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Jueves 26 de enero de 2012

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Chau vacaciones

Nuestra columnista y una inoportuna visita que deja al descubierto un problema que se repite en miles de casas: los chicos que se llevan materias a marzo y sus familias

Por Maju Lozano  |   Ver perfil

 
 

Como para distraerme un rato y hacer que las tardes de verano pasen más rápido, decidí –ahora creo que erróneamente– pasar por la casa de una amiga a ver cómo estaba, ya que por algún extraño motivo todavía no se había ido de vacaciones y me resultaba raro. A los diez minutos de llegar, cuando estaba por saborear el tercer mate, escuché un diálogo entre ella y su hijo mayor, que más tarde sería la respuesta a mi pregunta acerca de por qué todavía no estaba en la playa.

—¡Maaaaaa!, me aburro —dice el preadolescente.

—Andá a estudiar —le responde ella con firmeza.

No quiero meterme. Entonces, observo el diálogo como si fuera un partido de tenis. Jamás pensé que ante un "ma, me aburro", la respuesta a la diversión sería un "andá a estudiar", pero bueno, todo ha cambiado tanto. El niño vuelve a la carga: "Me aburro, dale". Y ella le contesta lo mismo pero un poco más fuerte: "¡Andá a estudiar!". La "r" suena con gran énfasis; temo que estallen los vidrios, pero sigo tomando mate como si nada.

—Ya estudiéeeeeeeee —insiste.

No sé por qué, pero por alguna extraña razón en esta familia estiran la última letra de la última palabraaaaaaaaaaa.

—¡Lo mismo dijiste todo el año! Andá a estudiar y listo —le responde mi amiga con un tono seco.

—Es que me aburrooooooooo.

—Yo también me aburro acá encerrada y no te digo nada. Te sentás y estudiás.

—Te juro que ya estudié, maaaaaaaaa. Dale, media hora de Play y nada más.

—Si la Play tiene un jueguito que es de matemática, de historia y de química, andá y jugá; si no, vas a estudiar.

A veces, me escucho y escucho a mis amigas decir frases de nuestras madres que en algún momento de nuestra adorada juventud juramos no repetir, pero es inevitable.

—Andá a estudiar, porque yo ya terminé el secundario.

¡Ups!, lo dijo, ahora seguro que le dice que esta casa no es una pensión y grito ¡bingo!

—Dale, maaaaaa —dijo una y otra vez.

Me sorprende la insistencia.

Este niño tiene un gran futuro de rompepaciencia.

Y vuelve a la carga:

—Dale, maaaaa.

Una vez más que lo escuche decir "dale" en forma estirada y soy yo la que le voy a decir un par de frases de madre.

—Maaaaaaaaa —continúa, testarudo.

—Estoy sorda. Chau, no te escucho.

Temo que pase lo peor, pero de manera mágica él se retira pateando suavemente el aire, miro a mi amiga casi como felicitándola por la batalla ganada y por sólo haber dicho muy pocas palabras de madre, hasta que escucho:

—Y más te vale que estés estudiando. No me hagas levantar y verte paveando.

Entonces, guardé mis felicitaciones para otra ocasión.

Ahora creo saber por qué mi amiga y su familia no se habían ido de vacaciones. Ella me cuenta apenada, obvio, que no sabe qué hacer, que todavía no se van a ir de vacaciones porque el más grande de sus tres varones se llevó dos materias a marzo, y la gran duda es si se van ella y el marido con los otros hijos y lo dejan a él estudiando en lo de la abuela; o si se quedan todos y listo; o si se van todos de vacaciones y ella se toma el trabajo de sentarlo a estudiar todos los días al volver de la playa. A la vez, dice que no sabe si se lo merece y que tampoco es justo que toda la familia se quede sin vacaciones por culpa de uno solo, pero que si se quedan es una forma de que entienda que su irresponsabilidad los perjudica a todos. Cabe destacar que el hijo de mi amiga todos los años se lleva materias, ¡se ve que le gusta el tema de la tortura veraniega!

¡Uffff!, suspiro sin saber qué decirle. Sin saber qué es lo correcto: ¿quedarse todos?, ¿viajar todos igual y que él estudie allá?, ¿dejarlo solo en Buenos Aires con los abuelos y la maestra particular? Difícil y personal decisión. Yo no soy ejemplo de nada porque no me llevaba materias, no porque fuera superinteligente, sino porque en una charla con mi madre comprendí que no era negocio pasarme el verano estudiando… Pero bueno, la adolescencia es tan compleja.

No bien termino de hacer mi reflexión escucho nuevamente:

—Maaaaaaaaaaaaaaaaaa, ya terminé. ¿Puedo? ¿Puedo? Estoy aburrido..

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