su bienestar
Sexo, hoy no tengo ganas
Mujeres y hombres se quejan de la falta de deseo; ¿qué pasa cuando el sexo deja de ser atractivo? ¿qué relación tiene con el estrés?
Por Renee Salas
El termino "anorexia sexual" fue utilizado por primera vez por el famoso investigador norteamericano Patrick Carnes, que escribió un libro con ese título en 1997. Y, si bien el concepto es conocido desde hace tiempo, en estos días ha retomado vigencia a raíz del aumento de consultas que aparecieron sobre este fenómeno en la Argentina.
Pero ¿qué es exactamente la anorexia sexual? Es la disminución severa del deseo . La falta de ganas. Se da en varios grados –según la sexóloga Helen Kaplan– que van disminuyendo hasta una falta de deseo absoluto, muy ligado a la aversión al sexo.
¿Por qué es un mal de nuestros tiempos? ¿Se da en hombres y mujeres por igual? ¿Aparece a una determinada edad? ¿Es consecuencia de la vida más complicada y exigente, que produce estrés, miedo, cansancio, o responde también a causas orgánicas?
Para contestar a todas estas preguntas, consultamos a la sexóloga clínica Diana Resnicoff, miembro de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana.
Esta anorexia sexual se da más en las mujeres, según parece. Se habla de un 30 por ciento. ¿Es así?
No, es un error. Para empezar vamos a decir que el deseo sexual empieza en nuestro órgano más importante, que es el cerebro. La anorexia sexual no es que se dé más en las mujeres, sino que ellas son las primeras en consultar. Se animan más a hablar. A los varones, en cambio, les cuesta más llegar a una consulta. Se deprimen, se refugian en la pastillita azul, en el sildenafil, que ha hecho estragos. Y si se reúne con amigos, es para contar proezas. Proezas mentirosas, claro. Yo estoy en contra de la medicalización sexual. Especialmente en la mujer. Recomiendo un documental, orgasm.inc, donde todos los popes de Estados Unidos en la materia muestran los desastres que ha hecho la industria farmacéutica en su intento de medicalizar la sexualidad femenina. Cuando terminaron de ganar todo lo que pudieron con el Viagra, dijeron: ahora vamos a ver si encontramos algo para despertar el deseo sexual en las mujeres.
¿Por qué está en contra de la medicalización de la mujer?
Porque después de cierta edad –que es cuando empiezan los cambios hormonales– la mujer no necesita ningún medicamento. Necesita una buena motivación, un buen contexto, más allá de que es cierto que lo hormonal influye. Hay que ver cómo su pareja la sorprende, cómo activa el sistema límbico, ese que está en nuestro cerebro y activa el deseo. Tanto en los varones como en las mujeres, la sexualidad va cambiando con los años. Va cambiando lentamente, no de un día para otro. No es ni mejor ni peor: es diferente. Hay mujeres que llegan a los 50 años y empiezan su mejor etapa sexualmente hablando. Primero, porque se han ido los hijos o se están por ir. Después, porque no hay que preocuparse por los embarazos. Y entonces la sexualidad te dispara el placer. Y es disfrute. Y tienen encuentros maravillosos con sus parejas. No importa si es una vez por semana, una vez cada diez días o dos veces por mes.
¿Y en los hombres, cómo cambia la sexualidad con los años?
Va a tener tiempos más lentos entre una relación y otra. Pero yo apunto a la calidad de los encuentros, no a la cantidad. A las mujeres nos importa un buen encuentro sexual. No diez.
¿Por qué entonces se habla tanto, hoy, de anorexia sexual?
Porque han aumentado las consultas, los casos de falta de deseo. En los hombres, las causas van desde lo orgánico –problemas arteriales, neurológicos, hormonales, diabetes, obesidad, dislipemia, consumo de drogas, cirugías pelvianas, prostáticas o traumatismo de columna– hasta lo psicológico –depresión, ansiedad, angustia–. Si se trata de jóvenes, la disfunción más consultada es por eyaculación precoz. Si son mayores de 45 años, por disfunción eréctil y orgásmica. En las mujeres, puede ser que esté faltando testosterona, que es la hormona del deseo sexual, que fabrican tantos los hombres como las mujeres, aunque ellos en mayor cantidad. Y también por la prolactina, que es una hormona que disminuye el deseo, porque afecta a la testosterona y se puede segregar cuando hay un tumor o cuando se da de mamar.
Todos estos problemas que describe han existido siempre. ¿Por qué hoy hay más problemas de anorexia sexual?
Desde 2001 hasta ahora tienen una poderosa influencia los factores externos: problemas económicos, crisis sociales, inseguridad, inestabilidad laboral, presión, sobreexigencia... Todo esto provoca una disminución de hormonas que afecta todo lo que tiene que ver con los neurotransmisores. ¿Creés que ese hombre o esa mujer, que llega tarde a la noche a su casa, cansado, estresado, furioso, alterado, va a decir: "Mi amor, tengo ganas"? No. De lo único que tiene ganas es de desensillarse, tomar un baño tibio, comer e ir a la cama a dormir, porque al otro día comenzará para él o para ella la misma odisea diaria. Por eso la falta de deseo se está dando mucho en parejas jóvenes. Se levantan a las seis de la mañana, van a trabajar, después van a la universidad para terminar la carrera o hacer un posgrado. Llegan a la casa a las once de la noche. Terminan de comer a las doce. Y a la mañana siguiente otra vez la misma rutina. Viven un estrés muy grande.
Usted dice que al deseo hay que alimentarlo. ¿Cómo?
El deseo no se mantiene como una planta. Hay que reavivarlo. Por ejemplo, sorprendiendo al otro. Seduciéndolo, cortejándolo. Para mí, dos estandartes muy importantes de la sexualidad son el erotismo y la sensualidad. Cuando hay problemas sexuales, alguna de esas dos columnas no está. Octavio Paz decía que el fuego necesita aire. Sin aire, sin oxígeno, no hay fuego. Las parejas también necesitan aire.
¿Se refiere a no vivir pegoteados?
Exactamente. La media naranja, el pegoteo, no funciona. Hay que respetar las individualidades, los intereses. Después, al juntarse, eso enriquece el vínculo. Cuando la pareja está todo el día pegoteada, es simbiótica, pueden ser muy buenos amigos, primos hermanos, pero la sexualidad no existe. Para que exista la sexualidad tiene que haber deseo, ganas de encontrarse después de que cada uno realiza su actividad, y tener conversaciones enriquecedoras. Nada de rutina. Saber pedir sin acusar. No es lo mismo decir: "Me encanta cuando me abrazás", que "Vos no me abrazás". Hay que saber que el otro es diferente y hay que aceptarlo desde la diferencia.
¿Qué otros secretos para reavivar el fuego existen, si hay tiempo?
(Risas). Si hay tiempo, aparte de los ya conocidos, como una cena diferente con velas, o una buena música, yo diría el bañarse juntos, como dos chicos que se divierten. Y hay algo más que va a definir a una pareja: el beso de lengua. El primer beso de lengua.
¿Cómo es eso?
Si a mí no me gustó cómo me besó, o a él no le gustó cómo lo besé, no hay atracción, no vuelve a llamar. Sin embargo, las parejas –a menos que estén en el dormitorio– no se besan cuando se despiden. Y un beso algo más que un piquito, hace que uno genere endorfinas, que se vaya con los ojitos brillantes, y que por ahí, en algún momento que está en la oficina piense: "Qué bueno que estuvo". Y ahí es donde nuestro cerebro empieza a activar huellas, y por ahí a la noche –o al día siguiente– hay un encuentro. Parece tonto, pero funciona.
¿Cree que el éxito del encuentro amoroso depende más del hombre, de cómo actúa?
Eso de que es el hombre el que debe saber tocar la guitarra es un mito. El hombre cree que es el director de orquesta, y no. Con las mujeres de 50 para arriba, no. Las mujeres hoy trabajan, son autosuficientes. Los hombres se asustan de esta nueva mujer que apareció en los últimos 20 años. ¿Por qué van a buscar a una niña de 20, entre otras cosas? El hombre siempre se asusta frente a un par. Porque sabe que tiene que dar otras cosas. A esa altura de la vida las mujeres saben qué cosas quieren compartir. No sólo la cama, sino un buen concierto, una buena conversación, un viaje, un buen espectáculo.
¿Está diciendo que esas mujeres excitan menos?
No. Asustan más, que no es lo mismo. Pero cuando seducen, son más irresistibles.
¿El sexo es más importante para el varón o para la mujer?
En términos generales, para el hombre, que es penedependiente, y si la estrella no está presente, se acabó el show. Toda su virilidad la deposita en el pene. Y cuando eso falla, repercute en todos los ámbitos de su vida. Pierde la autoestima, se siente bajoneado, deprimido. "Ya no sirvo, ya no valgo, ya no me va a querer más", piensa. Las mujeres, en cambio, no le dan tanta importancia si es un suceso ocasional. Somos más táctiles. En resumen, lo que tenemos que tratar es que la vertiginosidad en que vivimos, la carga de problemas diarios que soportamos, no nos arrebate el deseo y el tiempo para un encuentro amoroso placentero







