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Miércoles 16 de mayo de 2012

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Cultura ecológica: ¿Adoptarías una ballena?

La nueva tendencia eco que apunta a la conservación y concientización de la especie

 
 

 
Foto: Archivo  / Archivo

La ballena franca es una de las especies que están en peligro. Se calcula que no hace mucho tiempo, la población mundial era de 100.000 y en la actualidad sólo llega a 8.500 en todo el hemisferio sur. Se convirtió en un símbolo poderoso de la conservación de la naturaleza, no sólo por la imagen que representa sino también por su delicada percepción, inteligencia, comportamiento social y por la confianza que expresa hacia su mayor depredador, el hombre.

Al respecto, El Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) tiene un programa tan original como noble: propone adoptar a alguno de los cetáceos que llegan a la Península Valdés. Cada animal que encuentre dueño estará identificado con una foto y así será más fácil estudiar sus hábitos. Hay distintas categorías de adopción (adoptante, protector, benefactor y familiar) que dependen de la contribución que haga cada persona. A cada una de ellas, el ICB le entrega un kit que consta de un certificado con el nombre del adoptante, la foto de la ballena elegida, su registro de observaciones y datos acerca de la vida de estos animales.

A través del Programa de Adopción, las personas, empresas y organizaciones, contribuyen con fondos e insumos que permiten seguir adelante con los Programas de

investigación, educación y conservación de la especie y, además, se involucran de forma activa con la causa.

 
Foto: Archivo  / Corbis
¿Qué es el ICB?

El ICB representa en la Argentina a la Whale Conservation Institute/Ocean Alliance (WCI/OA) , organización fundada en Estados Unidos en 1971 por Roger Payne, experto en ballenas. Payne descubrió que se podía identificar cada ballena franca por las callosidades de su cabeza, lo que permitió el inicio del Programa ballena franca austral, que sigue las ballenas, una por una, durante sus vidas. El experto también descubrió que los misteriosos sonidos que produce la especie son, en realidad, canciones con rimas y métrica, y desarrolló una manera para transcribirlas que terminó en 1979 en un disco titulado Songs of the Humpback Whale (Canciones de la ballena jorobada)..

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