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Jueves 05 de julio de 2012

su bienestar

Cómo prevenir las enfermedades bronquiales más comunes

Los chicos y los adultos mayores son los más vulnerables a sufrirlas; consejos para detectarlas a tiempo y que no generen complicaciones serias

Por Virginia Poblet

 
 

 
Foto: Archivo  / Corbis

Comenzó el invierno y ningun sintoma de enfermedad se puede pasar por alto, porque hasta el más inocente de los resfríos merece atención médica. Sobre todo, en los hogares donde hay niños menores de dos años o adultos mayores. La tos, la fiebre, la falta de aire, la fatiga o los silbidos en el pecho son señales de alerta que requieren cuidado. La primera forma de prevención contra las enfermedades del frío es la higiene de las manos y de los objetos de uso cotidiano. Pero hay otras medidas que se pueden tomar. A continuación, una guía para estar atentos.






Asma bronquial: es una enfermedad crónica del sistema respiratorio que afecta los pulmones y aparece frecuentemente en la infancia. Aunque la causa es desconocida, es posible que tenga un alto porcentaje hereditario. Síntomas: respiración sibilante, jadeos, falta de aire, opresión en el pecho y tos durante la noche o temprano en la mañana. Prevención: no hay una cura definitiva, pero los ataques pueden prevenirse evitando los ácaros del polvo doméstico, el humo del tabaco, el moho, el pelo de las mascotas y el aire contaminado. El ejercicio físico extenuante y ciertos estados emocionales pueden causar episodios de asma. Tratamiento: broncodilatadores, mediante nebulizadores o inhaladores.

Bronquiolitis: es una inflamación aguda de los bronquiolos. Los más vulnerables son los niños. La causa más habitual es el virus sincicial respiratorio (VSR). Se calcula que más de la mitad de los bebés están expuestos a este virus en su primer año de vida. Se transmite de una persona a otra por el contacto directo con las manos contaminadas, por secreciones nasales o a través de las gotitas que generan al toser o estornudar quienes ya tienen la enfermedad. Síntomas: suele comenzar como un resfrío. Hay que estar alerta cuando un niño tiene tos, cansancio, fatiga, fiebre, respiración muy rápida (taquipnea), aletea o retrae los músculos del tórax en un esfuerzo por respirar. Si tiene color azulado en la piel, las uñas o los labios es posible que se deba a la falta de oxígeno y necesita tratamiento urgente. Prevención: no exponer a los niños al humo del cigarrillo, lavarles seguido las manos, mantener alejados a los bebés de las personas resfriadas o con tos. Si alguien de la familia tiene una infección en las vías respiratorias debe lavarse las manos antes de tocar a los niños. También ayuda mantener la lactancia materna. Tratamiento: se administran broncodilatadores o inhaladores. Los antibióticos no son efectivos contra las infecciones virales.

Bronquitis: es la inflamación de los conductos bronquiales, o sea, las de vías que llevan oxígeno hacia los pulmones. La bronquitis aguda suele comenzar como una infección respiratoria viral que afecta la nariz, los senos paranasales y la garganta, y que luego se extiende hacia los pulmones. También existe la bronquitis crónica, que es un tipo de EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica). La causa más común de este mal es el tabaco, aunque puede desencadenarse por respirar otro tipo de humo y polvo por largos períodos. Nunca desaparece completamente; el tratamiento ayuda a evitar o disminuir sus manifestaciones. Síntomas: en ambos tipos de bronquitis, la común y la crónica, se sienten molestias en el pecho, fatiga, fiebre, dificultad para respirar, sibilancias y tos con flema. La bronquitis aguda mejora luego de unos siete a diez días, y la crónica se diagnostica cuando se presenta tos con mucosidad casi todos los días por lo menos durante tres meses. Prevención: no fumar, hacer actividad física, hidratarse y alimentarse bien. Tratamiento: tomar mucho líquido, hidratar las secreciones y no fumar. La bronquitis crónica requiere medicación broncodilatadora.

 
Foto: Archivo  / Corbis
Broncoespasmo: en cada movimiento respiratorio ingresa al pulmón una cantidad fija de aire. Cuando la mucosa interna del bronquio se inflama o el músculo externo del bronquio se contrae, entra menos aire, la frecuencia respiratoria aumenta y se produce tos. Se calcula que un tercio de los menores de seis años presentan broncoespasmos ante infecciones respiratorias leves que, en la mayoría, desaparecen cuando crecen. Quienes tienen antecedentes familiares de asma o alergia son más propensos a sufrir esta enfermedad pasada la infancia. Síntomas: taquipnea y tos. Tratamiento: los cuadros leves y moderados suelen tratarse con broncodilatadores mediante nebulizaciones; los más severos, con broncodilatadores y corticoides. Los niños que lo sufren a repetición deben vacunarse contra la gripe y contra el neumococo.

Gripe: es una enfermedad viral respiratoria que aparece en los meses más fríos del año y se contagia a través de las gotitas que emanan las personas infectadas al toser, al estornudar o al tocar objetos contaminados con estas secreciones. La mayoría de los afectados se recupera en una o dos semanas sin tratamiento médico, pero la infección puede tener consecuencias serias en los niños y en los adultos mayores. Síntomas: tos, congestión nasal, malestar generalizado, dolor de garganta, de cabeza, músculos y fiebre mayor a 38 grados. Los chicos también pueden tener problemas para respirar, vómitos o diarrea; pueden sentirse irascibles o somnolientos. Prevención: lavarse bien las manos, cubrirse la boca y la nariz al toser o estornudar, mantener limpios los objetos de uso común, no compartir vasos, cubiertos ni mate con la persona enferma y ventilar los ambientes. Los bebés de 6 a 24 meses, las embarazadas, las puérperas, los adultos mayores y las personas con enfermedades respiratorias o crónicas deben vacunarse contra la gripe. Tratamiento: la mayoría de los pacientes se curan con antitérmicos, reposo e hidratación. Quienes padecen enfermedades crónicas deben recibir un tratamiento médico específico.

Neumonia: se llama así a la infección pulmonar que produce una grave inflamación en esos órganos y puede ser causada por virus, bacterias o parásitos. En bebés y niños suelen ser de origen viral, mientras que en los adultos es más usual la bacteriana. Los más vulnerables son los niños muy pequeños, los adultos mayores, las personas con sistema inmune débil y quienes padecen enfermedades como diabetes. Síntomas: dificultad para respirar, escalofríos, fiebre y sudoración, dolor en el pecho y tos. Pueden presentarse uno o más de estos síntomas. Prevención: mantener buenos hábitos de higiene, tirar los pañuelos descartables, cubrirse la boca y la nariz al toser, estornudar sobre un pañuelo o en la parte interna del codo. Los pacientes de riesgo tienen que vacunarse contra la gripe. Tratamiento: se recomienda reposo, antibióticos y medicamentos para aliviar los síntomas. Se supera en dos semanas, pero los adultos mayores y las personas con su sistema inmune débil necesitan un tratamiento más largo.

Faringitis: al inflamarse la faringe, tragar resulta doloroso. La faringitis se da como consecuencia de infecciones virales como gripes o resfríos . En general, aparece en los meses de frío y se contagia con facilidad entre los miembros de la familia. Síntomas: dolor de garganta, pero también aparecen otras señales como fiebre, dolores musculares, articulares y erupción cutánea. Tratamiento: se supera con antibiótico si es una faringitis bacteriana y siempre bajo indicación médica. Para aliviar los dolores de garganta se recomienda beber líquidos calientes como té con miel y limón, y también alimentos fríos como helado. Comer pastillas o caramelos duros (si no son niños pequeños) y hacer gárgaras de agua tibia con sal varias veces al día..

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