su estilo
5 ciudades para disfrutar los mejores cafés del mundo
Desde la invención de esta exquisita infusión hasta hoy; un recorrido por las cafeterías más exquisitas y emblemáticas de la historia
El café llegó a Europa en el 1600 de la mano de los mercaderes venecianos. A mediados de ese siglo, comenzó a ser tan popular y requerido que en las principales capitales europeas se abrieron locales uno tras otro, donde se reunían filósofos, políticos y letrados. Rápidamente, las cafeterías se convirtieron en lugares donde circulaban las ideas liberales y donde se discutía la agenda social y cultural de la época.
Un siglo más tarde, estos sitios de reunión por excelencia cruzaron el océano, y se expandieron también por toda América.
Sorpresivamente, muchos de estos primeros cafés conservan la arquitectura, la decoración y el espíritu de su origen casi intactos. Una recorrida por los bares que tenésd que conocer si cruzas de continente:
Central Káváház, en Budapest, Hungria
Creado en 1887 como una simple tienda para tomar café en la planta baja de un edificio histórico, fue lugar de reunión de pensadores y artistas del siglo XIX y, más de un siglo después, escenario de la película de Steven Spielberg, Munich. Está en el distrito V, y su nombre remite a la ubicación central que tiene en la ciudad, cercana a las universidades y bibliotecas donde se reunían los intelectuales.
Todavía es posible disfrutar de un desayuno húngaro completo (bresaola) en las mesas de mármol, reclinarse en los cómodos sillones y mirar las lámparas de bronce y las molduras de los techos, o sentir la ciudad a través de sus enormes ventanales degustando algunas de las especialidades de la casa, como el espresso de tres colores o la croissant de chocolate. Hoy, allí la tradición convive con la modernidad, y sus actuales dueños aseguran que el secreto de su permanencia está en haber respetado a sus antepasados, pero también haberse abierto a las nuevas ideas. Una fórmula perfecta para seguir disfrutando de este increíble lugar.
Le Procope, en Paris, Francia
En sus elegantes mesas, Voltaire, Rousseau y Diderot se reunían a diario. Hasta hoy se conserva el despacho que Voltaire instaló allí y también los pensamientos del autor de El contrato social grabados en las paredes. Según la leyenda, Benjamin Franklin pergenió aquí la Constitución de los Estados Unidos; y Napoleón tuvo que dejar su sombrero en parte de pago, cuando era un joven militar. Años después, ya emperador, eligió este mismo sitio para tomar sus tazas de café diarias. También los escritores Victor Hugo, Anatole France y Balzac fueron clientes habituales.
Entre 1874 y 1890, el lugar cerró sus puertas, pero volvió a abrir y de primer café literario del mundo pasó a ser un centro de discusión política por excelencia. Con el encanto que le dieron los siglos y los acontecimientos, hoy se puede tomar un típico café o degustar los mejores platos de la cocina francesa en la misma mesa y en la misma silla en las que estuvieron sentadas una infinidad de celebridades.
Antico Caffe Greco, en Roma, Italia
Fundado por un inmigrante griego en 1760, este café-museo es uno de los más afamados y el más antiguo de la ciudad. Desde el siglo XVIII fue lugar de reunión de artistas y escritores de todo el mundo, como Goethe, Keats, Lord Byron, Ibsen, Baudelaire, Bizet, Wagner, Mendelssohn y Orson Welles, que en algunas de sus mesas pequeñas y redondas de madera color marrón oscuro y mármol blanco, verde o rosado, soñaban con sus obras.
Antico Caffe Greco está ubicado en la Via dei Condotti, cerca de la Piazza de Spagna, donde se encuentra la famosa Fuente de la Barcaza de Pedro Bernini, calle que concentra las tiendas más prestigiosas de la moda italiana como Versace, Armani o Gucci. Este bohemio antro de intelectuales es un local largo y estrecho articulado en diferentes salas de paredes coloradas o en tonos pistacho y avellanas, algunas con estampados, repletas de cuadros de paisajes, retratos, esculturas, dedicatorias e infinidad de detalles arquitectónicos que hacen del ambiente un museo ecléctico y singular. Sentarse en las sillas o los bancos de madera forrados de terciopelo carmesí y pedir un cappuccino, un té, un chocolate caliente o, por qué no, un Martini, es una buena opción para descansar y respirar por un instante la atmósfera bohemia de la Ciudad Eterna.
Las Violetas, en Buenos Aires, Argentina
Cuenta la leyenda que Pascual Contursi y el pianista José Martínez, asiduos clientes del lugar, les hicieron firmar la parte de la música del tango Ivette a los antiguos dueños de la confitería para saldar sus deudas. Con los años, el local fue punto de reunión de las "señoras bien" a la hora del té y este perfil sirvió más tarde como escudo para las reuniones de activistas políticos durante la Dictadura, cuando los bares más tradicionales estaban bajo sospecha. La quiebra llegó con la década del 90, su dueño escapó a España, los empleados intentaron hacerse cargo, pero la confitería cerró y permaneció semiabandonada hasta que fue declarada Área de Protección Histórica y en 2001 reabrió sus puertas, recuperando su estilo, con el piso de mosaico granítico, sus tulipas talladas a mano, la boiserie y los vitrales originales.
Cafe Central, en Viena, Austria
Entre las diferentes variedades, el café vienés tiene fama por sí mismo. Como el café turco o el irlandés, es toda una especialidad que se caracteriza por ser expreso, ligero y con crema batida. Muchos son los locales en los que se puede tomar café en esta magnífica ciudad europea, pero quizá el de más bella arquitectura es el Café Central, ubicado en un edificio neorrenacentista conocido como el Palais Ferstel. Desde 1860, fecha de su apertura, esta cafetería se convirtió en una institución. En sus salones había más de 250 periódicos y revistas de toda Europa, a veces incluso aquellas que no se podían encontrar en las bibliotecas universitarias. Por eso se convirtió en punto obligado de encuentro de los intelectuales y artistas vieneses, que sólo salían de aquí para dormir y volvían al día siguiente para continuar con sus idílicas conversaciones. Sigmund Freud y León Trotsky fueron dos de sus asiduos clientes.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el local fue parcialmente destruido, cerró sus puertas en 1943 y volvió a abrir cuatro décadas más tarde, preservando la decoración, incluida la gran sala de columnas y bóvedas de estilo neogótico. Aún conserva el espíritu bohemio de sus primeros tiempos, y es el sitio ideal para disfrutar un excelente café vienés, leer un libro y transportarse a otro tiempo..
El origen de la palabra Café: la palabra "cafe" deriva del italiano caffe, este del turco hahve y, a su vez, este del árabe qahwah. La etimología del término bien puede marcarnos el periplo que este elixir recorrió hasta llegar a nuestros días. La leyenda cuenta que un pastor en Etiopía vio el efecto energizante que unos frutos causaban a sus cabras, sorprendido llevó unas hojas y semillas hasta un monasterio, donde un abad las cocinó. Como le pareció maloliente el líquido que obtuvo, descreído, tiró los frutos al fuego. Acto seguido, un aroma exquisito se apoderó del ambiente. Y fue así cómo surgió la idea de preparar la bebida sobre la base de granos tostados. La vecina Arabia no tardó en hacerse eco de este elixir y la prohibición de tomar alcohol impuesta por el Islam propició que el café se expandiese rápidamente por todo el mundo árabe y fuera la excusa perfecta para que los hombres comenzaran a juntarse a discutir asuntos públicos. Así surgieron las primeras cafeterías.





