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Martes 28 de agosto de 2012

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Sorrento y Pompeya: dos destinos imperdibles del sur de Italia

Playas con aguas cristalinas y la historia de una ciudad que quedó bajo la lava

Por Guadalupe Rodríguez

 
 

 
El centro histórico de Sorrento. Foto: AFP. 
La leyenda cuenta que su antiguo nombre, Surrentum, deriva de las míticas sirenas que tentaban a los navegantes para que naufragaran contra las rocas. Según la Odisea, Ulises logró escapar de sus encantos tapando con cera los oídos de los tripulantes y atándose al palo mayor del barco para tener el privilegio de escucharlas pero no poder responder a su llamado; y ellas, humilladas por el héroe, se transformaron en los acantilados de las Islas Li Galli, entre Capri y Positano.

 
Las playas de Sorrento. Foto: AFP. 
Más allá del mito, lo cierto es que Sorrento fue fundada por los fenicios, luego pasó a ser una colonia griega y después romana, convirtiéndose en residencia preferida de los aristocráticos del Imperio. Con los siglos, sufrió el mismo destino que toda la región, y en 1558 fue saqueada por los turcos, hecho que llevó a la construcción de las murallas que demarcan el centro histórico de la ciudad. Sus pequeñas calles limpias, con flores y bien arregladas, respetan el trazo original que les dieron los romanos. Caminar por ellas y contemplar los palazzos es exquisito, así como visitar la Piazza Tasso, en honor al poeta Torcuato Tasso nacido en esta ciudad; la Catedral y su particular campanario bizantino; la emblemática Basílica de San Antonio, de estilo barroco, donde cada 14 de febrero se realizan procesiones y ferias; la iglesia San Francisco de Asís y sus claustros; y el Museo Correale, una villa del 1600 con un impresionante jardín, donde se exhiben obras de arte clásicas, napolitanas y medievales.

Las playas más concurridas son Marina Grande, con muchos restaurantes y casas que dan al mar; y Marina Piccola, un poco alejada y frecuentada por los más jóvenes. Otra opción para bañarse en las aguas cristalinas del Tirreno es Bagni Regina Giovanna, junto a las ruinas de una de las singulares villas romanas que abundan en la zona.


Dónde dormir . Imperial Hotel Tramontano, lujo al borde de los acantilados (200 euros la noche). Gran Hotel de La Ville, con playa privada y vistas privilegiadas (250 euros en base doble).
Dónde comer . O Parrucchiano, una serie de terrazas escalonadas, con música a toda hora. La especialidad: los gnocchi a la sorrentina y los canelones. Ristorante Il Buco, ubicado en una antigua bodega y muy elegante.
Más info. Es ideal llegar a Sorrento con la Circumvesubiana, un tren que tarda una hora desde Nápoles, va bordeando el volcán Vesubio y se detiene en distintas estaciones


Pompeya, ciudad de piedra

 
Las ruinas, desde arriba. Foto: AFP. 
Simplemente impresiona llegar a Pompeya (Pompeii en latín). Fiel testimonio del pasado romano, pese a su trágico final, es increíble que se haya conservado así. Su estructura no fue modificada por el paso del tiempo ni por el hombre moderno, no hubo oportunidad, y hoy es el reflejo tangible de la organización urbana a principios de nuestra era.

Pasear por sus calles es trasladarse en el tiempo y la atmósfera mágica de sus ruinas es conmovedora. En el año 79, el vecino volcán Vesubio llevaba más de 1500 años sin entrar en erupción, por lo que los habitantes de Pompeya ni lo tenían en cuenta. De pronto, una mañana de sol, la ciudad se oscureció, y la ceniza y las piedras al rojo vivo sepultaron instantáneamente a las 20.000 personas que vivían allí. Si bien Plinio el Joven dejó detallados escritos sobre el hecho, no hay narración que se compare con estar parado ahí.

 
El templo de Júpiter en Pompeya, con el Vesubio de fondo. Foto: AFP. 
Luego de siglos de permanecer enterrada, en el 1700 un arqueólogo aragonés descubrió una parte de las ruinas de la antigua ciudad. Cien años después, un investigador local sugirió rellenar con yeso los huecos encontrados en la ceniza en los que había restos humanos. Así fue posible obtener las figuras de los cuerpos calcinados por temperaturas superiores a los 600 °C. Muchos de ellos conservan las expresiones de horror o posiciones de reacción típicas de la sorpresa. Otros cargan sus joyas, se tapan los ojos o evidencian que se suicidaron porque alrededor de ellos hay pequeñas botellas que podrían contener veneno. Quien visita Pompeya no puede evitar conmoverse por los moldes de las víctimas de la erupción y tampoco puede evitar mirar para atrás, ver aún el Vesubio de fondo y sentir un escalofrío.

De la parte descubierta, la que hoy podemos recorrer, hay muchísimo para ver, pero se destaca el pequeño Foro; La Casa del Fauno, elegante y enorme; la Casa de los Vettii, con preciosos mosaicos; la Casa de Meandro, de sofisticación pura; El Antiquarium y el Edificio de la Eumachia; el mercado de alimentos (Mecellum); el Templo de Júpiter y el de los Lares; el exótico lupanar, la palestra, el Teatro Grande, perfectamente conservado, y las termas públicas suburbanas. De todos modos, lo mejor es caminar por las calles, meterse en las casas e imaginar por un momento lo que fue la particular vida romana.
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Dónde dormir . Hotel Ristorante Vittoria, sencillo y a la entrada de las excavaciones (127 euros la noche). Pompeii Resort, con vistas al Vesubio (160 euros en base doble).
Dónde comer . Add’u Mimi, platos abundantes y deliciosos, imperdible el licor de elaboración propia. Il Giardino delle Esperidi, especialidad en peces y pastas, muy buena carta de vinos locales.
Más info . Recorrer las ruinas lleva más o menos 5 horas. Usar sombrero, ropa cómoda y llevar agua para beber.

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