, que la quiero, y como un hermano mayor me sentí orgulloso de este fenómeno que su paso provoca.

El Museo Testino ya está en pie, para quien quiera gozarlo, como un regalo que el gran artista hace a su país. Y ese mérito no se lo puede quitar nadie. Está ahí, como una alternativa llena de belleza, que es la única manera de enfrentar la violencia que la vida cotidiana nos regala a manos llenas en la calle..

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