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Martes 06 de marzo de 2012

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Amamos ser imperfectas

El 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer; un homenaje para todas las madres, amas de casa y trabajadoras incansables que todos los días buscan superarse

Por Maju Lozano  |   Ver perfil

 
 

La cara de Eva Longoria, la espalda de Valeria Mazza, los abdominales de Jéssica Cirio, la piernas de Dolores Barreiro, el andar elegante de Mariana Arias, la sonrisa de Julia Roberts, la sensualidad de Marilyn Monroe, la locura de Nini Marshall, la cálida voz de Mercedes Sosa, el desparpajo de "la Su", el talento de Meryl Streep, la mano suave de mi madre, la sabiduría de mi abuela Matilde, la inteligencia emocional de la Madre Teresa... Creo que una mezcla de todas, un poco de aquí y de allá, o algo parecido, resume para mí a la mujer perfecta. Casi como armando un rompecabezas, me atrevo a soñar con ese ideal, con lo supremo, buscando y escarbando en lo profundo de mi ser.

Mientras esto se viene a mi cabeza, hamaco con un pie a mi hijo que está en su cochecito, preparo la mamadera, espero a que se derrita la cera para depilarme y pienso que debo comprarme ropa interior nueva porque los elásticos de todas mis bombachas están flojos, como mi trasero. También le mando texto a la niñera para que venga esta noche, a ver si de una vez por todas puedo salir a cenar con mi marido, los dos solos. En el ínterin, hablo con una amiga y trato de darle consejos para que no se separe y tenga paciencia; en eso paso por la ventana que da a la calle y veo a una madre luchando con una mano para que su niño no se le piante del cochecito, mientras con la otra sostiene a su niña pequeñita que llora con un desconsuelo inconsolable porque tal vez no le quisieron comprar un helado, y suena la chicharra del microondas que me avisa que la carne está descongelada. De fondo suena Sabina: "Yo no quiero un amor civilizado, con recibos y escena del sofá; yo no quiero que viajes al pasado y vuelvas del mercado con ganas de llorar… lo que yo quiero muchacha de ojos tristes es que mueras por mí…". Y me interrumpe el llanto de mi hijo que reclama su mamadera y la cera que se rebalsa y se moja en el baño María y puteo porque mojada ya no sirve. La señora que me ayuda en casa me explica en un mensaje de texto que su angina no sede y que no vendrá a casa esta semana. Mientras le doy de comer a mi hijo pienso que debería ponerme a la noche el enterito negro que me disimula la panza que me ha dejado el embarazo y me hace sentir sexy, tal vez un poco más cerca de aquella mujer que fui antes de parir. Mientras arrullo a mi pequeñito y lo preparo para su siesta, con la mano libre que me queda contesto un mensaje de texto al invitado que viene a mi programa de tele ese día. Acuesto a mi bebé en su cuna y corro al balcón para sentarme a fumar el puchito diario permitido y logro relajarme un poco.

Entonces pienso si estoy haciendo bien las cosas, y Sabina de fondo sigue con su: "Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren…". Y reflexiono si me he convertido en la mujer que soñé o simplemente soy aquella que la vida me ha permitido ser. Corro a bañarme aprovechando que mi niño duerme y mientras huyo desnuda hacia el baño, paso por el maldito y enorme espejo de mi habitación y veo que no tengo las piernas de Dolores Barreiro, sino más bien las piernas chuecas de Diego Torres; que mis abdominales lejos están de ser los de Jéssica Cirio; que mi andar está más cerca de un pato rengo que al de Mariana Arias; que mi sensualidad es más parecida a la de Marilyn Manson que a la de Monroe; que lo más cerca que estuve de ser la Madre Teresa fue ir algún día a misa; y que ni viviendo tres vidas lograré la sabiduría de mi abuela Matilde… Y me pregunto: ¿dónde estará en mí esa mujer perfecta que soñé ser? Me pongo a reír. Río a carcajadas de mi estupidez y dejo que el agua corra por mi cuerpo, lave mi alma y la libere de culpa y cargo..

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