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Miércoles 04 de abril de 2012

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Diario de viaje: Susana en París

Un recorrido imperdible por los barrios más emblemáticos de la Ciudad Luz

Por Susana Giménez  |   Ver perfil

 
 

 
Foto: Archivo  / Christian Fournier y getty images latam
Todo, todo, todo en esta ciudad parece existir solo paraque uno pueda admirarlo y disfrutarlo. Tuve suerte y lleguécuando el frío ya no era tan fuerte como a principios defebrero. Al entrar en el Ritz (mi hotel favorito), me enteréde que están a punto de cerrarlo por dos años para hacerle algunasrefacciones, así que me alegré de estar ahí para despedirme. Deshicelas valijas, me comuniqué con la profesora de francés que me enviaronde la universidad de la Sorbona, que como estaba cerrada porvacaciones, me ofreció tomar clases particulares. ¡Desempolvar mipronunciación y mejorar mi vocabulario era uno de mis primerosobjetivos en este viaje! Así comenzaron mis pequeñas vacaciones enuna de las ciudades que más me gustan del mundo.

Barrio Le Sentier-montorgueil

Fue históricamente una zona de frontera y como todo suburbio siempreestuvo habitado por contrabandistas, viajantes y mendigos. Loque entonces se llamó la Corte de los Milagros. Allí funcionó el mercadoLes Halles, el centro comercial de la ciudad antigua donde seconcentraba la venta de toda clase de frutos, carnes y pescados paraabastecer a la población. Con los años, este mercado se tiró abajo porqueera completamente insalubre.En las últimas tres décadas, adquirió una nueva fisonomía gracias ala construcción del Centro Pompidou (Museo de Arte Moderno),lo que atrajo a jóvenes estudiantes y artistas alternativos a vivir en lazona. Sin embargo, su espíritu original está intacto y se respira en losmercados, bares y pâtisseries que dan vida a sus calles peatonales. Sustiendas de moda son de vanguardia y tienen diseños fabulosos. Lagente por la calle se viste cancherísima. Es muy agradable el contrasteentre lo nuevo y lo antiguo de esa parte de la ciudad. Por la noche,la gente va pasando de bar en bar y sus calles peatonales se llenan dejóvenes que charlan y se conocen. París tiene veinte barrios, este es elnúmero dos. Es el más pequeño.

 
Foto: Archivo  / Christian Fournier y getty images latam



Una patisserie legendaria

Uno de los lugares más visitados del barrio Le Sentier-Montorgueil es la pâtisserie Stohrer, una de las más antiguas de París. Cuenta en suplaca que en 1725, en ocasión de su casamiento con Luis XV, MaríaLeczynska llegó a París llevando entre los miembros de su Corte aMonsieur Stohrer, pastelero y panadero de su padre, el rey Estanislaode Polonia. Cinco años más tarde, el ilustre pastelero dejó la cortede Versailles para instalarse en la Rue Montorgueil. Allí abrió unapâtisserie, cuya especialidad son los babas y los puits d'amour (pozos deamor). Hasta los tiempos de la Revolución francesa, fue la única proveedorade pasteles y dulces de la Corte.

 
"Los puestos de flores son un espectáculo en sí mismos, igual que las librerías, me podría pasar horas recorriéndolas".  Foto: Archivo  / Christian Fournier y getty images latam




Las Tullerias y el palais royal

Los jardines de las Tullerías fueron trazados en 1564 siguiendo elestilo italiano para servir de complemento al palacio que se hizoconstruir Catalina de Médici, en el que ofrecía todos sus bailes yconciertos. Si son fanáticos de Woody Allen y les gustó Medianocheen París, en los jardines del Palais Royal queda Le Grand Véfour, unode los restaurantes donde rodaron algunas escenas de la película. Esun poco caro y muy difícil conseguir lugar sin reserva, pero se puedepasar a visitar, vale la pena.

 
"Montmartre es un lugar mágico para recorrer con tiempo. La basílica, la plaza, los pintores... uno se siente parte de una película".  Foto: Archivo  / Christian Fournier y getty images latam




Montmartre

La tradición cuenta que en el año 250 después de Cristo, luego deser decapitado por los romanos en Montmartre, Saint-Denis bajó elmonte con la cabeza en la mano caminando hasta llegar a lo que hoyes la basílica de Saint-Denis , necrópolis de los reyes de Francia.Durante siglos, Montmartre estuvo fuera de los límites de París. Suparte más alta se caracterizó por los molinos de viento construidospara triturar los cereales que se cosechaban en la zona. De ahí lafamosa marquesina del Moulin Rouge , el mítico espectáculo de variedadesque dio lugar a la película de Nicole Kidman. Hacía muchoque no iba a ver ese espectáculo, pero en esta oportunidad fui porqueel vestuario de esta temporada fue diseñado por Jean Paul Gaultier,uno de los más grandes creadores de la moda de Francia, y me intrigabaverlo. Es fabuloso el despliegue de colores, plumas y génerossobre el escenario, altamente recomendable, pero lleguen tempranoy traten de sentarse en el tramo más elevado. La comida no es buena,vayan a la segunda función que es sólo con un trago.La iglesia más antigua de Montmartre se llama Iglesia de San Pedro,tiene ocho siglos y es donde a Saint-Denis le cortaron la cabeza, estáa la vuelta del Sacré Coeur, se remonta a la Edad Media y es tambiéndonde San Ignacio de Loyola –en aquella época estudiante de la famosauniversidad de la Sorbona de París–, junto con otros compañeros,creó la Orden de los jesuitas.La Basílica del Sacré Coeur se empezó a construir recién en 1870 ydesde entonces se reza en su cripta las veinticuatro horas en plegariacontinua. ¡Cientos de años de adoración perpetua! Realmente impresionante.Es un espectáculo imponente observarla desde abajo de lacolina. Puede ser un poco agotador subir las escaleras para alcanzarla,pero no dejen de hacerlo, porque es una de las iglesias más lindasque tiene París.Montmartre ha sido cuna de muchísimos artistas y pintores de finesdel siglo XIX, como Pablo Picasso o Georges Braque, varios de ellossobrevivieron a la pobreza pintando retratos en la Place du Tertre ydibujando afiches y marquesinas de cabarets de la época, como es elcaso de Toulouse-Lautrec y sus famosos dibujos del Moulin Rouge.Aún hoy, en esa misma plaza que queda detrás de la basílica, se encuentranartistas que ofrecen sus pinturas y retratos a los turistas.Nunca falta algún músico callejero que acompañe con sus melodías.Sentarse en uno de los cafecitos a tomar algo cuando cae la tarde escasi mágico.Muchos tangos argentinos de las décadas del 20 y del 30, como MadameIvonne, de Cadícamo y Pereyra, fueron escritos e inspirados enMontmartre. También dicen que fue allí donde Gardel cantó porprimera vez en París en 1928.

 
Foto: Archivo  / Christian Fournier y getty images latam




Saint Germain des Pres

Es uno de los barrios más elegantes del centro de la ciudad. A mí meencanta ir al Café de Flore, el preferido de varios escritores célebresparisinos como Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir. Pidan unabaguette de jamón, ¡son especialmente ricas! Cruzando la calle, no dejen de visitar una de las iglesias más antiguasde París, la abadía benedictina de Saint Germain des Prés , allí fueenterrado Descartes.También en esa zona queda el restaurante La Société Faubourg. Espara tenerlo en cuenta, se come bien y tiene lindo ambiente, aunquepara mi gusto le falta un poco de luz. Es uno de los lugares de moda.

Video: Susana de viaje en París

Los mercados

Montañas de frutas y vegetales, cientos de quesos, diversas especiesde pescados y hierbas aromáticas exhibidos como si fueran cuadros.Los mercados y las florerías son parte de la belleza callejera de París.Así como las librerías, los cafés y los negocios de pinturas y antigüedades.Uno de mis programas favoritos es visitar los mercados de la Rue des Rosiers ; también el de pulgas de Saint Ouen y el de Vanves,en el perímetro de la ciudad. Un buen programa de domingo parasalir con tiempo, son extensos y cierran a las cinco de la tarde.

Barrio Latino

Este barrio fue y es el reino indiscutido de los estudiantes. Recibió sunombre de la universidad de la Sorbona, la más prestigiosa de Franciaporque en ella se habló latín hasta el siglo XVIII. La principal atraccióndel barrio es el Panteón que alberga los féretros de 65 personalidadesde la historia de Francia, entre ellos, Voltaire, Rousseau, VictorHugo y Madame Curie. No lejos de allí se puede visitar el palacio ylos jardines de Luxemburgo. Ambos imperdibles.

 
"Place Vendôme es el emblema de la elegancia parisina, allí están las mejores joyerías de París".  Foto: Archivo  / Christian Fournier y getty images latam

Ile de Saint Louise

Es la más pequeña y tranquila de las dos islas, su calle principal es la rue Saint Louis y se extiende de extremo a extremo de la isla.Tiene tiendas, florerías y restaurantes que les encantará recorrer. Recomiendo,especialmente, los helados de la isla, célebres en todo elmundo. Es una zona residencial exclusiva y en el norte se puedeapreciar una de las vistas más lindas de la ciudad.


Los puentes

Son 35 y atraviesan el Sena a lo largo de 13 kilómetros, por lo queforman parte importante del paisaje de la ciudad. El más antiguo es el Pont Neuf, construido en el siglo XV. Si viajan con un amor, hay quebesarse en cualquiera de ellos, como Harrison Ford y Julia Ormond enSabrina, o Diane Keaton y Jack Nicholson en "Alguien tiene que ceder", una de las librerias clasicas de paris.

 
Foto: Archivo  / Christian Fournier y getty images latam




Saint Honore

Por la ventana de mi cuarto, Napoleón me hacía compañía desde lo alto de la Place Vendôme, emblema de la elegancia parisina. La mismaque fue testigo de las últimas horas de Frédéric Chopin, de CocoChanel y de Lady Di, que tuvo su última cena en el restaurante delRitz, hotel que aún hoy pertenece a la familia de su novio, Dodi Al-Fayed, quien también perdió la vida en aquel trágico accidente.Durante mi estadía tuve el enorme privilegio de ser invitada por lacasa Chanel a visitar el departamento donde vivió Coco, en el número31 de la Rue Cambon, al lado de los talleres de la marca.Exactamente a la vuelta de mi hotel, donde hoy hay unahabitación que lleva su nombre.No les puedo contar mi emoción, el piso está puesto contodo lo que a mí me vuelve loca, muebles de firma y deestilo, obras de arte, ambientes exquisitamente decoradosy ¡pensar que allí vivió ella! La mujer que más influyóen la moda del mundo entero. Me la imaginaba en laintimidad, en el living, donde ella recibía, con esa bibliotecafabulosa. Las espigas, símbolo de prosperidad, eransu objeto fetiche y están presentes en distintos detallesde sus muebles, así como también en un cuadro lindísimode no más de 40 centímetros que pintó para ellaSalvador Dalí, con fondo negro y una espiga doradaen el medio. Este y el busto de mármol que le regalóIgor Stravinsky eran dos de sus objetos más preciados.Fue realmente emocionante.

Le Marais

Originalmente, fue un inmenso pantano en la orilla derechadel Sena. Los primeros en establecerse en el siglo XII fueron los monjes, pero el auge de este barrio comenzó con la construcción de la Place des Vosges , una arquitectura muy bonita y atípica de edificios con techos de pizarra, todos deuna misma fachada, donde vivió Victor Hugo.Hoy, tiene una población animada que comprende la coloniajudía y más recientemente la comunidad gay. Ideal parapasar un rato en la plaza y respirar el clima de la ciudad.Hasta aquí mi diario de viaje que estoy feliz de compartircon ustedes, espero que lo disfruten.


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