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Pros y contras de la maternidad tardía
Testimonios de especialistas y madres para analizar los verdaderos alcances de esta elección
Por Renee Sallas
El fenomeno de las mujeres que deciden ser madres tardíamente crece cada año. El motivo más frecuente es que ellas eligen priorizar su trabajo, su carrera o su libertad para viajar o disfrutar. El doctor Sergio Pasqualini, especialista en fertilidad y embarazos complicados, agrega dos causas más: la aparición, en 1950, de la píldora anticonceptiva que les permitió a las mujeres controlar su fertilidad, y el avance de las diferentes técnicas de fertilización asistida, que ahora incluyen la congelación de óvulos y la ovodonación.
El camino que recorren las mujeres que deciden ser madres después de los 35 años no siempre es fácil. Por un lado, la fertilidad disminuye y entonces tal vez haya que recurrir a tratamientos médicos invasivos y también costosos. Por otro lado, están los temores propios y ajenos: "La energía ya no es la misma", "Los embarazos pueden ser riesgosos", "No es lo mismo ser madre a los 20 que a los 40", son algunos de los cuestionamientos que las futuras mamás van a escuchar.
Sin embargo, cuando el reloj biológico apremia, el deseo en muchos casos se vuelve mayor. Valeria Lungarini y Myriam Oliva, dos mujeres que fueron madres primerizas a los 40, nos dan su visión. Ellas pusieron el cuerpo, el alma, se animaron a hacer su mea culpa, y no lo dudan: vale la pena animarse. ¿Hay edad para ser madre? El debate está abierto.
Entrevista con el doctor Sergio Pasqualini
Del otro lado de las mujeres que persiguen el sueño de ser madres después de los 35 están los médicos, que saben sobre los riesgos de la maternidad tardía. El doctor Sergio Pasqualini, especialista en ginecología, obstetricia y tratamientos de fertilización asistida, sugiere como opciones la congelación de óvulos y la ovodonación. En esta entrevista, además, da su visión sobre el fenómeno de la maternidad tardía.
-¿Por qué no es lo mismo ser madre a los 20 que a los 40?
-Porque la calidad del óvulo está directamente relacionada con la edad de la mujer. A mayor edad, menor calidad de óvulos.
-Hoy la mujer decide ser madre más tarde.
-En los últimos 15 años pasamos de consultas de mujeres de 32 años promedio, a mujeres de 37 años promedio. Ahora que la mujer empieza a buscar la maternidad recién a los 35, si a los tres meses no se embaraza, empieza a preocuparse.
-¿A qué edad se da el máximo de fertilidad?
- A los 25 años. Baja lentamente hasta los 30. De los 30 a los 35 baja más. Y de los 35 en adelante empieza a caer en picada. La pérdida de calidad del óvulo con el paso del tiempo es algo que las mujeres tienen que saber.
-¿A partir de qué edad usted diría que una madre es tardía?
-Hoy, después de los 40. Por eso, la mujer que quiere postergar la maternidad más allá de los 30, debería congelar sus óvulos, si es que son buenos. Tenemos casos de mujeres que a los 38 años, haciendo tratamiento, lograron un embarazo. Vuelven a los dos años porque desean otro embarazo y terminan haciéndolo con óvulos donados. La ovodonación por la búsqueda tardía del embarazo va creciendo. En 2008, el 12 por ciento de los tratamientos que realizamos fueron por ovodonación. En 2009, el 14 por ciento. Y en el 2010, el 17 por ciento.
-Las madres tardías primerizas, ¿tienen más riesgo que las madres tardías que ya tuvieron hijos?
-Pueden tener más complicaciones en el embarazo. Cuando hicimos las estadísticas, la mujer de 40 tenía más problemas: presión, preclampsia, diabetes gestacional. Pero, por otro lado, la mujer que busca ser madre después de los 40 se cuida más, hace actividad física, tiene el peso adecuado, come sano. Las mujeres añosas tienen dos problemas: primero lograr el embarazo y luego mantenerlo. Respirás tranquilo luego de la novena semana, porque el 15 o el 20 por ciento de los embarazos –y un porcentaje mayor en las mujeres grandes– se detiene en los primeros dos meses. Además, hay más riesgos relacionados con el futuro del hijo, que no siempre se notan en el nacimiento. El autismo, por ejemplo. El síndrome de Down está también relacionado con la mayor edad de los padres. Con la donación de óvulos, podés acompañar a que una mujer de 55 años, 60 años, pueda quedar embarazada. Pero que vos lo puedas hacer, no quiere decir que esté bien. Hay un cálculo que se hace: sumar la edad de la pareja. Si no pasa de los 100 años, es aceptable.
Madres famosas después de los 40
Las celebrities no escapan a esta realidad y en ellas es aún más evidente, ya que a muchas el éxito y la fama les llegó primero que el deseo de la maternidad.
Pequeñas historias de mujeres comunes: ser madre a los 42 años
En noviembre de este año, Valeria Lungarini cumplirá 42. Hace 20 que trabaja en televisión, donde hizo una ascendente carrera. Tiene un hijo de dos años, Francisco, y ahora piensa en tener otro. "Yo nunca anoté en una libretita: ‘Voy a ser madre a los 40’". Las cosas se fueron dando de esa manera". Así comienza a desgranar su historia:
"Tenía 21 cuando arranqué en la tele. Vengo de una familia de clase media trabajadora: madre y padre que aún conviven bajo el mismo techo después de 50 años de casados, y un hermano menor radicado en Barcelona. Cuando nací, mamá tenía 30 años, y le costó mucho quedar embarazada. Hace casi diez años que estoy con mi marido. Tuve otros novios antes, importantes también, de convivencia, pero no me llegaba la visualización de la familia.
Gonzalo es un año menor que yo y es músico. Nos pusimos de novios, los dos éramos solteros y él no me pudo recriminar que trabajaba muchas horas, porque ya me conoció así.
Cuando se afianzó la relación con Gonzalo, vino el proyecto de comprar nuestra casa, después la arreglamos, después dijimos: "¿Nos hacemos otro viajecito el año que viene?", y así fueron pasando los años hasta que un día dijimos: "Preparados, listo, ya". Y decidimos tener un hijo. Ya tenía 37 años y pico. Pasó más de un año, y no quedaba embarazada. La edad era un tema para mí. Cuando pasan los meses y no hay novedades cada vez es peor. Empezamos a hacernos todos los estudios, algunos complicados y todos bochornosos. Nos dieron todos bien, pero no pasaba nada. Y cada mes, mi angustia y mi desilusión cuando menstruaba era terrible, decía: "Soy un mes más vieja". Finalmente un día, después de larga espera y de los tratamientos, quedé embarazada. Había viajado a Mar del Plata para reencontrarme con mis compañeros del secundario. Viajé en avión a la ida, y en micro a la vuelta. Volví, hice el programa, corrí, grité, puteé como siempre en mi trabajo y cuando llegué a mi casa, me di cuenta de que tenía media hora de atraso (risas). Le dije a mi marido: "Vamos a comprar un Evatest". Se rió, me dijo que era una exagerada, pero fuimos. Nunca me había hecho un test de embarazo, porque siempre fui regular, jamás tuve un atraso. Me fui a dormir la siesta (para concentrar más el pis) y cuando me levanté me hice el test: ¡aparecieron las dos rayitas! Fui y me hice otro enseguida. Con el resultado, salimos y se lo dijimos a Dios y María Santísima.Mi maternidad tardía se debe en parte a que prioricé mi carrera, y también a mi búsqueda del príncipe azul.Si volviera para atrás no pensaría que es tan fácil quedar embarazada, no sería tan egoísta de haber preferido viajar o asumir un nuevo desafío laboral"
Aunque nunca abandonó el sueño de tener algún día un hijo, su trabajo como jefa de personal en una importante empresa donde trabajaba full time fue postergando su sueño. Tuvo algunas parejas antes, pero se cuidaba.
Un día, cansada de estar en relación de dependencia y del horario agotador, renunció y abrió un local de ropa para niños en Belgrano. Empezó a pensar en sí misma, en su futuro, quizá también en el hijo soñado. "Tomé conciencia de que el reloj biológico me presionaba", razonó. Y cuando poco después conoció a Miguel Angel, supo que esa relación sería diferente a todas las anteriores. Y lo fue. El sueño de ser mamá quizá estaba más cerca que nunca.
"Pasaron dos años, y no quedaba embarazada. No puedo describir la angustia y la desilusión que vivía cada mes. Me hicieron varios estudios y no encontraron nada extraño. A lo mejor influía lo psíquico. Consulté a mi ginecólogo de toda la vida, y él me sugirió un nuevo estudio para saber si tenía endometriosis, pero dije que no, porque eso tarda mucho tiempo, y yo no quería esperar más. Con Miguel Angel decidimos hacer una fertilización in vitro. El tratamiento nos costó 15.000 pesos. En mayo de 2008 fue el primer intento, y quedé. Cuando ese día bajaba en el ascensor, después que me implantaron el embrión, me miré en el espejo y le dije a mi marido: "Mirá qué cara de embarazada tengo". El se rió. Me dijo que era una exagerada. Le hice caso a mi médico que me había dicho que no me hiciera el test de embarazo, que esperara el resultado del análisis de sangre. Yo tenía miedo que el resultado diera negativo.
Una mañana me sacaron sangre y tenía que esperar el resultado hasta las 3 o 4 de la tarde. Durante ese tiempo, estuve clavada mirando el celular. Finalmente sonó y el doctor Santisteban me dijo: "Estás embarazadísima". Empecé a gritar "Gracias, Dios", y me tiré en el piso.
Gina nació el 27 de febrero de 2009. Ahora va al jardín, a sala de tres. Cuando voy a buscarla, me doy cuenta de que soy más cuida, estoy más atenta que las otras madres más jóvenes. Será porque las madres grandes tenemos más información, nos sentimos más responsables. Mi vida cambió totalmente. Ahora soy sólo un ama de casa. Pero feliz, feliz, completa. No voy a tener otro hijo".










