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Lunes 14 de mayo de 2012

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Cuando las leyes sobreprotegen a los menores

Nuestro columnista reflexiona sobre la necesidad de que existan reglas específicas que se ocupen de la conducta de los jóvenes que cometen delitos

Por Osvaldo Cattone  |   Ver perfil

 
 

Comprendo que la adolescencia es una etapa de la vida en la que una persona no ha llegado a formarse. Pero también creo que a los 14 ó 15 años ya se sienten algunas cosas que nos acompañarán toda la vida: el amor, el sexo y un cierto sentido ético que nos impide realizar un acto innoble del que ya debiéramos tener plena conciencia.

Se sabe lo que es robar plata de la billetera a los padres para ir a una discoteca, tener antipatía por alguna persona o enamorarnos, aunque sea platónicamente. O sea, no terminamos de formarnos, ese es una largo camino que nos lleva casi toda la vida, pero ya conocemos la diferencia entre el bien y el mal. Sobre todo si hemos tenido la suerte de que nuestros padres nos aconsejaran lo mejor para nuestro futuro. Por lo tanto, un acto de vandalismo cometido por un menor de edad no siempre debe tener una disculpa que justifique la acción cometida por un ser irrazonable. Sólo porque la ley dice que no se es mayor de edad hasta que hayamos cumplido 18 años. O sea que si el error se comete a los 17 y medio, estamos todavía con el perdón de un código que califica de otra manera la atrocidad cometida. Como si ese medio año sirviese para calificar, de una forma distinta, una conducta que medio año después se codifica con otros términos.

Aquí, en Lima, acaba de ocurrir un episodio que me obliga a reflexionar sobre esta norma. Y los protagonistas del hecho son muchachos que conozco, porque viven en el mismo country que yo, y uno de ellos, hijo de una actriz amiga. Fueron en grupo a un cine y no paraban de hablar durante la película, de reírse en voz alta, y hasta de tirarles pochoclo a otros espectadores. Una mujer que estaba con su pareja les pidió que se calmaran para poder disfrutar la película. Lejos de calmarse, la bulla creció. Entonces la mujer se levantó, subió hacia la fila donde se encontraba la patota e increpó a uno de los muchachos que, en lugar de disculparse, le arrojó gaseosa a la cara. Al ver este atropello, el hombre le pegó una bofetada al muchacho. Se paró la proyección, y, aunque todo el público dio la razón a la pareja, hoy los dos están presos por agredir a un menor. Es más, algunos padres de los revoltosos iniciarán una acción legal exigiendo una reparación monetaria a ese matrimonio.

Creo que en el siglo xxi, tenemos que manejarnos con otros codigos. pienso que sera necesario un cambio en las leyes y sanciones que castiguen el delito juvenil

Pienso que una persona mayor no debe pegarle a un niño, pero entiendo también que un estado de saturación nos puede llevar a un grado de total enajenación. No debe ser agradable para un hombre ver cómo un mocoso irreverente le grita a su mujer "chola de m…" arrojándole bebida en la cabeza, insultando, poniendo como diferencia el hecho de ser un niño "bien", contra una mujer "de pueblo".

Han pasado por el barrio donde vivo con una lista de apoyo al menor que no firmé. Porque esos niños de 14 a 16 años sabían perfectamente que estaban molestando al resto del público, y si bien deploro que el pobre hombre haya perdido la cabeza, pero entiendo las razones por las que llegó a semejante pérdida de control.

Lima está dividida entre los que apoyan a la pareja y los que critican a los niños. Y lo que sale a la palestra es la condición de menores de edad que han sido agredidos por un adulto. O sea: el matrimonio que buscó en el periódico la película que los entretuviese enfrenta ahora un escándalo mediático y una acción legal que les costará un dinero que no tienen, pues es gente modesta, aparte de verse constantemente acosados por la prensa, ya que la madre actriz del agresor hará todo lo posible por salir en los medios. Mientras tanto, y no sólo en el cine, las pandillas de delincuentes juveniles crecen a diario, y un chico drogado que salió con el auto de su padre y mató una niña de cuatro años no sufrirá ninguna condena. Sé que algunos países están revisando estos casos. Creo que en el siglo XXI, tenemos que manejarnos con otros códigos. Pienso que será necesario un cambio en las leyes y sanciones que castiguen el delito juvenil. Y los padres sobreprotectores sigan diciendo: "Son cosas de chicos"..

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