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Por Maju Lozano | Ver perfil
Como ya empezaron las clases, me dispuse a visitar a una amiga, calculando que Marian estaría un poco más aliviada que en las vacaciones y que, por fin, podríamos tomar esos mates que nos debíamos desde hacía tanto tiempo. ¡Qué equivocada estaba! Llegué a su casa y, sin decir "hola", me encontré no sé cómo pegando los nombres de sus pequeñuelos en los lápices, los sacapuntas, las cartucheras, las fibras, las camperas de gimnasia, las remeras del uniforme, los sweaters y hasta en las medias. "¡Guau!", dije cuando me pasó las medias. "¿A esto también?", repliqué sorprendida. "Sí, sí", me contestó con una naturalidad que me espantó. "¿Por qué?", respondí. "Simple: porque, a veces, cuando salen del colegio, se van a la casa de algún amigo, les da calor, se sacan las medias y las pierden, o lo que es peor, la madre de su amiguito te manda unas viejas y dice que son las de él. Ya me pasó más de una vez y las medias del uniforme son carísimas, así que, a partir de ese día, todo con nombre, hasta los calzones", me explicó.
"¡Ups! Contrabando de medias en casa de amigos, ¡qué tal!", pensé. Cabe aclarar que cuando terminé de coserles las iniciales a las medias, me tocaron los calzoncillos, era verdad, ¡hasta la ropa interior llevaba el nombre! Terminado este temita, me pidió que borrara todo lo escrito en los libros de inglés y en los demás del año pasado, eso incluye anotaciones en los costados, corazoncitos por todos lados, teléfonos, frases y caritas a granel. "¡Guau!", digo de nuevo cuando me pasa el pilón de libros. "¿Todo hay que borrar?", pregunté. "Sí, sí, todo, y cuando terminemos, porfa, me acompañás al shopping de Tortugas, que es en el único lugar donde tienen el último ejemplar del libro de inglés que le pidieron a Toto, y el de la hermana no sirve". Cabe aclarar que estamos a una hora y pico de ese famoso mall. Suspiro resignada y sigo poniéndoles iniciales a los calzones. "Ah –agrega Marian–, y de paso, cuando volvamos, recordame que tengo que comprar un cuaderno cuadriculado, sobres de papel madera, hojas, biromes de colores, un mapa de Brasil número 5, un mapa de Europa, un cuaderno rojo (que parece que es reimportante porque ahí las maestras buchonean el comportamiento: este comentario corre por mi cuenta), lápiz HB, bloc de hojas de color y anotadores…". La interrumpí y grité: "Paraaá, no sigas. Después terminamos la lista de materiales, que es más larga que la de invitados a tu casamiento".
Mientras nos reíamos, veo que la cara de Marian se transformaba mientras leía un e-mail. "Pero por qué cuernos usan la cadena de mails de padres para vender autos y por qué tengo que soportar que en esas mismas cadenas cada uno saque los trapitos al sol de las deudas de regalos de cumpleaños, por qué me tengo que enterar de que la madre de Josecito sólo puso la mitad de la plata del regalo porque la otra parte le toca al padre, que están separados y un tal Martincito se quedó sin regalo…", se quejaba mi amiga en voz alta. Juro que no exagero, el correo decía cosas tremendas que prefiero no reproducir. Inocentemente, le pregunté qué eran esas cadenas y me enteré de que todos los padres se comunican por medio de mails, además de grupos de Facebook, pero que no sólo se cuentan las actividades de los niños, los cumpleaños, los días del maestro, los campamentos y otras actividades extraescolares, sino que más de uno se pasa factura y cada tanto aprovechan para vender autos, compus y otros menesteres.
Como queriendo cambiar de tema le dije: "¡Qué lindo, Cami empieza primer grado!". Y ella me contestó: "Ni me hables, que me tengo que hacer amiga de todas las madres porque no conozco a ninguna y hacerme la simpática en la puerta porque les voy a tener que ver la cara todo el año".
"Uffff –pienso–, y yo que creí que el comienzo de clases iba a encontrar a mi amiga más aliviada". Cuando terminamos ese día agotador, volví a casa y abracé fuerte, fuerte a mi pequeño y celebré sus ocho meses de edad. Tengo que aprovechar a descansar porque en unos añitos, mamita, la que me espera.






