RevistaSusana.com
 Último momento

 

Leer en

Martes 03 de julio de 2012

su lectura

Mirá las mejores fotos de los 25 años del programa de Susana

En una entrevista exclusiva, la Directora de la revista confiesa lo mejor y lo peor de su cuarto de siglo como conductora

 
 

Por el equipo de redacción

 
"Nunca pensé que la televisión iba a terminar siendo lo mío".  Foto: Archivo  / Revista Susana
¿Quien no recuerda los primeros juegos? ¿Quién es Margarita? ¿Cuántos corchos hay en este frasco? Los invitados cábala, como Ricardo Darín, Graciela Borges y Sandro, las entrevistas conmovedoras, los momentos desopilantes, los grandes musicales y las miles de personas a las que les cambió su vida participar en los juegos telefónicos... Mientras siguen corriendo ríos de tinta sobre lo que va a hacer Susana este año, ella, en primera persona, recuerda parte de lo que vivió en este cuarto de siglo en la pantalla.


¿Cómo te llegó la propuesta de hacer Hola, Susana?

Nunca pensé que la televisión iba a terminar siendo lo mío. Yo estaba convencida de que el teatro era mi lugar, de hecho dije que no a varias propuestas, hasta que vi Pronto Raffaella, un programa fabuloso que hacía Carrà, en Italia y, después de tener dos años el cassette con sus programas en un cajón, finalmente tomé la decisión de hacer Hola, Susana en ATC. La vida tiene esas cosas, hay que estar muy atento y dejarse llevar por la intuición.

¿Cómo te imaginabas que iba a ser tu desembarco en la televisión?

Yo ya había hecho varios programas exitosos como Matrimonios y algo más, Alberto y Susana y varios "espectaculares" en canal 13, pero después me dediqué más al teatro y al cine. En realidad, lo único que no había hecho hasta ese momento era conducir.

¿Qué recuerdo tenés de los primeros años?

Nos divertíamos un montón, no éramos para nada conscientes del fenómeno que se estaba gestando. Los ratings eran impresionantes, tuvimos épocas de 30 y pico de puntos casi todos los días, a veces alcanzábamos los 40. Eran otras épocas, otros números. Con Luis (Cella) jugábamos apuestas de cuánto íbamos a hacer ese día, casi siempre me ganaba. No vivíamos enfermos por el minuto a minuto, no existía, nos enterábamos de cuánto habíamos hecho recién al día siguiente.

¿Cuáles son tus anécdotas favoritas del programa?

Anécdotas hay un millón, por cómo soy yo, porque el programa es en vivo, por la naturaleza de las notas y por todo lo que puede pasar. En un programa como el mío, el riesgo y la exposición son constantes. Pasás de entrevistar a un presidente a recibir al hombre más bajito del mundo sin respirar. Ni hablar de los informes traspapelados, de invitados que no llegan, de notas que miden muchísimo y te piden que estires, que cantes, que bailes... La que queda como una loca soy yo, pero deberían ver las señas que me hacen del otro lado.

 
Foto 1 de 9
¿Lo más divertido que te haya pasado?

¡Ay, qué difícil! Por suerte yo me divierto mucho, disfruto jugar con los entrevistados, grabar los sketchs, hablar con la abuela, con la Tota… Hay invitados que son una garantía, por suerte son muchos y es imposible nombrar a todos.

¿Cuáles son las notas que más funcionan?

Va cambiando con el tiempo. En una época eran las historias de vida; en otra, los freaks. Después los divorcios, los romances, las peleas y así van pasando las modas. A mí me gusta variar, es más entretenido. Tuvimos el privilegio de hacer notas increíbles, exclusivas, como el encuentro de Tita Merello y Malvina Pastorino, el homenaje al doctor Favaloro con todos los pacientes a los que les salvó la vida, la última entrevista que le hice a Sandro… La gente no se imagina el trabajo que requiere hacer un programa diario.

¿Qué entrevistas son las más difíciles de hacer?

Lo más difícil de todo es el entrevistado monosilábico. He padecido algunos y eso te mata, porque las preguntas se te terminan en un segundo. Si el tipo te contesta "Sí", "No", "Sí", "No", es espantoso, te dan ganas de agarrar un palo y pegárselo en la cabeza. Otro hueso duro son las notas de temas álgidos, por más que el entrevistado haya dado su consentimiento, es horrible preguntar algunas cosas, pero hay que hacerlo; yo trato de buscar la manera de no herir, con el tiempo eso rinde sus frutos, la gente sabe que no la voy a agredir y se entrega. No le hago a nadie lo que no me gusta que me hagan a mí.

¿Qué fue lo peor que te pasó en cámara?

En 25 años, como se imaginarán, me ha pasado de todo. Vino un señor de 110 años, que era el más viejo de la Argentina y, pobre, era sordo. Por supuesto, nadie me avisó y estuve diez minutos preguntándole cosas sin que ni siquiera me mirara. Otra vuelta trajeron a un perro superheroico que había salvado a un chico saltando desde un acantilado; alguien tuvo la genial idea de doparlo para subirlo al avión y traerlo desde Salta. Hice un monólogo de todas sus proezas mientras el pobre roncaba al lado mío en el sillón… ¡Jamás se enteró de que estuvo en Buenos Aires! Tuve blancos cerebrales en los que sabía el apellido, pero no recordaba el nombre de la persona que estaba por presentar, mi cerebro buscaba a toda velocidad la información, decía: "¡Con ustedes...!" y nada, un espanto. También blusas que se desabrocharon en el aire o la típica metida de gamba de preguntar "¿De cuántos meses estás?", y que te contesten "¡Yo no estoy embarazada!". Pestañas postizas que se despegaron en el medio de una nota... Podría contar miles. La televisión en vivo tiene eso, lo que pasa, pasa, y hay que manejarlo.

Video: Mirá toda la intimidad del back de Susana
¿Lo que más disfrutás del programa?

Yo disfruto de casi todo, pero una de las cosas que más agradezco de estos años fue la oportunidad de entrevistar a personas que admiré toda la vida, como Sophia Loren o el Dalai Lama. A mí me gusta que la gente mire esas notas porque hacen bien, dejan alguna enseñanza, son un ejemplo.

¿Cómo surgieron las perlitas?

Lo de las perlitas fue idea de Luis Cella, mi productor de muchos años. Un día se le ocurrió seguir grabando en los cortes. Cuando uno sabe que no está en el aire se relaja y dice lo que no diría en cámara. Además, Luis me preguntaba cosas espantosas desde el control y yo, distraída, contestaba. Los invitados también caían en la trampa, él les tiraba de la lengua y después los ponía en las perlas. Las bromas nunca fueron agresivas, por el contrario, eran más bien naif, nos reíamos muchísimo.

El sketch también les dio muy buen resultado, ¿no?

Los sketchs eran una fiesta, durante años los escribió mi adorado Hugo Sofovich. ¡Lo pasábamos tan bien! Emilio (Disi), los Midachi, (Guillermo) Francella, Pepe Soriano, Norman Briski, Beto Brandoni, la China (Zorrilla), (Juan Carlos) Mesa… ¡Los más grandes pasaron por la casilla de Susana Spadafucile! En este país hay actores fabulosos.

¿Te imaginaste alguna vez que ibas a estar 25 años en el aire?

Jamás. Uno dice 25 años, pero sólo te das cuenta de que son muchos cuando empezás a repasar lo que pasó por tu vida en ese tiempo. Haciendo el programa tuve cuatro parejas, me mudé dos veces de casa, se casó mi hija, tuvo dos hijos, se separó; murieron mi padre, mi madre y mi hermano. Pasó el austral, el corralito, hubo dos atentados en la Argentina (el de la embajada de Israel y la voladura de la Amia), cayeron las Torres Gemelas, tuvimos cinco presidentes en una semana… Pasaron miles de cosas. Es impresionante lo fuerte que ha sido el programa.

¿Cuál creés que es el secreto de este éxito?

Yo creo que el secreto está en la autosuperación constante, porque si bien es difícil llegar, mucho más difícil es mantenerse. Cada nueva temporada nos devanamos la cabeza buscando ideas para refrescar el programa, así le agregamos sketchs, musicales, juegos, formatos, humor, concursos de baile, de canto, competencias, perlitas. Desde Hola, Susana al programa de hoy, hicimos todo lo que se puede hacer en televisión. Realmente fuimos pioneros en casi todo, algo de lo que estoy muy orgullosa y que el público claramente ha percibido y agradecido en todos estos años.

 
Foto 1 de 10
¿Cómo se hace un programa de entretenimiento enferma, triste o con el país en crisis?

Los días difíciles en los que el país o yo misma pasábamos momentos feos los recuerdo perfectamente, porque fueron duros. Es un gran esfuerzo, hay que dejar por un rato en suspenso las penas y tratar de llevarle alegría a la gente.

¿Qué pasa cuando no tenés ganas de trabajar?

A todos nos pasa, pero llego al estudio, empiezo a arreglarme y Miguel (Romano) siempre tiene un cuento nuevo, me hace reír mucho, me pone de buen humor.

¿Resignaste cosas de tu vida por tu trabajo?

A mí no me gusta hablar de renuncias, yo decidí dedicarme casi por completo a mi trabajo, por supuesto que resigné algunas cosas, pero el saldo sigue siendo altamente positivo. Sería una locura quejarme.

¿Te hubiera gustado hacer más teatro o cine en estos años?

Algunos me reprochan haber dejado un poco de lado a la actriz. Sé que podría haber hecho más películas o teatro. Si elegí seguir en la tele es porque realmente me ha dado muchas satisfacciones. Durante algún tiempo intenté hacer teatro al mismo tiempo, fue agotador.

¿Qué es lo que más te cuesta de todo lo que implica hacer el programa?

Maquillarme, peinarme y vestirme. Si sumáramos las veces que me secaron el pelo con el secador en estos 25 años la cifra seria espeluznante. ¡No sé cómo todavía no me quedé pelada!

¿Qué sentís cuando mirás para atrás?

Soy una persona agradecida, no siempre tuve todo, sé que es un privilegio hacer lo que te gusta y ser reconocida por tu trabajo. Trato de vivirlo con normalidad, no hay nada peor que el exceso de ego, te convierte en alguien horrible.

¿Es importante para vos recibir un Martín Fierro?

Es un aliciente, un estímulo y también es algo que la gente valora mucho.

¿Qué proyectos tenés para este año? ¿Vas a hacer los especiales?

Sí, todavía no definimos cuántos, supongo que terminaremos haciendo dos o tres.

También pienso viajar bastante, descansar, disfrutar, recuperar fuerzas. Son 25 años, me lo merezco, ¿no?.

Más notas de Lectura